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Coimbra es una ciudad en
la que merece la pena detenerse para descubrir sus múltiples
atractivos históricos que se levantaron a raíz de ser la
primera capital del país, así como por tener la primera
institución universitaria lusa, cuya andadura comenzó en 1290.
Sobresale su barrio antiguo, de calles empedradas, que se
encarama sobre una colina que acaricia el río Mondego. Una
ciudad cuya piel la componen piedras viejas que se alimentan de
la juventud y vitalidad de los miles de universitarios que,
sorprendentemente, aún mantienen costumbres centenarias.
No por tener un cierto aire
provinciano, Coimbra no deja de ser una ciudad importantísima
en la historia de Portugal. Destacan los asentamientos de los
romanos y el honor de ser la primera capital del país, título
que ostentó entre los siglos XII y XVIII, pasando
posteriormente la titularidad a Lisboa. Estas épocas doradas
dejaron una profunda huella entre sus calles.
Coimbra es la tercera ciudad
del país, tras Lisboa, la capital, y Oporto. A pesar de ser la
tercera en discordia, su tamaño es considerablemente menor que
sus predecesoras. Ordenada en un casco urbano manejable,
habitado por menos de cien mil personas, para el viajero el
entorno se puede saborear en un par de días.
El casco antiguo, henchido
de palacios, capillas e iglesias, se distribuye en una colina en
cuya cumbre están las dependencias universitarias históricas,
una de las visitas inevitables de la ciudad. La Universidad
marca el ritmo de las pétreas arterias de la ciudad, una
institución que se fundó en Coimbra en 1290 y que ha
convertido a esta urbe en un centro internacional de la
sabiduría. Una academia de las letras y las ciencias que ha
marcado el prestigio de la urbe, cuya fama universitaria se
extendió por todo el viejo continente.
Al igual que sus dos
hermanas mayores de Lisboa y Oporto, cuyas urbes las divide el
Tajo y el Duero, su centro urbano está fraccionado por un
torrente, el río Mondego, que, además, goza del privilegio de
ser el de mayor caudal que nace y muere únicamente en
territorio portugués. En un pequeño muelle se puede coger un
barco que realiza recorridos turísticos de aproximadamente una
hora. Una ruta que permite conocer otra perspectiva visual del
entorno y que supone un agradable paseo fluvial por estas
tranquilas aguas.
Como todas las ciudades,
Coimbra tiene un perfil, una cara femenina. En este caso el de
una elevada colina, que asciende con la inagotable rozadura de
edificios y su parte más baja la humedece el Mondego. Dicho
altozano lo corona una alargada torre barroca, en la que resalta
un enorme reloj, cuyas campanadas horarias marcan el ritmo de la
ciudad y de la llegada o salida de las aulas.
Uno de los lugares donde
gozar de la mejor vista de esta silueta, que dibuja la zona
histórica, es desde la parte baja de la ciudad, en el puente de
Santa Clara. Desde su barandilla, se vislumbra el contorno de la
colina transformada por las casas y edificios, un vetusto barrio
que escalona vertiginosamente hasta la cumbre.
Subida al
patio de la Universidad
Para alcanzar esta cima
tienes dos posibilidades. La más recomendable, y casi
obligatoria para el buen viajero, es subir a pie por las
estrechas y empinadísimas callejuelas, ya que al paso irás
descubriendo los recovecos y ángulos más antiguos de esta
ciudad plagada de historia, así como los detalles de sus
fachadas recubiertas de azulejos.
Otra opción es acceder a la
cumbre de la ciudad en autobús urbano, algunos de ellos
trolebuses, que como sabrás son curiosos autocares que se
mueven con la energía eléctrica que les proporciona un
cableado que discurre por el recorrido, similar a los tranvías
pero sin raíles. Un transporte pintoresco y único en la
península Ibérica, pionero del ecologismo y que evita la
contaminación ambiental y acústica.
No te lo pienses y sube a
pie, te lo recomendamos. Tu recorrido empezaría en la plaza de Largo
de Portagem, junto a la zona comprendida entre el río,
puente de Santa Clara y la oficina de Turismo. Puedes entrar en
esta dependencia antes de empezar tu recorrido. A escasos metros
hay que entrar en la calle comercial de Ferreira Borges, un
lugar donde abundan las pastelerías y los cafés, y donde
podrás degustar los famosos dulces de Santa Clara.
A la derecha de esta calle,
pronto aparece el Arco de Almedina, un resto de la antigua
muralla medieval, donde hay que torcer para subir a la zona
vieja. Aquí, con las primeras empinadas escaleras, empieza la
verdadera escalada a la cumbre de la cima. Poco después aparece
una enderezadísima calle conocida como Quebra Costas,
(rompe costillas en castellano), que fatigará tus piernas, pero
merece la pena sortear esta cuesta de escaleras para llegar a
las inmediaciones de los principales monumentos de la urbe. El
nombre de “rompe costillas”, aunque exagerado, simboliza su
desnivelado nivel, que seguro que te producirá algún que otro
jadeo.
Paso a paso, se llega hasta
la llamada Sé Velha, la Catedral Vieja, que recuerda
algo al monumento del mismo nombre de Lisboa. Construida en el
siglo XII, se caracteriza por un estilo románico que asemeja
una fortaleza por sus almenas, ya que los portugueses
amurallaban sus monumentos para protegerlos de los ataques
árabes. La visita a este antiguo templo religioso impregna de
historia contemplando túmulos, capillas o azulejos, pero no te
olvides de entrar en su claustro de estilo gótico, previo pago
de una pequeña cantidad, por aquello de contribuir a su
mantenimiento.
Museo
Machado y descenso a los pilares romanos
Una calle más arriba está
el museo Machado de Castro, situado en una bella residencia
episcopal, muy próxima a plaza donde se levanta la Sé Nova,
una catedral de estilo barroco más moderna que la Sé Velha,
que también reclama una visita.
Dentro del museo Machado se
exponen diversos tesoros barrocos, flamencos o renacentistas,
recibiendo al viajero con un gran carruaje antiguo en la
antesala. Aunque no pienses entrar al museo, también puedes
pasar al patio central al aire libre que precede a la entrada
principal. Allí, desde un mirador, se goza de una buena
perspectiva del enjambre de casas viejas que componen el barrio
histórico, mientras un pasadizo semicubierto, que comunica
edificios, adornado con pilares y arcos que llaman la atención
por su valor arquitectónico.
En los sótanos de este
museo se conserva de manera impecable un criptopórtico romano
del siglo I. ¿Qué es un criptopórtico? Eran los graneros
subterráneos y pilares del forum o plaza pública. Se
descienden unos metros bajo tierra para admirar unos pasadizos
de piedra que se conservan en impecable estado de conservación,
y que se dice que son de las más impresionantes en su género
de toda Europa.
Entre los apagados túneles
de este criptopórtico, donde se respira un fresco ambiente como
el de unas bodegas de vino, también se exponen entre los
túneles piezas sueltas de la época romana, como esculturas o
grabados en piedra.
¡Increíble pero cierto! Al
contrario que en casi todos los museos del país, no se cobra
por entrar en este lugar, que personalmente me pareció un
monumento romano muy destacado y que destaca sobre todo por
conservarse en impecable estado de conservación, por momentos
parece recién construido.
Llegada al paraninfo de la
sabiduría
Muy cerca de este museo,
tras una corta cuesta, queda el Patio de la Universidad. Una
plaza en la que se sitúan los monumentos históricos de esta
institución y que es la visita inevitable en Coimbra, lugar de
encuentro de los foráneos en el que se mezclan turistas de todo
el mundo.
Antes de acceder a esta
plaza, rodeada por la arquitectura histórica de la Universidad,
se produce un brutal contraste, provocado por la discordante
convivencia de estas piedras seculares con las modernas
facultades levantadas en los años 40 del siglo XX, durante el
Gobierno de Salazar. Este dictador Portugués no tuvo reparos en
destruir parte de la zona vieja para levantar estos edificios.
Una paradoja: Salazar estudió en derecho en Coimbra, el propio
universitario destruyó parte de la invalorable zona vieja de la
ciudad en la que pasó su mejor juventud.
La arquitectura de estas
nuevas facultades se inspira en la estética del fascismo
europeo del siglo XX, sobre todo por la gran cantidad de
estatuas que aparecen por todos los rincones y en las
escalinatas principales de los edificios, que guardan similitud
con la estética nazi y las famosas olimpiadas de Berlín de
1936.
El acceso al conocido Patio
de la Facultad se hace por una única puerta, la famosa Porta
Férrea. Construida en 1633, y ornamentada en un estilo
renacentista, tras su paso se accede a la gran plaza en la que
abundan edificios monumentales: colegios históricos, capillas,
museos o la facultad de derecho. Por fin, el viajero llega hasta
la famosa torre de la Universidad, cuyas manecillas ha visto por
todos los recovecos de Coimbra, y que se conoce popularmente
como ”cabra”. Sus campanadas horarias marcan las entradas a
las cercanas aulas. Diseñada en estilo barroco, es el emblema
de la ciudad y supone el punto más alto del barrio antiguo.
Biblioteca
del saber antiguo
Las dependencias
universitarias, convertidas en un museo para viajeros y
curiosos, se pueden visitar, pero pasando antes por el pago en
taquilla. Quizá, un recorrido por todas las instalaciones puede
llevar mucho tiempo, por lo que la mayoría de los visitantes
optan por una visita más corta y, por tanto, más barata: la de
la prestigiosa y artística Biblioteca Joanina.
Este guardián de la
sabiduría escrita resguarda más de 300.000 libros antiguos,
escritos en varios idiomas, incluido el castellano antiguo,
cuyas centenarias hojas solamente las pueden consultar
reconocidos investigadores.
Se programan visitas cortas,
de apenas 10 minutos, en grupos reducidos de gente, y hay que ir
a una taquilla para pagar 2, 50 euros por la entrada, dando una
cita a una hora determinada. Si hay saturación, que normalmente
la hay, igual te dan acceso para unas horas después, por lo que
te recomendamos que vayas a primeras horas.
Una vez en el interior de
esta histórica biblioteca, que se construyó en 1724, podrás
admirar una auténtica joya arquitectónica. Un conjunto
monumental que supera el concepto de simple rinconera de libros,
para convertirse en un artístico templo de la cultura.
Ornamentada con tallas, frescos, pinturas y muebles antiguos, en
sus tres amplios salones se apiñan de manera increíble esta
abundancia de libros antiguos en robustas estanterías,
fabricadas con maderas exóticas de las colonias portuguesas.
Si optas por no entrar en
las viejas dependencias universitarias, también se pueden dejar
pasar los minutos contemplando las antiguas fachadas
arquitectónicas de estas monumentales construcciones en la gran
plaza. En las escalinatas, se sientan los turistas para
descansar de las cuestas, mientras contemplan con curiosidad a
los estudiantes vestidos con sus capas tradicionales. Los
universitarios venden postales a los visitantes para sufragar
sus fiestas juveniles y el acto de licenciatura. En tu paseo por
la ciudad no será difícil ver a grupos de estudiantes con
estas capas, con motivo de alguna celebración o por el afán de
mantener el clasicismo de esta institución.
Ambiente
universitario de otros tiempos
Coimbra y los jóvenes
estudiantes forman un binomio inseparable. Con todo ser una
ciudad antigua e histórica, plagada de edificios vetustos y
artísticos, los estudiantes impregnan un aire nuevo a estas
viejas calles cansinas del tiempo.
Una de las costumbres
arraigadas entre los estudiantes es la creación de las “Repúblicas”,
que no dejan de ser unos locales de estudiantes, un centro
común para reunirse en estos pisos privados o locales donde
organizar fiestas, actividades políticas o culturales o, tan
sencillo como fomentar la amistad entre estudiantes de una misma
región portuguesa.
Aún siendo lugares
reservados, algunos viajeros intentan entrar en estas “Repúblicas”
para establecer lazos. Acceder a estos clubes no se puede
programar como la entrada a un museo, el permiso para conocer
estos locales dependerá de la buena disposición de ambas
partes.
Otra costumbre que marca la
tradición de la institución universitaria en Coimbra es la
fiesta de la Queima das Fitas. Una ceremonia estudiantil
colectiva, que se celebra en mayo, en la que los licenciados,
que visten sus mejores galas, queman sus cintas de color. Cada
carrera universitaria tiene asignada su propia tonalidad. El
fuego purifica todos los atrancos de la carrera y supone un
símbolo del fin de los estudios. Miles de estudiantes,
familiares o simplemente curiosos turistas, se congregan en el
día de su celebración.
De bajada de la Universidad,
Coimbra también tiene su zona comercial en la que pasear y
realizar compras. Un descanso para tomar café en sus
pastelerías, mientras se paladean los dulces de Santa Clara u
otras especialidades de la variada repostería portuguesa.
En tu ruta por la ciudad no
descuides visitar la bella iglesia de Santa Cruz, situada en la
plaza 8 de mayo, rodeada por cafeterías con terrazas llenas de
estudiantes tertulianos. El templo se remonta al siglo XII y su
fachada está rebozada con una llamativa portada renacentista
del siglo XVI. En su interior reposan los restos de algunos
reyes portugueses.
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