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Sumario

Introducción
Coimbra
Portugal en miniatura
El jardín de los amantes medievales
Las ruinas romanas más importantes del país
Jugoso lechón en Bairrada
El palacio del último rey luso
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Parada en el Centro de Portugal

Texto y Fotografías: José Luis Lago García

 
 Coimbra: La Ciudad de los Doctores
 
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© José Luis Lago

Coimbra es una ciudad en la que merece la pena detenerse para descubrir sus múltiples atractivos históricos que se levantaron a raíz de ser la primera capital del país, así como por tener la primera institución universitaria lusa, cuya andadura comenzó en 1290. Sobresale su barrio antiguo, de calles empedradas, que se encarama sobre una colina que acaricia el río Mondego. Una ciudad cuya piel la componen piedras viejas que se alimentan de la juventud y vitalidad de los miles de universitarios que, sorprendentemente, aún mantienen costumbres centenarias.

No por tener un cierto aire provinciano, Coimbra no deja de ser una ciudad importantísima en la historia de Portugal. Destacan los asentamientos de los romanos y el honor de ser la primera capital del país, título que ostentó entre los siglos XII y XVIII, pasando posteriormente la titularidad a Lisboa. Estas épocas doradas dejaron una profunda huella entre sus calles.

Coimbra es la tercera ciudad del país, tras Lisboa, la capital, y Oporto. A pesar de ser la tercera en discordia, su tamaño es considerablemente menor que sus predecesoras. Ordenada en un casco urbano manejable, habitado por menos de cien mil personas, para el viajero el entorno se puede saborear en un par de días.

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El casco antiguo, henchido de palacios, capillas e iglesias, se distribuye en una colina en cuya cumbre están las dependencias universitarias históricas, una de las visitas inevitables de la ciudad. La Universidad marca el ritmo de las pétreas arterias de la ciudad, una institución que se fundó en Coimbra en 1290 y que ha convertido a esta urbe en un centro internacional de la sabiduría. Una academia de las letras y las ciencias que ha marcado el prestigio de la urbe, cuya fama universitaria se extendió por todo el viejo continente.

Al igual que sus dos hermanas mayores de Lisboa y Oporto, cuyas urbes las divide el Tajo y el Duero, su centro urbano está fraccionado por un torrente, el río Mondego, que, además, goza del privilegio de ser el de mayor caudal que nace y muere únicamente en territorio portugués. En un pequeño muelle se puede coger un barco que realiza recorridos turísticos de aproximadamente una hora. Una ruta que permite conocer otra perspectiva visual del entorno y que supone un agradable paseo fluvial por estas tranquilas aguas.

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Como todas las ciudades, Coimbra tiene un perfil, una cara femenina. En este caso el de una elevada colina, que asciende con la inagotable rozadura de edificios y su parte más baja la humedece el Mondego. Dicho altozano lo corona una alargada torre barroca, en la que resalta un enorme reloj, cuyas campanadas horarias marcan el ritmo de la ciudad y de la llegada o salida de las aulas.

Uno de los lugares donde gozar de la mejor vista de esta silueta, que dibuja la zona histórica, es desde la parte baja de la ciudad, en el puente de Santa Clara. Desde su barandilla, se vislumbra el contorno de la colina transformada por las casas y edificios, un vetusto barrio que escalona vertiginosamente hasta la cumbre.

 

Subida al patio de la Universidad

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Para alcanzar esta cima tienes dos posibilidades. La más recomendable, y casi obligatoria para el buen viajero, es subir a pie por las estrechas y empinadísimas callejuelas, ya que al paso irás descubriendo los recovecos y ángulos más antiguos de esta ciudad plagada de historia, así como los detalles de sus fachadas recubiertas de azulejos.

Otra opción es acceder a la cumbre de la ciudad en autobús urbano, algunos de ellos trolebuses, que como sabrás son curiosos autocares que se mueven con la energía eléctrica que les proporciona un cableado que discurre por el recorrido, similar a los tranvías pero sin raíles. Un transporte pintoresco y único en la península Ibérica, pionero del ecologismo y que evita la contaminación ambiental y acústica.

No te lo pienses y sube a pie, te lo recomendamos. Tu recorrido empezaría en la plaza de Largo de Portagem, junto a la zona comprendida entre el río, puente de Santa Clara y la oficina de Turismo. Puedes entrar en esta dependencia antes de empezar tu recorrido. A escasos metros hay que entrar en la calle comercial de Ferreira Borges, un lugar donde abundan las pastelerías y los cafés, y donde podrás degustar los famosos dulces de Santa Clara.

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A la derecha de esta calle, pronto aparece el Arco de Almedina, un resto de la antigua muralla medieval, donde hay que torcer para subir a la zona vieja. Aquí, con las primeras empinadas escaleras, empieza la verdadera escalada a la cumbre de la cima. Poco después aparece una enderezadísima calle conocida como Quebra Costas, (rompe costillas en castellano), que fatigará tus piernas, pero merece la pena sortear esta cuesta de escaleras para llegar a las inmediaciones de los principales monumentos de la urbe. El nombre de “rompe costillas”, aunque exagerado, simboliza su desnivelado nivel, que seguro que te producirá algún que otro jadeo.

Paso a paso, se llega hasta la llamada Sé Velha, la Catedral Vieja, que recuerda algo al monumento del mismo nombre de Lisboa. Construida en el siglo XII, se caracteriza por un estilo románico que asemeja una fortaleza por sus almenas, ya que los portugueses amurallaban sus monumentos para protegerlos de los ataques árabes. La visita a este antiguo templo religioso impregna de historia contemplando túmulos, capillas o azulejos, pero no te olvides de entrar en su claustro de estilo gótico, previo pago de una pequeña cantidad, por aquello de contribuir a su mantenimiento.

Museo Machado y descenso a los pilares romanos

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Una calle más arriba está el museo Machado de Castro, situado en una bella residencia episcopal, muy próxima a plaza donde se levanta la Sé Nova, una catedral de estilo barroco más moderna que la Sé Velha, que también reclama una visita.

Dentro del museo Machado se exponen diversos tesoros barrocos, flamencos o renacentistas, recibiendo al viajero con un gran carruaje antiguo en la antesala. Aunque no pienses entrar al museo, también puedes pasar al patio central al aire libre que precede a la entrada principal. Allí, desde un mirador, se goza de una buena perspectiva del enjambre de casas viejas que componen el barrio histórico, mientras un pasadizo semicubierto, que comunica edificios, adornado con pilares y arcos que llaman la atención por su valor arquitectónico.

En los sótanos de este museo se conserva de manera impecable un criptopórtico romano del siglo I. ¿Qué es un criptopórtico? Eran los graneros subterráneos y pilares del forum o plaza pública. Se descienden unos metros bajo tierra para admirar unos pasadizos de piedra que se conservan en impecable estado de conservación, y que se dice que son de las más impresionantes en su género de toda Europa.

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© José Luis Lago

Entre los apagados túneles de este criptopórtico, donde se respira un fresco ambiente como el de unas bodegas de vino, también se exponen entre los túneles piezas sueltas de la época romana, como esculturas o grabados en piedra.

¡Increíble pero cierto! Al contrario que en casi todos los museos del país, no se cobra por entrar en este lugar, que personalmente me pareció un monumento romano muy destacado y que destaca sobre todo por conservarse en impecable estado de conservación, por momentos parece recién construido.

Llegada al paraninfo de la sabiduría

Muy cerca de este museo, tras una corta cuesta, queda el Patio de la Universidad. Una plaza en la que se sitúan los monumentos históricos de esta institución y que es la visita inevitable en Coimbra, lugar de encuentro de los foráneos en el que se mezclan turistas de todo el mundo.

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Antes de acceder a esta plaza, rodeada por la arquitectura histórica de la Universidad, se produce un brutal contraste, provocado por la discordante convivencia de estas piedras seculares con las modernas facultades levantadas en los años 40 del siglo XX, durante el Gobierno de Salazar. Este dictador Portugués no tuvo reparos en destruir parte de la zona vieja para levantar estos edificios. Una paradoja: Salazar estudió en derecho en Coimbra, el propio universitario destruyó parte de la invalorable zona vieja de la ciudad en la que pasó su mejor juventud.

La arquitectura de estas nuevas facultades se inspira en la estética del fascismo europeo del siglo XX, sobre todo por la gran cantidad de estatuas que aparecen por todos los rincones y en las escalinatas principales de los edificios, que guardan similitud con la estética nazi y las famosas olimpiadas de Berlín de 1936.

El acceso al conocido Patio de la Facultad se hace por una única puerta, la famosa Porta Férrea. Construida en 1633, y ornamentada en un estilo renacentista, tras su paso se accede a la gran plaza en la que abundan edificios monumentales: colegios históricos, capillas, museos o la facultad de derecho. Por fin, el viajero llega hasta la famosa torre de la Universidad, cuyas manecillas ha visto por todos los recovecos de Coimbra, y que se conoce popularmente como ”cabra”. Sus campanadas horarias marcan las entradas a las cercanas aulas. Diseñada en estilo barroco, es el emblema de la ciudad y supone el punto más alto del barrio antiguo.

 

Biblioteca del saber antiguo

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Las dependencias universitarias, convertidas en un museo para viajeros y curiosos, se pueden visitar, pero pasando antes por el pago en taquilla. Quizá, un recorrido por todas las instalaciones puede llevar mucho tiempo, por lo que la mayoría de los visitantes optan por una visita más corta y, por tanto, más barata: la de la prestigiosa y artística Biblioteca Joanina.

Este guardián de la sabiduría escrita resguarda más de 300.000 libros antiguos, escritos en varios idiomas, incluido el castellano antiguo, cuyas centenarias hojas solamente las pueden consultar reconocidos investigadores.

Se programan visitas cortas, de apenas 10 minutos, en grupos reducidos de gente, y hay que ir a una taquilla para pagar 2, 50 euros por la entrada, dando una cita a una hora determinada. Si hay saturación, que normalmente la hay, igual te dan acceso para unas horas después, por lo que te recomendamos que vayas a primeras horas.

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Una vez en el interior de esta histórica biblioteca, que se construyó en 1724, podrás admirar una auténtica joya arquitectónica. Un conjunto monumental que supera el concepto de simple rinconera de libros, para convertirse en un artístico templo de la cultura. Ornamentada con tallas, frescos, pinturas y muebles antiguos, en sus tres amplios salones se apiñan de manera increíble esta abundancia de libros antiguos en robustas estanterías, fabricadas con maderas exóticas de las colonias portuguesas.

Si optas por no entrar en las viejas dependencias universitarias, también se pueden dejar pasar los minutos contemplando las antiguas fachadas arquitectónicas de estas monumentales construcciones en la gran plaza. En las escalinatas, se sientan los turistas para descansar de las cuestas, mientras contemplan con curiosidad a los estudiantes vestidos con sus capas tradicionales. Los universitarios venden postales a los visitantes para sufragar sus fiestas juveniles y el acto de licenciatura. En tu paseo por la ciudad no será difícil ver a grupos de estudiantes con estas capas, con motivo de alguna celebración o por el afán de mantener el clasicismo de esta institución.

Ambiente universitario de otros tiempos

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© José Luis Lago

Coimbra y los jóvenes estudiantes forman un binomio inseparable. Con todo ser una ciudad antigua e histórica, plagada de edificios vetustos y artísticos, los estudiantes impregnan un aire nuevo a estas viejas calles cansinas del tiempo.

Una de las costumbres arraigadas entre los estudiantes es la creación de las “Repúblicas”, que no dejan de ser unos locales de estudiantes, un centro común para reunirse en estos pisos privados o locales donde organizar fiestas, actividades políticas o culturales o, tan sencillo como fomentar la amistad entre estudiantes de una misma región portuguesa.

Aún siendo lugares reservados, algunos viajeros intentan entrar en estas “Repúblicas” para establecer lazos. Acceder a estos clubes no se puede programar como la entrada a un museo, el permiso para conocer estos locales dependerá de la buena disposición de ambas partes.

Otra costumbre que marca la tradición de la institución universitaria en Coimbra es la fiesta de la Queima das Fitas. Una ceremonia estudiantil colectiva, que se celebra en mayo, en la que los licenciados, que visten sus mejores galas, queman sus cintas de color. Cada carrera universitaria tiene asignada su propia tonalidad. El fuego purifica todos los atrancos de la carrera y supone un símbolo del fin de los estudios. Miles de estudiantes, familiares o simplemente curiosos turistas, se congregan en el día de su celebración.

De bajada de la Universidad, Coimbra también tiene su zona comercial en la que pasear y realizar compras. Un descanso para tomar café en sus pastelerías, mientras se paladean los dulces de Santa Clara u otras especialidades de la variada repostería portuguesa.

En tu ruta por la ciudad no descuides visitar la bella iglesia de Santa Cruz, situada en la plaza 8 de mayo, rodeada por cafeterías con terrazas llenas de estudiantes tertulianos. El templo se remonta al siglo XII y su fachada está rebozada con una llamativa portada renacentista del siglo XVI. En su interior reposan los restos de algunos reyes portugueses.

Continúa


 

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