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Normalmente los
españoles solemos visitar la ciudad poética: Lisboa, que
siempre enamora con sus vetustos tranvías, sus monumentos de
los descubridores, y ese pueblo antiguo situado en el centro de
la ciudad que es el antiguo barrio de Alfama. Un viaje que
enamora y que siempre deja la sensación de que hay que volver.
Las playas del Algarve,
en el sur del país, sugieren una eterna primavera en la que la
que refrescarnos en las aguas del inmenso Atlántico, mientras
visitamos los pueblos marineros que aún perduran.
En el norte, Oporto, la
capital del vino y de los puentes metálicos que sortean la
desembocadura del río Duero, es otro punto que atrae por los
contrastes y los barcos antiguos cargados de toneles que navegan
por las aguas de este gran torrente, un río que divide la
ciudad en dos orillas.
Portugal, además de
estas ciudades, también tiene otros destinos en los que
prolongar nuestra estancia. Un lugar entrañable como el
rústico Alentejo, con sus pueblos agrícolas que mantienen la
esencia del país o, lugares del norte, puntos de paso en los
que no se pausa con el coche, sitios que se desvanecen mientras
apuramos para llegar a otros destinos.
Por esta ruta que te
proponemos, vamos a recorrer la ciudad de Coimbra y sus
alrededores. Lugares y paradas llenas de atractivos en los que
detenerse. Esta capital de la región es una ciudad
universitaria salpicada de monumentos centenarios que conserva
los atractivos de un pueblo de provincias. Sus avenidas y
callejuelas aún guardan parte del esplendor que le produjo ser
la primera capital del reino. No obstante, Coimbra destaca por
la conservación de las antiguas dependencias académicas que
hicieron de este lugar un punto de encuentro de las letras y las
ciencias. La Universidad es una institución que funciona desde
el siglo XIII.
Dentro de la urbe, no
puedes dejar de visitar el Portugal de los Pequeñitos. Un
curioso museo didáctico donde tus niños podrán soñar con
cuentos infantiles y recorrer un mundo de casitas en miniatura
adaptadas a su tamaño. Cercano a este singular parque
temático, deberías acercarte hasta los magníficos jardines
del hotel Quinta das Lágrimas, abiertos al público, en cuya
hacienda brota una arboleda con plantas procedentes de todo el
mundo. En este vergel se vivieron los episodios reales de los
encuentros amorosos entre el príncipe de Portugal y la gallega
Inés de Castro. Una apasionante y auténtica historia medieval
de pasión, en la que no faltan traiciones, asesinatos y
venganzas, que te contaremos desde sus escenarios reales y cuya
intensidad ha inspirado a escritores y poetas de todo el mundo.
Salimos del centro de la
ciudad a conocer los atractivos de la comarca. A pocos
kilómetros visitaremos las ruinas romanas de Conímbriga, las
más importantes del país de esta época de la historia, que
nos devuelven a los tiempos en que el Imperio de los césares
dominó todo el mundo conocido.
Por el norte, a escasos
17 kilómetros de la ciudad, llegamos al pueblo de Mealhada. Un
lugar cuyo nombre suena por todo el país por ser la capital del
lechón o cochinillo y que, como Segovia o Arévalo, es una
parada irresistible para saborear este manjar gastronómico.
Por último, a 10
kilómetros de Mealhada, cerca de la villa de luso, visitaremos
el Palacio de Bussaco, una fastuosa mansión que iba a ser una
segunda residencia del último rey de Portugal, donde el monarca
cazaba en los bosques que la rodean y cuya frondosidad recuerda
a un bosque encantado.
Este edificio, que
inicialmente iba destinado a los reyes, es en la actualidad un
hotel donde puedes alojarte con todo tipo de lujos y,
posiblemente, sea una de las estancias más románticas que te
puedas imaginar. Un edificio fastuoso con una exuberante
decoración.
El bosque de Bussaco, que
rodea a este palacio-hotel, es un inmenso jardín del que brotan
especies vegetales de todo el mundo, cuyos caminos, cubiertos de
helechos y hiedras, así como con enormes árboles centenarios y
exóticos, invitan a realizar apacibles senderos. Y, por qué
no, imaginar historias fantásticas de monjes eremitas, los
plantadores de este paraíso arbolado, unos frailes que buscaban
entre estas paradisíacas espesuras el acercamiento a lo divino.
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