|
Equipaje
Un planteamiento
importante en el momento de preparar las maletas es que
nuestra querida compañera de dos ruedas nos puede dejar tirados
por una avería seria, como máquina que es, y entonces
tendríamos que llevar nosotros todos los trastos que antes
estaban repartidos por la bici. Y esto puede ocurrir en lugares
bastante alejados de la civilización, por lo que hay que poner
en la bicicleta lo que nosotros podríamos llevar a cuestas
cómodamente.
Una de las
cosas que siempre suelo llevar cuando salgo de viaje es un
cuaderno de notas. Escribir lo que vemos y sentimos es, como la
fotografía, una manera de fijarse más intensamente en el
entorno y de tener un recuerdo del momento. En lugares con
problemas de comunicación por el idioma el papel es fundamental
para explicar cualquier cosa y evitar terribles confusiones.
Transporte
de la bicicleta
Uno de los grandes
problemas con el que se enfrentan los cicloturistas es el
transporte de la bicicleta cuando hay que llevarla al principio
de la ruta, volver a casa, en tramos intermedios cuando no
apetece pedalear o cuando surge una avería mecánica grave.
Es
conveniente informarse directamente en la compañía con la que
vayamos a volar de lo que nos van a decir cuando vean la bici.
“Lo peor” es que exijan meter la máquina de dos ruedas en
una caja; entonces podemos visitar una tienda de bicicletas y
pedir una caja especial de cartón que se puede tirar al llegar
al destino. Antes de facturar la bici conviene bajar la presión
de las ruedas y de los amortiguadores de aire de las
suspensiones. El exceso de equipaje es otra cosa a tener en
cuenta para no pagar un poco más por el vuelo. Para evitar
problemas y explicaciones podemos utilizar las bolsas especiales
para transportar bicicletas avisando que dentro hay un objeto
frágil. El problema de la bolsa es que no la vamos a tirar cada
vez que hagamos un viaje, y llevarla encima es un poco molesto.
Para solucionar este problema hay dos opciones: cuando el viaje
es una travesía dentro de un país se puede enviar por correo a
nuestro nombre a la Poste Restante del lugar donde terminaremos
de dar pedales; y si es una ruta circular, que es lo más
habitual para coger el avión de vuelta a casa, dejarla en la
consigna del aeropuerto o de alguna estación.
 |
Viajando en
autocar dependerá del criterio del conductor para meter a
nuestra compañera en las tripas del vehículo, y cuando va con
mucha gente, por tanto con mucho equipaje, ponen muchas pegas.
Casi siempre hay que esperar a un autocar que salga a horas
rarísimas para que las bicicletas tengan sitio en el maletero.
En los
trenes españoles pasa algo parecido. En cercanías tienen la
obligación de admitir bicicletas, pero solamente donde y cuando
el revisor considere que no molestan al resto de los viajeros.
Hace poco tiempo que Renfe ha suprimido la posibilidad de
facturar como equipaje la bicicleta en los trayectos de largo
recorrido. Como siempre los ciclistas son los perjudicados.
En los
países del segundo y tercer mundo siempre llevarán la
bicicleta en cualquier medio de transporte, incluido mulas,
camellos, canoas o cestos sherpas. Pero también casi
siempre aprovecharán la oportunidad para sacar algo de dinero
extra, aunque veamos como a nuestro lado viaja un tipo con dos
cabras, cuatro maletas y cinco gallinas y sólo ha pagado el
precio del asiento.
Continúa
|