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Sumario

Introducción
Lo peor no son las cuestas
Alimento para el espíritu
Los pioneros
Una máquina rebelde
Vida Nómada
Motivación
Mágico Engranaje
Antes de Subirse a la Bici
Destinos
El Paisaje es todo Ventanilla
Mecánica y Mantenimiento en Ruta
Datos de Interés
 

 

Otros Reportajes

Cicloturismo
La Aventura de viajar en libertad
Texto y Fotos: Juanjo Alonso ("Capitán Pedales")
 
 Mágico Engranaje
 
Ruta del Cid - Eslida (Castellón) © Juanjo Alonso

Hay que ser paciente y dejar al cuerpo adaptarse a su aire a los cambios de la bicicleta para no sufrir grandes tormentos mentales, evitando intentar pedalear con maletas al mismo ritmo que cuando hacemos una excursión de un día por nuestros caminos favoritos cerca de casa. El cicloturismo es para dejarse llevar. Nosotros ponemos el deseo de viajar y la energía para mover la bicicleta, y los elementos se encargan de guiar nuestras pedaladas por el mejor camino. Quien camina sin buscar encuentra el principio de todos los caminos.

Dolomitas (Italia) © Juanjo Alonso

Un gran escalador alemán, por desgracia fallecido demasiado joven en un accidente de coche, escribió que el músculo más importante de un ser humano es el cerebro. Conseguir una mente fuerte, capaz de mantener el equilibrio y la concentración en cualquier momento, es algo más complicado que la preparación física, porque ni siquiera muchas mentes saben cómo se mueven sus propios engranajes. Una de las cosas que se aprenden escalando, haciendo montaña y viajando en bicicleta, además de geografía, costumbres, historia, religiones, mecánica, medicina, idiomas, relaciones humanas y unas cuantas cosas más, es a conocer a los elementos. Una de las grandes esencias del cicloturismo es precisamente llegar a convivir con los elementos, llegar a ser amigo íntimo de la naturaleza. Ser viento cuando sopla el viento, ser lluvia cuando llueve, ser barro cuando caminamos por un cenagal, ser horizonte cuando el camino se hace largo o no tener hambre cuando no hay comida.

Vuelta al Mundo en Bicicleta - Altiplano (Bolivia) © Juanjo Alonso

Saliendo asiduamente a montar en bici, a caminar por el monte o sencillamente a disfrutar del medio natural contemplando un paisaje, al mismo tiempo que fortalecemos el cuerpo, la mente también se acostumbra a la actividad al aire libre, hasta que necesita contemplar la amplitud de un valle de montaña, descubrir el paisaje del otro lado del horizonte o sentir el sol, el aire y la lluvia como si fuera el alimento del que se nutre para funcionar correctamente con toda su motivación. Entonces la energía no estará solamente en las piernas y en el corazón, también tendremos una fuerza invisible que anula el sufrimiento y despierta nuevos recursos para seguir siempre adelante en busca de todas esas sensaciones.

Continúa


 

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