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Viajando en
bicicleta no siempre aparece un refugio cuando llueve o llega la
noche, ni siempre hay alimentos cuando sentimos hambre. Para que
la máquina de dos ruedas utilizada como medio de transporte nos
lleve a donde deseamos llegar, tenemos que estar en plena forma
física y mental para transmitir toda nuestra fuerza, energía y
ganas de viajar.
La
motivación es fundamental para disfrutar cada momento y el
viaje se convertirá en un montón de buenas sensaciones y
gratos recuerdos teniendo claro que vamos a donde queremos ir y
de la manera que más nos gusta.
La mejor
preparación física para el cicloturismo es tan sencilla como
practicarlo. Las primeras salidas con alforjas es mejor que sean
cortas y en lugares "civilizados" para descubrir y
fomentar la afición al cicloturismo como manera de viaja, para
dejar que la propia esencia del viaje ciclista nos cautive con
su extraña fascinación.
Comenzando a
viajar en bicicleta por nuestro país se evita la convivencia
con algunos pueblos del mundo que, a veces, resulta difícil y
complicada por el idioma, la religión y los choques culturales.
Durante los primeros viajes “a pedales” es mejor no tener
que preocuparse por los seres humanos del camino, por aprender y
respetar sus costumbres. Al principio es bastante con
alimentarse bien, buscar el mejor sitio para dormir y disfrutar
del placer de pedalear libremente por la ruta elegida, y
olvidarse de si tenemos que comer con las manos, sentarnos en el
suelo o evitar mirar de frente a una mujer para no provocar la
ira de nuestro anfitrión, como ocurre en algunos países del
mundo.
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En las
primeras salidas con alforjas cuesta un poco hacerse al peso y a
la extraña estabilidad de la bicicleta con tantos bultos. Hay
que tomarse las subidas con calma. En las bajadas el aumento de
peso lanza la bicicleta mucho más rápido de lo habitual.
Durante las primeras rutas sentiremos cosas raras en la
conducción de la bici y en las curvas será difícil mantener
la trazada, especialmente llevando maletas delanteras. No
importa parar a menudo o caminar en las rampas más duras;
además es una excelente manera de aprender a seleccionar las
cosas imprescindibles de las que no lo son para evitar llevar
exceso de equipaje. Las paradas obligadas e imprevistas son
buenos momentos para hacer fotos, comer, estirarse, mirar el
paisaje, leer unas frases de un libro para tener algo en que
pensar durante los siguientes kilómetros o charlar con los
compañeros de viaje de las últimas sensaciones cicloviajeras.
El cicloturismo no es únicamente un deporte. El cicloturismo
es, sobre todo, una manera de sentir la vida.
Continúa
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