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En los
tiempos actuales el hombre puede elegir muchas maneras de
viajar, o más bien muchos destinos a donde viajar, por la gran
oferta del mercado del viaje. Rápido o lento, más o menos
cómodo, en moto, globo o totora, en camello o en barco,
andando o a caballo, en un viaje totalmente organizado de
antemano o buscando la aventura de lo imprevisto. En los
folletos de los operadores de viajes hay destinos en todos los
rincones del planeta garantizando todo tipo de sensaciones, y a
los cicloturistas nos sigue gustando conocer el mundo desde una
bicicleta de manera individual, nómada y vagabunda.
Sufrir las
inclemencias del tiempo, buscar a diario un sitio donde dormir,
ser autosuficiente, conocer directamente el medio ambiente y el
entorno humano del viaje, hacer deporte. Las sensaciones con las
que disfruta el viajero ciclista son para espíritus nómadas,
para almas inquietas y soñadoras, para los amantes del viaje
puro que no buscan solamente aumentar su colección de fotos y
lugares.
El
cicloturismo es parecido a la escalada de una montaña cuando lo
importante no es llegar a la cumbre para enseñar la foto a los
amigos o cumplir con el patrocinador; este es el negocio de la
montaña. En el espíritu del auténtico montañero el final de
una ascensión es el principio de la siguiente. El paisaje en
las cimas de las montañas es sobrecogedor y grandiosamente
bello, pero un escalador puro sólo se siente como tal cuando
está escalando, y ese vacío de placer que habita en las
cumbres sirve para recargar el alma de deseo de buscar una nueva
ruta en otra montaña. Para disfrutar al máximo subiendo
montañas no hay que pensar únicamente en hacer cumbre, hay que
“escalar” hasta la cumbre, leer en la roca, en sus formas y
en sus grietas para avanzar gastando la mínima energía y
ascender suave y fluido. Hay que disfrutar cada movimiento y
cada mirada al paisaje porque la cumbre es simplemente el lugar
donde todas las líneas del relieve se dirigen hacia abajo.
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En el
cicloturismo cada mirada a la cuneta es una nueva imagen, un
nuevo impacto para nuestros sentidos, un nuevo estímulo que
produce cualquier reacción. Parar, pedalear, hablar, dormir,
comer, fotografiar. Cada pedalada cicloturista es un camino
hacia cualquier parte, pero siempre hacia lugares nuevos, porque
mientras el mundo sea redondo y el hombre mantenga su espíritu
nómada, las únicas cumbres que encontrará en su camino serán
las de sus propios miedos. Con una bicicleta y ganas de viajar
lo que tenemos que hacer es marcar un punto en el mapa y
comenzar a dar pedales. Pronto nos daremos cuenta que a 15
kilómetros por hora se puede llegar muy lejos…
Continúa
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