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Resulta
difícil encontrar datos exactos sobre los pioneros en viajes
ciclistas. El anhelo por descubrir y conocer nuevos horizontes
se remonta a los inicios de la humanidad y seguramente los
primeros ciclistas que sintieron el placer de viajar pedaleando
estén perdidos en anónimos recuerdos. Tampoco hay que
olvidarse de curas, maestros, médicos, carteros y otros
personajes del medio urbano y rural que durante décadas han
estado cumpliendo sus obligaciones diarias utilizando una
bicicleta como medio de transporte, y en algunos lugares
realizando gran cantidad de kilómetros; o los chavales de
tantas poblaciones del mundo que han utilizado, y utilizan
todavía en muchos países, la bicicleta para ir a la escuela.
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Por la
tradición tan arraigada que tiene Francia en la historia de la
bicicleta, y del ciclismo deportivo, es normal que fuese
también el lugar donde surgieron los primeros movimientos
cicloturistas notables. En las regiones alpinas de la vieja
Europa aparecieron a principios de siglo los Cyclomuletiers,
procedentes de ambientes puramente ciclistas. Estos fanáticos
deportistas de las dos ruedas, impulsados por su afán de
conquistar los míticos puertos de montaña de los Alpes,
idearon nuevos desarrollos y colocaron un tercer plato más
pequeño, y en ocasiones hasta un cuarto, en el movimiento
central de sus pesadas bicicletas de ruta para remontar las
tremendas rampas de las carreteras alpinas. Los retos ciclistas
cada vez eran mayores y la pasión por el cicloturismo más
profunda.
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A estos
amantes del ciclismo puramente deportivo pronto se unieron otros
personajes habituales del ambiente alpino, que también
encontraron en la bicicleta un excelente medio de transporte
para sus andanzas montañeras. Eran los alpinistas buscadores de
cristales, fósiles y grandes paisajes. Montañeros románticos
que miraban al mundo como un enorme océano donde asomaban como
islas las cumbres de las montañas, y por debajo de esas cumbres
maravillosas sólo existía la nada. Personajes que han escrito
con sus hazañas la historia del alpinismo y la escalada, y que,
de jóvenes, por consagrar su vida al fantástico mundo vertical
de roca y hielo de los Alpes la mayoría de las veces no
disponían de otros medios para acercarse a las cimas más que
una bicicleta, y en muchas ocasiones heredada de los antecesores
o los ancianos.
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Los Montes
Tauro, el Cervino, la Marmolada, las impresionantes torres
calcáreas del macizo de la Civetta o las Tres Cimas de Lavaredo
estaban mucho más cerca en bicicleta. El recorrido que
caminando les llevaba horas, o incluso días, en bicicleta
podía superarse en poco tiempo y además disfrutando con las
sensaciones del viaje, descubriendo que durante el trayecto en
bicicleta a las montañas la motivación por escalar crecía y
la mente se cargaba de una fuerza poderosa que después hacía
falta en la pared. El viaje en sí mismo tenía un significado
importante, era una nueva manera de disfrutar aquellos
grandiosos paisajes de los Alpes. Estaba naciendo el
cicloturismo.
Continúa
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