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La bicicleta
de montaña nos puede llevar a muchos lugares de una manera tan
sencilla y natural, que a veces no somos conscientes del
privilegio que tenemos por haber elegido esta actividad para
llenar nuestro ocio. Por eso de vez en cuando hay que frenar,
dejar la bicicleta y mirar a nuestro alrededor descubriendo y
asimilando las cosas que nos llaman la atención: unas hojas de
colores, un animal, un pájaro, una extraña forma del relieve,
la brisa, una nube, los rayos del sol entre los árboles o un
pueblo colgado en una colina. Cualquier cosa que llene de
sensaciones y recuerdos nuestra mente, para que al final de la
ruta no sólo estemos cansados físicamente y satisfechos por
haber hecho deporte, sino porque todas esas sensaciones van a
servir de estímulo durante el resto de la semana en el trabajo,
en clase, cuando hablemos con los conocidos o con la familia, en
definitiva, porque harán que el paso del tiempo sea una
experiencia agradable.
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Hablo de “beteteros”
de fin de semana porque, realmente, la mayor parte de las veces
que montamos en bicicleta es en nuestros ratos de ocio, y los
viajes cicloturistas los dejamos para las vacaciones, largos
puentes o momentos parecidos. Si durante las salidas con los
amigos los fines de semana tomamos conciencia del ambiente que
nos rodea, descubriendo y conociendo el entorno natural y humano
del camino y aprendiendo a hacer de cada mirada al paisaje una
emoción agradable, cuando estemos viajando en bicicleta, porque
viajar en bicicleta es duro, seremos un poco más fuertes y
llegaremos un poco más lejos.
Una buena
manera de iniciarse al cicloturismo es hacer salidas los fines
de semana y los puentes. La principal ventaja es que para un par
de días es necesario llevar poco equipaje y no se acumula
cansancio físico ni mental. También sabremos más o menos el
pronóstico del tiempo y la convivencia con nuestros compañeros
de viaje, si los hay, no presentará problemas en tan poco
tiempo.
Cuando las
salidas de dos días sean aburridas, cortas o dejen con apetito
de más horizontes es el momento de probar con un viaje de un
par de semanas en vacaciones. Entonces ocurrirá que después de
la experiencia algunos no volverán a sentarse en una bicicleta
con alforjas y para otros será el gran descubrimiento.
Los que
decidan hacerse cicloturistas ya sabrán mucho sobre el equipo y
también habrán aprendido a disfrutar viajando en bicicleta. Un
día meterán las bicicletas en un avión o un tren y se irán a
un lugar exótico con el gusanillo del miedo y la incertidumbre
metido en el cuerpo por el idioma, la alimentación, la gente y
todas esas cosas que se temen porque se desconocen, pero
después son las causantes de los mejores momentos del viaje.
Otros comienzan a pedalear en la puerta de casa y no paran hasta
que han recorrido miles de kilómetros. Hay cicloturistas para
todos los gustos y todas las rutas porque el cicloturismo es una
de las actividades que permite a las personas realizarlo como
son en sí mismas.
Continúa
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