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“Hay un
tiempo para el deseo y otro tiempo, mucho más largo, para el
recuerdo. Pero las decisiones más importantes sólo necesitan
un sencillo instante de pasión.”
Viajar
Un
prestigioso sabio oriental escribió hace varios siglos que
mirando a través de la ventana del corazón se puede conocer el
mundo sin salir de casa. Seguramente tenía razón, y para
viajar por los rincones del alma humana sencillamente hay que
dejarse llevar por el camino del conocimiento interior hasta
encontrar el verdadero rostro de nuestro destino. Lo que
también saben los científicos del espíritu es que todas las
cosas de nuestro universo están en evolución y el ser humano
se diferencia del resto de los seres vivos por su necesidad de
poseer y por su tremendo afán de “coleccionar” cosas,
sensaciones y recuerdos: para la mayoría de las personas viajar
es aprender, conocer es poder y descubrir es dominar.
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Muchos
viajeros emprenden el camino de la realización interior y
descubren mundos realmente asombrosos en el espíritu humano,
aunque en esta ocasión propongo una manera de viajar por un
mundo de horizontes sin distancia, de grandes montañas y
desiertos desoladores descubriendo culturas milenarias. El mundo
de ilusiones y fantasías que surge al contemplar un mapa. Es
una manera de viajar sencilla pero intensa, tranquila pero
inexorable, lenta pero con poder para romper todos los
horizontes. Es viajar en bicicleta, una de las mejores maneras
de sentir intensamente y conocer a fondo el mundo a nuestro
alrededor.
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