Introducción
Querida María
San Cristóbal, El Pueblo y su Gente
Mi Amiga Guadalupe
Las Aguas de Chiapas
La Artesanía de Chiapas
La Vuelta a Casa
Recorrido
Propuesto
Guía Práctica

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CHIAPAS
NATURALEZA INSURGENTE
San Cristóbal, el Pueblo y su Gente
El mejor punto de partida para hurgar en este "cajón de sastre" es San
Cristóbal de las Casas, debido a su céntrica situación y buenas comunicaciones con el
resto del Estado. Aunque sé que, como siempre, dejarás iniciativa a la improvisación y
posiblemente tu intuición y talento mejoren lo que a continuación te propongo. Pero
recuerda que en estas tierras las distancias no solo se miden en unidades de longitud sino
tambien de tiempo, y el tiempo chiapaneco tiene su particular sabor y cadencia.
San Cristóbal se asienta en los Altos de Chiapas a 2120 m.
de altitud, protegido por la eterna presencia del volcán Huitepec de 2761 m. y del
Tzontehuitz de 2970 m. De ella se dice que es una de las ciudades ocupadas por la colonia
más bellas y elegantes de México. No es para menos, el pasado parece haberse suspendido
en estas calles empedradas, jalonadas por iglesias y caserones con patio y fuente llenos
de flores. Tras la llegada de Hernán Cortés a las costas del Golfo, Diego de Mazariegos
fundada la ciudad en 1528 y se la otorga el nombre de Ciudad Real, siendo su nombre actual
en memoria del obispo Fray Bartolomé de las Casas, que ya en el siglo XVI fue ferviente
defensor de los indígenas. Curioso bucle el que forma la historia con la biografía de
esta tierra que parece condenada a sufrir los mismos errores que entonces. Maldita suerte
la de estos y aquellos indios marginados, como tantos otros, en su propia tierra y
masacrados por defender lo evidente...
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San Cristóbal generalmente amanece abrazado por una niebla
plomiza que escurre de las montañas, hasta que el sol a pulso empuja la mañana y
explotan los colores. Esos colores que nunca pierden su viveza adornan todos sus recovecos
urbanos y visten el trasiego del quehacer de sus paisanos. Si quieres tener una visión
inicial de conjunto, el mejor mirador de la ciudad es el Cerrito de San Cristóbal. Una
larga escalinata, de esas que hacen resoplar, conduce hasta la cima del cerro donde se
levanta una coqueta iglesia, desde la que se abarca a "vista de pájaro" toda la
reticulada alineación de la ciudad y los frondosos montes cercanos. Como si de un plano
planchado sobre una mesa se tratase, podrás ir situando a todos los testigos de una
crónica apasionante que más tarde, a ras de suelo, te llevarán a admirar estilos
barroco, plateresco y neoclásico que a partir del siglo XVI salpicaron a edificios
civiles y religiosos. Su trabajado interior bien merece una visita de tranquilo deleite...
El palpito vital de la ciudad fluye siempre animado por sus
puestos callejeros y mercados. En ellos, se reúnen indígenas de poblaciones vecinas para
mercadear con cultivos recién cosechados, cerámicas y coloridos textiles. Un paseo sin
prisa por el centro histórico te dará buena muestra de ello. En San Cristóbal siempre
hay pretexto para festejar una fecha señalada. Cada barrio de la ciudad tiene su
participativa fiesta patronal en la que siempre acompaña presto el ritmo cálido de la
Marimba, a la que alguien definió como "maderas que cantan con voz de mujer".
Los días de desenfrenado Carnaval y especialmente el Día de Muertos, en el que altares y
panteones se tiñen del amarillo de la Tzenpazuchil o ¿Flor de Muertos", son una
ineludible oportunidad de sumergirse en la intima generosidad y religiosidad del pueblo
chiapaneco. |