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Sumario

Introducción
Situación
Un Rincón de la Prehistoria
Herederos del Antiguo Egipto
Regreso al horror
El Último Paraíso
Senderos hacia el Pasado
El Hombre Mono
Más allá sólo hay salvajes
Charla con un canibal
Un Rincón Olvidado
Regreso al Futuro
 

 

Otros Reportajes

Caníbales hoy... 
Papua Nueva Guinea
Por Vicente Martínez
 
 Charla con un canibal
 
© Vicente Martínez

Un curioso personaje se acercó hasta nosotros cuando cenábamos en el campamento. Le llamaban Fader y en el mismo momento, me di cuenta que era nuestro hombre. Entablé conversación con él a través de los traductores, como si le conociera de toda la vida. Relataba tremendos acontecimientos de luchas y venganzas que concordaban perfectamente con lo que antes había leído en los manuales de antropología y crónicas de viajes. Su rostro es oscuro, no se distingue demasiado de las sombras del anochecer. Finalmente confesó avergonzado que él era un antiguo antropófago al que no le gustaba la batalla contra sus semejantes y en una incursión misionera dos años antes, aprovecho la ocasión para marcharse hacia una vida más cómoda.

Tomó el liderazgo del poblado de la explanada que los misioneros le habían encomendado antes de irse, pues la misión más cercana estaba a 50 kilómetros río abajo. Fader me explicaba como las mujeres de su antigua tribu habitualmente asesinaban a su primer hijo y lo aplastaban contra una roca junto al río. Después se ofrecía el cadáver a los cerdos para que ningún resto del mismo quedara sobre la roca; ello acercaría a los espíritus malignos que podrían traer desgracias al pueblo.

A continuación la madre amamantaba un cochinito a sus pechos durante un año y cuando había demostrado que era una buena madre, la tribu le concedía el permiso para tener su siguiente hijo y criarle convenientemente. También me contaba como su pueblo luchaba contra los vecinos para solucionar algunas venganzas de hechos pasados, por los cuales había que exterminar a los causantes hasta la muerte, y después cortarles la cabeza para que el jefe del clan se coma los sesos del fallecido.

El resto de la tribu, incluidos mujeres y niños, se dividirían el cuerpo previamente para cocinarlo al fuego de la hoguera. Según sus creencias, el hombre nunca fallece de muerte natural, sino que un espíritu enviado por cualquier enemigo con el que tenga problemas de territorio, animales o mujeres entre otros, le provocará un maleficio que conlleve la muerte. Esa circunstancia es la que hay que vengar individual o colectivamente. Y de ahí precisamente vienen las famosas cacerías humanas y orgías de sangre que atormentaron a Cook y a otros exploradores que vinieron a la zona.

Los hombres duermen sobre las calaveras de sus enemigos en algunas ocasiones, lo cual resulta un tanto sorprendente. Pero no podíamos conversar más tiempo porque deberíamos madrugar al día siguiente para que Fader, junto a cuatro porteadores nos llevara a su antiguo poblado. Al alba, ya estábamos en pie con nuestros ligeros equipos de supervivencia, listos para afrontar la mayor aventura de mi vida. Como única arma de defensa, una antigua pistola con bengalas de salvamento. Jornadas de doce horas caminando sobre troncos de la encharcada selva virgen y con un calor sofocante debilitaban nuestros cuerpos.

Continúa


 

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