|
A mí
regreso otra vez a España, un encuentro con el que sería
posteriormente mi amigo y compañero de expediciones César
Pérez de Tudela da lugar a un nuevo proyecto en Irian Jaya. En
esta ocasión se trataba de una expedición alpinística al pico
Trikora. Después de algunos meses de preparación se decide que
nos acompañen expertos aventureros como Salcedo, Jules Steward
y mí mejor amigo, el simpático Paco Huertas. Otra vez los
permisos y otros trámites nos esperan para entrar en Wamena.
Por fin
conseguimos embarcar nuestro pesado equipo de montaña con
destino al pequeño aeropuerto que había crecido y según me
había comunicado la policía de Jayapura acababan de asfaltar.
Ya no era tampoco una simple avioneta la que nos transportaba
sino un avión a reacción el que lleva a numerosas personas
hasta este destino. Pero, ¿a qué va la gente allí? -me
pregunté una vez tras otra-.
En pocos
años, la civilización estaba llegando al interior de la isla.
Comerciantes, militares, más misioneros y hasta algunos grupos
de intrépidos turistas habían decidido de forma frecuente,
descubrir a su manera este insólito lugar solo accesible por
aire. De algún modo me sentía un poco decepcionado al ver como
la sociedad presionaba de manera implacable a los hombres de la
Edad de Piedra. Pero nuestra misión deportiva no podía esperar
y tras denegarnos todos los permisos para de acceso a nuestra
montaña por razones de seguridad, decidimos por sorpresa
adentrarnos junto a diecinueve porteadores en la espesura de la
selva en donde ya nadie nos podría encontrar.
Después de
muchos kilómetros de camino llegamos hasta el lago Habema,
lugar de aterrizaje de Archbold por primera vez con su
hidroavión y punto de partida para sus futuras expediciones.
Desde allí, con mal tiempo y barro hasta la cintura superamos
valles y colinas durante varios días, hasta que alcanzamos otro
de nuestros principales campamentos que ubicamos dentro de una
cueva colgada en una pared rocosa, conocida por los indígenas
como Samelak. Aquel espacio es compartido con algunos indígenas
que allí estaban y no conocíamos pero que terminaron
contándonos interesantes historias que darían lugar a otras
expediciones.
Ésta tenía
como objetivo abrir una vía nueva que aún nadie había
conseguido en la montaña, una de las más altas del sudeste
asiático. Nuestro asalto final dio comienzo de madrugada no sin
antes nuestros porteadores danis haber implorado por
nosotros a los espíritus. El objetivo fue un éxito, y se
había conseguido la cumbre, además de crear una nueva vía
bautizada como Vía
Española Pista Central.
Continúa
|