Tres años antes
había conocido durante una reunión literaria a un hombre de
mirada profunda y singular que despertó en mí una enorme
curiosidad. Su carácter nervioso e inquieto me llevó a pensar
que podría ser mi mejor compañero de viaje a un lugar que yo
había visitado desde 1988 al menos en cinco ocasiones. Estaba
seguro de que entre los dos formaríamos un buen equipo capaz de
superar situaciones extremas, además de conseguir nuestros
objetivos. Mi compañero César Pérez de Tudela, famoso
periodista y emblemático alpinista español estaba convencido
por sí mismo del proyecto.
Mi primera visita a
Papua Nueva Guinea la emprendí en solitario con la ayuda final
de unos cuantos porteadores, a finales de los ochenta. Alentado
por la enorme curiosidad que siempre debe tener un viajero, mí
expedición a Australia fue desviada por iniciativa propia en su
recorrido inicial durante algunas semanas con el fin de revisar
algunas rutas anteriormente seguidas por otros exploradores como
Cook, Harrier, Carstensz o el propio Michael C. Rockefeller,
hijo del famoso magnate norteamericano quien desapareció en la
región.
Las crónicas de
todos los exploradores tenían algo en común. Eran zonas
remotas e inexploradas en donde siempre habitaron caníbales que
disuadían a los visitantes. Papúa Nueva Guinea es la tercera
isla más grande del mundo con una superficie aproximada a la de
Francia. Se sitúa muy próxima a la línea del ecuador. Al
norte se encuentra la isla de Borneo, al sur el continente
australiano, al oeste Indonesia y sus costas orientales están
bañadas por el inmenso océano Pacífico. En la actualidad la
isla esta dividida políticamente en dos partes cuya región
oriental se considera propiamente dicha como Papua Nueva Guinea,
país independiente desde hace ya algunos años; a la más
occidental que a partir de ahora le corresponde nuestro
protagonismo se le denomina Irían Jaya.
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