|
A lo largo
de la ruta entre Tarifa y Algeciras, sobre la línea que forman
las montañas en el horizonte, se contemplan innumerables
molinos eólicos atizados por el viento que entra por el
Estrecho. Algo más adelante, cuando la silueta de las montañas
cae, se atraviesa La Línea de la Concepción, fronteriza con la
colonia inglesa de Gibraltar.
Hubo quien
me contó como durante la II Guerra Mundial aviones italianos
llegaron hasta aquí para bombardear a los ingleses, pero
finalmente, debido a la oscuridad y al miedo de los pilotos ante
la cercana artillería enemiga, dejaban caer las bombas en el
lado español.
En La “Línea”
se practica el “matuteo” que consiste en pasar ilegalmente
tabaco del Peñón al otro lado para sacar, como se decía
antes, unos “durillos”, y en estos días… unos “eurillos”.
También son muchos los que cruzan la frontera para llenar de
gasolina más barata los depósitos de sus coches. Se podría
decir que la economía de la colonia ha florecido desde la
apertura de la verja gracias a sus bajos impuestos.
Llegado el
momento de dar descanso al agua salada y a la arena, podemos
hacer un gratificante recorrido por la sierra de Grazalema. Sus
bosques de alcornocales (es la primera provincia productora de
corcho) y sus pinares en las zonas altas son reseñables. Los
puertos de montaña de El Boyar y el de Las Palomas son más que
conocidos entre los ciclistas por su belleza y… su dureza.

 |
No faltan
tampoco rutas a pie entre sus montes y barrancos, de las que
informa convenientemente la Oficina de Turismo. Ni recorridos de
interés artístico-cultural por los apodados “pueblos blancos”.
El más grande es Ubrique, conocido por la calidad de sus
trabajos en cuero. Grazalema permanece escondido, como un
tesoro, en lo alto de la montaña. Zahára de la Sierra descansa
sobre una loma de la que despunta su castillo. Véjer y Arcos de
la Frontera, de calles empedradas, estrechas y siempre en
subida, cuando se va más cansado, ofrecen interesantes paseos
por sus calles y caminatas por los paisajes que les rodean.
Estos y
otros pueblos se encuentran arriba, en el abismo pétreo;
dominando la llanura y en el caso de Arcos, abrazado por río
Guadalete que lo bordea. Un río que dio nombre a la famosa
batalla donde el ejercito visigodo del rey Rodrigo fue derrotado
por el árabe, iniciándose así la ocupación de la península
por parte de estos. Otro apuesto pueblo serrano blanco es
Setenil de las Bodegas, que se descuelga por las laderas de una
garganta de tuba volcánica labrada por el río Trejo. Algunas
de sus calles y sus casas tuvieron que ser horadadas en el
interior de las rocas, lo que no deja de producir asombro entre
sus visitantes.
Continúa
|