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La barbacoa
del Carranza es uno de los muchos pretextos, de los que a los
gaditanos no les faltan, para organizar todo tipo de fiestas a
lo largo y ancho de la provincia. Y es que, son cientos las
ferias que se celebran principalmente durante la primavera y el
verano por todos y cada uno de sus pueblos. La de Jerez de la
Frontera, Chiclana, Arcos, San Fernando... son las más famosas,
si bien todas merecen la pena pues sus paisanos se vuelcan en
ellas.
Internacionalmente
conocido es el apoteósico carnaval, que tiene lugar en la
capital, cuya principal seña de identidad son sus chirigotas,
que no dejan títere con cabeza “sacando punta” a la
actualidad del momento. El Espárrago Rock o la Fiesta de la
Bulería y los Campeonatos de motociclismo, en Jerez, son fechas
a marcar en el calendario para una próxima visita.
Esta claro
que cuando llegan los meses de verano el ambiente festivo se
dispara y… se desborda. Conil es un buen ejemplo, así como
Caños de Meca-Trafalgar. Por allí abundan los camping y se
pueden ver caravanas de viajeros itinerantes. Tarifa con su
ambiente surfero y mezcla de nacionalidades bien merece unos
días de asueto y al llegar la noche, como no, también un par
de copas en los garitos donde se juntan los bronceados “jinetes
de las olas” a contar si por fin encontraron la gran ola de su
vida.
Pero si se
prefiere un poco de tranquilidad, una buena terapia contra el
estrés es caminar por arena blanca junto al mar durante
kilómetros. En estas costas, al caminante de playa pueden
salirle callos de tanto pasear a lo largo de infinitas alfombras
de arena alisadas por el continuo oleaje.
Si volvemos
a hojear el mapa, hacia el norte encontraremos Chipiona (popular
entre los sevillanos), Rota y “La Tacita” a la que ya hemos
mencionado. Si tomamos dirección sur nos toparemos con la
kilométrica playa de La Barrosa (Chiclana). Pegado a ella se ha
levantado una zona hotelera de lujo, el Novo Sancti Petri,
popular entre los turistas extranjeros y principalmente visitada
por alemanes.
El antiguo
pueblo de pescadores de Sancti Petri así como el castillo de
Hércules, en una isleta, son otros puntos de interés en el
área. Más al sur salen al encuentro del viajero las calas de
Roche, desde aquí hasta Tarifa las playas se van sucediendo.
Pasaremos por las de Conil, El Palmar, donde entran buenas olas
para los surferos, y la de Trafalgar, entre cuyos bancos de
arena sobresale el faro de su mismo nombre.
Fue aquí
enfrente, en pleno mar, donde se libró la famosa batalla de
Trafalgar (1805), en la que los sueños de Napoleón por invadir
Gran Bretaña se vinieron abajo. Siguiendo ruta sureña, nos
esperan las playas de Caños de Meca, Barbate (también famoso
por sus almadrabas -pesquerias del atún-), Zahara de los
Atunes, Atlanterra, Bolonia y, por supuesto, Tarifa.
En las
playas de esta última localidad, como ya se ha comentado, lo
más llamativo es el ambiente que genera la gente que practica
el clásico windsurf y, más recientemente, también una nueva
modalidad que ya está “soplando” con fuerza, a la que se
denomina “kitesurf” o “flysurf”. O lo que es lo mismo,
montar en una tabla y dejarse arrastrar sobre el agua impulsado
por una cometa de viento a la que se permanece atado. Las olas o
golpes de viento favorecen así los saltos, dando la posibilidad
a sus seguidores de hacer generosos giros o piruetas en el aire.
Tierra
adentro, Tarifa alberga un castillo y parte de la ciudad
permanece amurallada. Está claro que estas fortalezas debieron
jugar un importante papel en la historia de España al ser el
punto geográfico más al sur y punta de lanza sobre Africa.
Existe una
zona de tiendas especializadas en deportes acuáticos y eólicos
para todos lo que quieran iniciarse o poner a punto sus equipos.
También hay agencias que organizan excursiones en barco para
avistar cetáceos en sus migraciones por el Estrecho. El buceo
también se practica aunque en menor medida.
El ambiente
humano entre visitantes resulta de lo más cosmopolita, pues
hasta aquí llegan de todas partes del mundo practicantes de
estos deportes. Y es que esta localidad es considerada como una
de las más privilegiadas “mecas” para los pasajeros del
viento y de las olas.
Resulta
evidente que cuando se habla de viento, Cádiz, tiene mucho que
decir… Incluso hasta la mismísima “Justicia” sabe lo que
puede acarrear cuando el ocio queda lejos… En los juicios por
asesinato o por lesiones, las condenas son rebajadas cuando se
aprecia que el fuerte viento fue motivo de trastornos mentales.
Los que aquí viven lo saben bien, cuando el “levante” sopla
sin tregua durante varios días en verano, arrastrando polvo y
trayendo el calor del interior, más de uno acaba harto. Aunque,
en esos días son las peluqueras las que hacen su particular
agosto…
Continúa
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