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Al desplegar
el mapa, la vista aérea de la península ibérica delata que la
urbe de la capital de Cádiz está levantada en un
característico entrante de tierra desmembrado, que parece salir
en busca del mar. Sin embargo, permanece bien amarrada a la
península mediante la carretera que, a modo de cordón
umbilical, conduce entre marismas a San Fernando y por el puente
Carranza que salva la Bahía.
La ciudad
guarda historia e historias para saciar la curiosidad de
cualquier viajero, pues se precia de ser la población más
antigua de Europa. Según la leyenda fue fundada por Hércules y
consta que los fenicios establecieron la colonia de Gadir,
aproximadamente en el año 1100 antes de nuestra era.
Posteriormente pasaron por allí cartagineses, romanos y árabes
hasta la Reconquista. Su puerto marítimo jugó importante papel
en los viajes de exploración y colonización de América. La
ciudad resistió la invasión francesa de Napoleón. Y en 1812
vio nacer la primera Constitución española, popularmente
conocida como “La Pepa”.

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Plano en
mano y puestos a pasearla, la ciudad cuenta con un interesante
casco antiguo y calles laberínticas por las que perderse en
busca de continuas sorpresas. De inexcusable visita son la
Catedral, el Parque Genovés o la Torre Tavira. A la hora de
encontrar refresco, el chapuzón será la mejor solución en la
coqueta y cercana playa de La Caleta (la típica de los
gaditanos) o en la kilométrica de La Victoria, que corre
paralela a la parte nueva de la ciudad.
Se echa en
falta la típica plaza de toros porque en la provincia hay
varias ganaderías de toros de lidia, como el famoso hierro de
la de Torrestrella. No obstante en la cercana plaza del Puerto
de Santa María tiene lugar una destacable feria a lo largo del
verano.
El campo de
fútbol del Cádiz Club de Fútbol es otro punto de interés.
Gracias al empuje de su inquebrantable afición, y a pesar de
las horas bajas que atraviesa el equipo, cada partido se
convierta en toda una disputada final de liga. No hay que
perderse su ya clásico torneo de verano en el que, tras
disputarse la final, tiene lugar una popular barbacoa nocturna
en la playa de La Victoria. Los aficionados se reúnen en grupos
para cocinar sus vituallas, llegando a juntarse más de cien mil
personas en la edición del pasado año.
Y ya que hablamos de comida,
no será difícil disfrutar de sus pescados, de sus vinos o de
sus frutas, sin olvidar los higos chumbos, claro. Así que, a la
hora de hacer un alto para llenar el estómago, habrá que
degustar unos apetitosos “cartuchos” (cucuruchos de papel)
de “pescaíto” frito (chipirones, puntillitas, cazón en
adobo, huevas...) regado, para que pase mejor, con unos
fresquitos “butanos” (botellas de cerveza). Dicen que el “cazón
en adobo” consigue crear adicción. Yo fui uno de los
enganchados...
Continúa
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