|
Súbito
desconcierto provoca al forastero el Salar de Uyuni. No es para
menos, este enorme lago seco de sal es el salar más grande y
alto del planeta. Sobre su superficie completamente uniforme y
de cegadora blancura, se dibujan polígonos casi geométricos
que forman las partículas de sal, como si de un gran puzzle se
tratase. Son varias
las islas de tierra desperdigadas en su interior que, debido a
la reverberación de la luz, desde la lejanía parecen
suspendidas en la más absoluta nada.
La más singular es la
Isla de Lomo de Pescado que está situada en pleno corazón de
este evaporado mar albino. Sorprende que a pesar de su entorno
hostil posea variada fauna y tenaz flora que asombra por el gran
tamaño de sus cactus en forma de candelabro. Un delirante
enjambre de senderos, muchas veces imprevisibles, obligan a
utilizar la brújula para navegar a ras de suelo sobre la sal
hasta conectar con las aldeas de su costa, en las que todavía
se extraen las partidas de sal con pico y pala.
Como valiente centinela del
salar, en una de sus orillas se alza el volcán Thunupa,
protagonista al igual que otros volcanes vecinos, de antiguas
leyendas que narran la creación del salar.
La ascensión a sus
5.400 m. se realiza en el día y es técnicamente sencilla a
través de largas pedreras de escombro volcánico. Desde su cima
el espectáculo que se contempla es una auténtica borrachera
para los sentidos, especialmente al atardecer, cuando las
ultimas luces rompen el cielo y se escapan por los confines de
un blanco tan irreal...
Continúa

|