Esquiando
A 2.020 metros, con los esquís calzados, se inicia el ascenso.
Después, llega la hora de deslizarse por los 43 kilómetros de pistas balizadas que
discurren desde el Puig Falcó (mayor cota esquiable del Pirineo, 2.750 metros). Durante
todo el recorrido, los esquís salpican nieve polvo, garantizada por la gran altitud y los
más de cien cañones de nieve artificial. Los modernos remontes permiten que la cuota
máxima de público en la estación triplique las estimaciones de público. Haría falta
llenar los hoteles de tres valles como Boì para que la estación se saturara. Además, su
lejanía de grandes núcleos urbanos dificulta el ir y venir diario a la estación para
esquiar sólo unas horas. Para eso, hay otras estaciones con accesos más cómodos. Boì
es el rincón idóneo del Pirineo para perderse y huir de las aglomeraciones mientras se
disfruta del esquí.
En Pla de Vaques, la cota mínima, se ubican la mayor parte de
los servicios que cubren las necesidades de cualquier esquiador: desde aquel que acude en
familia hasta los grupos numerosos. Unos y otros encuentran cafetería, self service,
tiendas, alquiler y reparación de material, dos escuelas de esquí, oficinas de
información, servicios de enfermería y seguridad, y un jardín de nieve para los
pequeños -a partir de dos años- donde pueden aprender a amar el deporte blanco de la
mano de expertos monitores.
Puig Falcó también permite experimentar una emocionante
sensación cuando se disfruta simultáneamente del descenso por las pistas más
complicadas mientras se observa la excepcional panorámica que ofrece la altura de este
pico. El Aneto, la mayor cumbre Pirenaica, se divisa en la cercanía, y los sugerentes
descensos que desde allí se vislumbran ayudan a combatir las bajas temperaturas propias
de esta altitud.