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Reflexiones sobre
una bici
Texto y fotos: Juan Antonio Alegre Muñoz.
VOLVER A
CASA Y...
VOLVER A EMPEZAR
Tras
recorrer el Río Amarillo, Tíbet y sur de China decidí, animado por un ciclista alemán,
enlazar la colonia portuguesa de Macao - el 20 de diciembre volvía a la soberanía de la
República Popular de China con respecto a Portugal - con Lisboa. De una esquina de Asia a
la otra de Europa, dos continentes de cabo a rabo, con la única ayuda de mi bicicleta.
Desde febrero de 1999 hasta comienzos de noviembre perseguí este objetivo hasta
finalmente alcanzarlo. Claro que para mí esto no suponía un reto deportivo, ni mucho
menos, porque en el fondo lo que yo quería era ver los mercados de Kashgar; pedalear por
la ruta del Karakórum; visitar las ruinas de Persépolis; conocer Isfahán, Capadocia,
Estambul, Zagreb, Liubliana, Verona, Avignón...; y tomarme para finalizar un buen plato
de bacalao en Lisboa...
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Finalmente, me encuentro de nuevo en la
casa de mis padres en Madrid. No tengo claro si por pasar las navidades del tan esperado
año 2000 con ellos; porque, comparado con los kilómetros que llevo estoy al lado de
Lisboa, o porque allí en el Cabo de Roca, el punto más Occidental de Europa se me acaba
la tierra para seguir pedaleando. Durante año y medio he tenido la fortuna de comprobar
como la esperanza de una ilusión por realizar es mayor que su propia realización. Y es
que a lo largo de los días soñaba con ella de muy distintas formas, pero cuando
finalmente se alcanza y se convierte en realidad, aún superando el más bello de los
sueños, va a mezclarse inevitablemente con algo de melancolía. Pues la consecución de
ese objetivo vivido es ya tiempo presente y en un momento será pasado. La supuesta meta
ha sido cruzada y te quedas vacío, sin rumbo. Las necesidades básicas como comida y
alojamiento, mi única preocupación meses atrás, están más que cubiertas y las otras,
encuadradas en un nivel superior, son las que me vuelven a plantear quebraderos de cabeza
y necesidad de fuga. Quizá sean estas las que produzcan unos resultados más a largo
plazo, cuando se consigue una mayor perspectiva del tiempo vivido. Mientras llega ese
momento me conformo con las palabras de Paul-Emili Victor: "La aventura es la única
manera de robarle tiempo a la muerte"... |