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Sumario

Introducción
Memoria de una utopía
Viajeros al tren...
¡A toda Máquina!
Tierra y Libertad
Ventana a las Barrancas
Resistencia Tarahumara
Los «pies» más ligeros que se conocen
Fiebre del Oro
Pioneros y Forajidos
Fin de Trayecto

Guía Práctica

 

 

Otros Reportajes

El Guardián de las Barrancas
Ferrocarril Chihuahua-Pacífico
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez.
 
 Pioneros y Forajidos
 
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© Victoria Sánchez

De vuelta a la estación de Bahuichivo, lo mejor, mientras llega el tren, es hacer tiempo con la ayuda de los tentadores tenderetes que ofrecen sabrosas gorditas, quesadillas, burritos, tacos… ¡PIIIII!. ¡Viajeros al trennn…!. "El ferrocarril siempre cumple con quien espera paciente" dice un paisano en el anden. Así es, todos los días retraso arriba o retraso abajo, carga, descarga y acarrea mercancías y viajeros. Atrás quedaron los años en que con cuatro troncos en la vía, a lomos de caballo y a punta de viejos Colt, los pasajeros del tren eran desvalijados y el servicio demorado por cuatreros asaltatrenes, y que hoy, los "trenistas" más veteranos recuerdan en vibranantes relatos, mientras el tren, su tren, sigue rodando sobre una línea gratamente irreal.

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© Victoria Sánchez

Curva; contracurva; puente; túnel; no hay reposo, el convoy se retuerce en un alarde de acrobacia por el escarpado anfiteatro montañoso de Temoris. Se impone marcha lenta en la maniobra, la locomotora y los vagones son engullidos pausadamente por las fauces de la barranca. Como si fuesen de goma, los rieles se estiran y se encogen entre abismos y verticales farallones de roca, consiguiendo descender en zig-zag a lo largo de tres niveles de vía hasta tocar tierra firme. Un enorme cartel junto a la vía conmemora el esfuerzo que supuso completar este eslabón de la cadena. Con la tranquilizadora horizontal ya recuperada, el paisaje que ofrece la ventanilla va menguando en intensidad sorpresiva y llega el turno de las grandes extensiones semidesérticas, en las que el cactus de candelabro y la serpiente de cascabel son sus fieles guardianes.

El sol se esta ocultando y ponemos pie a tierra en el apeadero de El Fuerte, mientras las últimas luces dan penumbra a las empedradas calles de esta ciudad bastión. Construido para proteger a los colonos españoles de los constantes ataques indios, El Fuerte, era la frontera límite a partir de la que el territorio era considerado como "indómito". Cientos son las crónicas que narran las penosas expediciones de avance de soldados, jesuitas y pioneros hacía las montañas siguiendo el curso de los ríos. Posteriormente y como consecuencia de la fiebre del oro, El Fuerte, fue convirtiéndose en ciudad de negocio e intercambio para mineros, buscadores de oro y buscavidas. Si paseamos por su Plaza de Armas y alrededores, conseguiremos facilmente la alquimia de transformarnos en aguerridos aventureros de hace cuatro siglos…

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