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Sumario

Introducción
Memoria de una utopía
Viajeros al tren...
¡A toda Máquina!
Tierra y Libertad
Ventana a las Barrancas
Resistencia Tarahumara
Los «pies» más ligeros que se conocen
Fiebre del Oro
Pioneros y Forajidos
Fin de Trayecto

Guía Práctica

 

 

Otros Reportajes

El Guardián de las Barrancas
Ferrocarril Chihuahua-Pacífico
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez.
 
 Resistencia Tarahumara
 
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© Victoria Sánchez

Un largo silbido detiene a la renqueante "serpiente metálica", llegamos a la estación de Divisadero que, como su nombre ya advierte, promete magnificas panorámicas. Así es, a tan solo 50 pasos de la concurrida estación, una barandilla separa la horizontal del abismo que se desploma bajo nuestros pies. Frente a la retina tenemos al "descuartizado" por el cuchillo de la erosión Cañon del Cobre. Son varios los hoteles que se levantan en los bordillos de este mirador de vanguardia, para ofrecer a sus huéspedes algunas de las secuencias más impactantes del continente.

Conviene no olvidarse unos prismáticos para disfrutar todavía más de los numerosos puntos de avistamiento, especialmente al amanecer y a la caída del sol, que bien merecen unos días de alojamiento, en compañía de los muchos colibrís que pululan en busca de alimento. Además, desde aquí es fácil colarse en el infinito laberinto de caminos abiertos por los indios tarahumara, veredas que están en uso y que conectan a pie, a caballo o en bici, con los rincones más insospechados.

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© Victoria Sánchez

Los Jesuitas, en 1607, fueron de los primeros en contactar con las tribus de la sierra, con el objetivo de inocularles nuevas doctrinas, para lo cual llegaron a levantar más de 100 misiones, muchas de ellas todavía en pie y dispuestas para su visita. Sin embargo, con el descubrimiento de metales preciosos y la consiguiente "fiebre del oro", la esclavitud de los indios fue un echo. Esto, unido a las nuevas enfermedades traídas por los blancos, la imposición de creencias diferentes y la ocupación de sus tierras, provoco rebeliones que desembocaron en la quema de iglesias y el asesinato de curas, en un intento desesperado por expulsar al invasor. Pero la represalia militar de la corona fue brutal y, como siempre, perdieron los de siempre. A las ordenes de un capitán fueron decapitados y clavados en estacas 33 tarahumara como escarmiento. Asumiendo su total desventaja los tarahumara se replegaron a las montañas, siendo pocos los que aceptaron las nuevas corrientes.

Esta huida masiva provocó que algún clérigo de rango, empeñado en "domar" a estos "salvajes", exigiera a la corona el envió del ejercito para hacer regresar a los indios a la fuerza, de forma que "aprendieran a amar y a vivir de manera civilizada"… Siempre al amparo de un "ojo de agua" (manantial o riachuelo), los tarahumara,o raramuri como ellos se denominan, se establecen en cabañas de adobe o cuevas naturales, y sacan adelante sus cultivos aprovechando algunas de las técnicas y animales de labor importadas por los españoles. La escasez de agua y de buena tierra en la región les obliga a viajar con el clima, estableciendo sus ranchitos de verano en las frescas mesetas y de invierno en los cálidos fondos subtropicales de los cañones. Poseen sus propias leyes tutelados por el "siriame" (gobernador) al que se elige con el consentimiento de los gobernados, y tanto hombre como mujer aparentemente disfrutan del mismo trato.

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© Victoria Sánchez

En este escenario tan desamparado, a orillas de lo sobrenatural, es fácil aceptar que la concepción de "lo divino", al igual que para sus íntimos pobladores, sean el sol, la luna, los relámpagos, el viento, la madre, el padre… Su vida, cargada de espiritualidad se sostiene aferrada a complejos rituales puros o sincréticos, según sean "gentiles"; el grupo cuyos antepasados no aceptaron las normas jesuitas, o "bautizados"; hoy el grupo más numeroso. Tanto en las ceremonias de "gentiles" como de "bautizados" corre presto el "tegüino, que es una bebida fermentada del maíz, bajo cuyos efectos bailan como forma de oración y se comunican con las fuerzas superiores en íntimos rituales siempre parejos al ciclo del maíz. La "tesgüinada" esta presente en todos los aspectos de su vida y es el vehículo necesario para tomar cada decisión. Muy importante para esta cultura es el ritual de los muertos, en el que el chamán sale en busca del peyote (cactus alucinógeno), con el que hablará antes de ser cortado y, luego, junto a familiares del muerto elegidos por él lo chuparán y bajo sus efectos podrán comprobar si el espíritu del difunto se fue definitivamente. Una vez finalizada la ceremonia, todos deberán purificarse con humo de hoguera, pues el peyote podría llegar a robarles el alma...

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