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Desde el
timón de frenado, Ignacio, nuestro veterano maquinista, sujeta
con tacto la maquinaria, la próxima parada es Creel, puerta de
entrada a uno de los caos orográficos más espectaculares del
planeta: Un sistema de cañones equivalente a cuatro veces el Gran
Cañón del Colorado, conocido como Las Barrancas del Cobre.
Creel, que surgió como dormitorio de las cuadrillas de
trabajadores del ferrocarril, hoy se ha convertido en lejano
centro maderero, en el que lo mismo te cruzas con un mestizo que
luce orgulloso su sombrero "Tony Montana" y machete al
cinto, que con un altivo indio recién salido de una película del
"Far West".
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La iglesia que
preside su plaza y la casa de las artesanías, ubicada en la vieja
estación, están a un salto de vagón. Por cierto, si la noche
fue algo "movidita", en el propio apeadero de la
estación, se puede recuperar honrosamente la compostura gracias
al peculiar "Hospital de crudos". Una tabernita en la
que se prescribe Caldo de Oso o Sopa bien cargada de gomilla
(salsa picante), que dicen espantan como nada a la
"cruda" (borrachera ). Tomando como punto de partida
Creel o las anteriores estaciones de San Juanito o La Junta, se
puede llegar en vehículo hasta el Parque Nacional de Basaseachi,
en donde los miradores sobre el salto al vacío de la Cascada de
Basaseachi. (246 m.) y la de Piedra Volada (452 m.), así como los
casi 1.000 m. de la pared del Gigante, dejan atónito al
espectador caminante.
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Al otro lado
de la vía, el Lago Arareco, la Cascada de Cusarare y la pista de
tierra que conduce a Batopilas, el pueblo con más tradición
minera de la sierra, son de obligada visita. Este camino a
Batopilas se descuelga por los escabrosos surcos de la barranca,
atravesando pequeños ranchitos tarahumara y excepcionales
miradores. Cuentan que ni las mulas ni los indios daban a vasto
para sacar todo el oro que las minas de Batopilas vomitaban. Este
aluvión de metales preciosos y minerales que la Sierra Tarahumara
ha regalado, es el resultado de una intensa actividad volcánica y
de unos violentos movimientos tectónicos que levantaron la sierra
Madre Occidental y fracturaron la corteza, modelando elevadas
mesetas (algunas por encima de los 3.000 m.).
Después las profundas grietas
encauzaron el agua de lluvia y, ya en forma de arroyos, cincelaron
un sistema de cañones único en el mundo: Barranca de Urique,
Sinforosa, Batopilas, Candameña, Chinipas, Oteros y del Cobre.
Cuesta imaginar como el ser humano se ha podido adaptar a un
paisaje tan devastador, especialmente si pensamos en los crudos
inviernos nevados.
Continua... >
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