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Doroteo
Arango, su primigenio nombre, se echo al monte a los 16 años tras
matar a su patrón, pues éste había violado a su hermana de 12.
Huyó a la sierra y se unió a una banda de forajidos, de la que
posteriormente asume el mando. Era el "bandido" de
Chihuahua, Durango y Sonora, asaltaba los convoyes de las minas y
repartía generosamente los botines, ganándose respeto y apoyos
en todas las poblaciones. Como atestiguan sus biógrafos "era
hombre que no se sometía a ninguna disciplina pero que sabía
imponerla". Y por dura que fuera la "balacera"
siempre salía airoso, forjándose así, una fama de invencible
que le acompaño hasta el día de su muerte. Villa, junto a su
ejercito guerrillero, entra en la escena de la revolución en 1910
y consigue ser proclamado Gobernador del Estado, pero tras ordenar
importantes medidas sociales como el reparto de tierras, cede el
puesto y vuelve a la batalla.
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A pesar de
dominar las dos terceras partes del país, es hecho prisionero y
aprende a leer en la cárcel, de la que consigue escapar. Su
cabeza tenía precio ya fuera vivo o muerto, pero siempre tuvo
amigos en la retaguardia que le escondieron hasta que en 1914
junto a Zapata consiguen entrar victoriosos en Ciudad de México.
Sin embargo, las truculentas alianzas del poder enojan a Villa y
vuelve a la clandestinidad. Su acción más osada consistió en
atacar con un puñado de hombres New México (EE.UU.), a partir de
entonces su cabeza también comienza a cotizar en dólares. A día
de hoy, Pancho Villa y sus hombres, siguen siendo el único
ejercito del mundo que ha conseguido invadir los EE.UU.
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Generales
famosos por su participación en la Primera Guerra Mundial y
cadetes, en aquel entonces, que después tendrían gran
protagonismo en la Segunda Guerra Mundial, buscaron durante meses
al enemigo público número uno. Nunca lo consiguieron, Villa
resistía en la sierra y seguía la lucha, sus escaramuzas son
famosas por su osadía y velocidad, aplicaba astutas estrategias
militares, y donde menos se le esperaba atacaba a las columnas de
federales que le perseguían. Los indios decían que los soldados
no le encontraban porqué cambiaba de aspecto; a veces era perro;
a veces pájaro; otras lobo...
Años después, Villa firmará
el abandono de las armas y recibirá del Estado un pago por los
servicios prestados a la revolución (con el que compra la Casa
Museo que hemos visitado en Chihuahua). Sin embargo, para muchos
la cabeza de Villa seguía teniendo alto precio y, en julio de
1923, es asesinado víctima de una emboscada y de una trepidante
vida siempre arriesgando al límite. Afortunadamente para
nosotros, ahora, "el Chepe" esta cruzando por donde
cruza el viento que borraba las huellas del caballo de Villa, y la
imaginación no puede sino fantasear con aquellos días en los que
si tu cabeza tenía precio muchos eran los que querían cobrar en
efectivo… Entonces, solo el laberinto de las barrancas ofrecía
eficaz protección.
Continua... >
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