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Pero regresemos al
tren que ya coge inercia y rueda a unos "meteóricos" 45
kilómetros por hora, su velocidad media durante todo el
trayecto. ¿Quién dijo prisa, teniendo la oportunidad de ser
pasajeros en el tiempo de un tren de leyenda, en el que sus
ventanillas se irán transformando en magnificas pantallas
tridimensionales de cine…? Nuestro "caballo de
hierro", que es una locomotora General Motors del 65, apodada
la "Lewinsky", cabalga raudo azuzado por las riendas de
una simpática tripulación. Ignacio, el maquinista, comenta que
se necesitarán de 2.000 a 4.000 caballos de potencia para salvar
los increíbles desniveles por los que vamos a aventurarnos.
Conoce bien la
vía, mejor que la palma de su mano, lleva 30 años de
"trenista" y es el más veterano del equipo que
completan Américo, el ayudante o fogonero, como todavía se les
nombra por herencia de las primeras máquinas de vapor, y por
Manuel Angel, el que ordena todos los movimientos del tren. Los
tres coinciden en que la línea se salvará del abandono, gracias
a la apuesta que esta haciendo el estado por hacer de ella un
destino turístico, que cada vez esta teniendo más aceptación.
Así es, a falta de retocar la carretera "Gran Visión"
que ya cruza el corazón de la Sierra Tarahumara, hoy, el
ferrocarril o los lomos de una mula, siguen siendo el mejor medio
de transporte para internarse en los confines de un escenario
mágico que aun permanece como lo encontraron los primeros
exploradores.
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Chihuhua va
quedándose a espaldas del horizonte y en Cuauhtemoc, los afanados
protestantes menonitas, de origen alemán, que se refugiaron en
estos campos, sacan adelante sus cultivos y su ganado apartados
voluntariamente del progreso y aferrados a unos tiempos ya
superados... Hay que probar el rico queso que elaboran y venden a
los visitantes. Más adelante, en Ciudad Guerrero, también es de
obligada visita la Casa de Doña Carolina, un coqueto restaurante,
que hace del producto estrella de la zona, la manzana, fundamento
para elaborar exquisitos platos, bebidas y postres. Más que un
restaurante es un "altar" en honor a la manzana y al
buen gusto… Inevitable repetir postre.
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Pronto el
ingenio mecánico necesitará de una segunda máquina para encarar
"el cuestómetro" que desde La Junta (antiguo final de
vía), alcanzará la divisoria del espinazo continental que separa
los dos Océanos, y que como explica uno de los cientos de
leñadores que rebosan los vagones camino de los bosques de San
Juanito: "Se sube según se va y se baja según se
viene". Hace rato que el madrugón se esfumo por la
ventanilla, y uno comienza a comprender el verdadero alarde de
ingenio que supuso hilvanar esta vía a través de un terreno
tremendamente hostil. Es una obra que bien podría catalogarse de
microcirugía ferroviaria, en la que el bisturí de los cirujanos
ferroviarios tubo que abrirse paso certero, cauterizando este
suelo arrugado por las presiones telúricas que convergen bajo la
Sierra Tarahumara. El escondite protector durante años de un mito
llamado "Pancho Villa", del que se dice también
trabajó para el ferrocarril.
Continua... >
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