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Acostumbrados
a cierto retraso, esta vez casi nos quedamos en tierra, la
presurosa carrera nos recuerda que el ambiente ya es caluroso y
que la humedad delata la presencia cercana del Océano. Son los
últimos kilómetros, quizá los más tristes para el turista,
pues finaliza este magnifico viaje; pero eufóricos con toda
seguridad, para los que consiguieron llegar por primera vez sobre
esta prodigiosa alfombra de rieles hasta la misma orilla del
Pacífico. "Fin de trayecto", vocea el interventor para
los más despistados. El tren ha echado ancla en los Mochis,
moderna ciudad en donde, ahora, finaliza la línea para turistas.
Sin embargo,
cerca, muy cerca, los rieles casi se mojan con el oleaje de la
Bahía de Topolobambo; aquel rincón olvidado en el mapa que
embaucó el pensamiento de Mr. Albert Kimsey Owen, "el
hechicero del este americano"; el que soñó con juntar
continentes, océanos, desiertos y montañas; aquel que pensó que
las comunicaciones eliminarían definitivamente las diferencias
sociales… "¡Salud Mr. Owen!, ¡salud por todos aquellos
que consiguieron lo imposible y por los se empeñan en
mantenerlo!": brindamos en una cantina de la playa de Maviri
(Topolobambo), mientras damos cuenta de un exquisito pescado
"sarandeado" con la mejor música de fondo para la
ocasión: Los Rieleros del Norte, más conocidos como "La
Máquina Musical Norteña"...
- ¿Señor,
otra margarita?:
- La última por favor que mañana madrugamos para tomar el ferry
que cruza a la Paz (Baja California), dicen que se ven ballenas
del tamaño de trenes…
- Así es señor, yo he visto algunas tan grandes que les cabría
una máquina enterita en la barriga…
Continua... >
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