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Sumario

Introducción
Memoria de una utopía

Viajeros al tren...
¡A toda Máquina!
Tierra y Libertad
Ventana a las Barrancas
Resistencia Tarahumara
Los «pies» más ligeros que se conocen
Fiebre del Oro
Pioneros y Forajidos
Fin de Trayecto

Guía Práctica

 

 

Otros Reportajes

El Guardián de las Barrancas
Ferrocarril Chihuahua-Pacífico
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez.
 
 Memoria de una utopía
 
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© Victoria Sánchez

Mientras esperamos a pie de andén, ojeo la biografía de la leyenda rodante que tengo enfrente. La construcción de "El Chepe" es la historia de un amor imposible y de una obsesión en la que soñadores, revolucionarios, mecenas e indígenas hicieron posible lo imposible: "el ferrocarril más difícil que se conozca". Fué el estadounidense Albert Kimsey Owen el sagaz visionario que encontró el camino comercial más corto -el que tanto buscó colón- entre la costa del Pacífico y Europa. Su empeño fue abrir una "línea mágica" que conectara la costa atlántica americana con la mexicana Bahía de Topolobambo, pues esta bahía, por aquel entonces olvidada en los mapas, es la zona del Pacífico más cercana a los puertos New York, más que cualquiera de las costas estadounidenses.

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© Victoria Sánchez

Una esquina única en el mapa que evitaría infinitos rodeos. Owen, idealista, luchador y libertario -participo activamente a favor del voto femenino-, soñaba con hacer un mundo unido por el transporte, adivinaba en los rieles y en la revolución de las comunicaciones una "vía" para la abolición de las injusticias sociales. Pero un desafío de tal magnitud necesitaba de muchos dólares y, como suele ser habitual, el capital dio la espalda al "loco" sueño de un adelantado de su época. Tras años de esfuerzos contracorriente para conseguir fondos, Owen, tiene que rendirse ante la evidencia de los números y de los mediocres. Sin embargo, su sueño sigue despierto y años después, a pesar de los financieros de Wall Street, lo retoman nuevos protagonistas gracias a las generosas concesiones mexicanas. El tendido de rieles inicia su periplo en cinco secciones intermedias que deberían ir avanzando hasta encontrarse.

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© Victoria Sánchez

No fue empresa fácil, eran tiempos de reequilibrios sociales, y al grito de "Tierra y libertad" se frenó el avance de la línea, incluso los rieles se arrancaron para sufragar la lucha insurgente. Venció la revolución mexicana y un invitado sorpresa, el hallazgo de petróleo en la zona, relanzó por enésima vez la construcción del ferrocarril. La línea se nacionalizó y siguió avanzando hasta que se topó, primero, con el Crak de la Bolsa de New York y, después, contra los contrafuertes de la Sierra Madre Occidental, una trampa orográfica que precisaba de muchas infraestructuras, en una inversión que no encontraba fondo.

Pasada la Segunda Guerra Mundial, se afrontó definitivamente el tramo más complicado de la línea, en el que la astucia de los ingenieros, los cartuchos de dinamita y las cuadrillas de trabajadores dieron lo mejor de sí mismos, con la indispensable ayuda de los indios de la sierra. En 1961, una locomotora consiguió juntar lo injuntable, Kansas City con Topolobambo, 90 años después de la "loca" idea de Owen… Nunca la distancia más corta fue tan larga de completar.

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