Salzburgo es una magnífica localidad
situada en el centro de Austria, que debe su nombre a las minas
de sal que existieron en esta zona y que son hoy en día uno de
los principales atractivos turísticos del país. Es la ciudad
de Austria con más afluencia de turistas después de Viena. En
agosto la ciudad se encuentra en plena celebración de su
festival de música y las calles están abarrotadas de gente que
va a la ópera. Pero como todo lo bueno es caro, se encuentra
también entre las ciudades más caras de Austria.
Salzburgo se creó y creció a ambos
lados del río Salzach. Se encuentra encajada entre dos grandes
bloques montañosos y rodeada por picos alpinos que ayudan a
realzar su majestuosa arquitectura. Posee todos los atributos de
una capital -grandeza, cultura y una historia fascinante- y sin
embargo la localización de una pequeña aldea de montaña. Es
también ejemplo de la ciudad austriaca en su aspecto más
pintoresco: la ciudad que vio nacer a Mozart parece haberse
parado en el tiempo y trasladado al visitante al siglo XVI,
sensación que se acentúa cuando vemos pasear a sus habitantes
vestidos con trajes típicos de la época.
Los lugares de interés están todos
muy juntos y se pueden visitar a pie. La catedral y las plazas
intercomunicadas que la rodean forman lo que era antiguamente el
centro religioso, alrededor del cual se concentraban las
principales iglesias y residencias de los obispos.
En la parte antigua es donde se
encuentran reunidos los lugares de mayor interés, entre el
Mönschberg y el río Salzach. El casco antiguo está plagado de
rincones de interés histórico. Cada callejuela, cada esquina,
va hechizando al visitante y reduciendo su voluntad. En ella se
encuentra el mejor barroco del país, además de un incomparable
patrimonio musical, música que está en todas partes: en las
iglesias, en los castillos, en las salas de conciertos...
Destacando entre todos los
monumentos, la catedral, cuyo interior, verdaderamente llamativo
y sorprendente, la convierten en una visita imprescindible;
allí se exhibe con orgullo la pila donde fue bautizado Mozart.
La abadía de San Pedro, la iglesia franciscana o la
Kollegienkirche también forman parte del recorrido fundamental,
así como la famosísima calle Getreidegasse, la más típica
del viejo Salzburgo, abarrotada siempre de turistas para admirar
los rótulos de hierro forjado a la puerta de los comercios, y
visitar la casa natal de Mozart. Pero es desde la altura como
mejor se aprecia la belleza de esta ciudad, todo un “campo”
de cúpulas barrocas y hermosos edificios, que tienen su mejor
vista desde la fortaleza Hohensalzburg. Termine su visita en el
palacio de Mirabell y contemple sus maravillosos jardines desde
lo alto de la escalera donde Julie Andrews cantó Do-Re-Mi en la
película “Sonrisas y Lágrimas”. ¿Quién podrá sustraerse
a esta fantasía?
Ya en las afueras hay dos lugares que
no debe olvidar: las minas de sal de Hallein y el palacio de
Hellbrunn. Este último, construido por el italiano Santino
Solari para el principe arzobispo Markus Sittikus, es un
edificio de estilo toscano de color amarillo que recuerda más a
Italia que a Austria, elegante en medio de un hermoso parque que
cuenta con más de 20 divertidos juegos de agua, fuentes,
estanques, cuevas con juegos acuáticos, donde pasará una
jornada inolvidable sobre todo si va con niños.
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