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Sumario

Un país, muchas posibilidades
Del tópico a la sorpresa
Regalos para el paladar
Mucho más que valses
Viena: arte, cultura y algo de romanticismo
Recorriendo el Danubio: un crucero por el Wachau
La ciudad de la sal
El Distrito de los Lagos, un paraíso al alcance
10 ideas para no perderse
Guía Práctica
 

 

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Austria
Sinfonía de Contrastes
Por Elena Cano
 
 Viena: arte, cultura y algo de romanticismo
 
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© Elena Cano

Viena es una ciudad monumental en el más amplio sentido de la palabra, herencia de esos siglos en que los Habsburgo la convirtieron en una de las grandes capitales de Europa. A ellos se debe la construcción de los más importantes palacios de verano, iglesias, castillos y palacetes por todo el país, pero sobre todo aquí, en la capital. 

Este es el mejor tesoro de la ciudad, ya que Viena cuenta con una herencia arquitectónica sorprendente, igualada por pocas capitales europeas. Por eso podemos asegurar que Viena no es una capital frívola donde solo se vive para los bailes y los dulces. A pesar de su aire melancólico, que puede aparentar a primera vista, tampoco es una ciudad apagada o lúgubre. Es una ciudad que atrae por su choque de estilos, por su arquitectura algo pomposa, por la magia de sus calles, por su alegría despreocupada. Una ciudad tolerante, que sabe convivir con espacios verdes, que cuida de sus mayores y especialmente accesible para los impedidos.

Pese a tener una escasa población, que no llega al millón y medio de habitantes, Viena es una ciudad muy compacta, ideal para ser recorrida a pie. Con la excepción de los palacios de Schöbrunn y Belvedere y del parque de atracciones del Prater, la mayor parte de los lugares de interés se hallan concentrados en el centro, el distrito 1, gran parte del cual es zona exclusiva para peatones. Aquí no existe el nerviosismo ni los embotellamientos, tan propios de otras grandes ciudades europeas, la mayor parte del tráfico se canaliza por el Ring y hay una buena red de metro y tranvías que recorren la ciudad, brindando la oportunidad estos últimos, de hacer una visita panorámica por poco dinero.

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La ciudad está creada sobre una trama medieval, de círculos concéntricos que comienzan en torno a su principal monumento: la catedral de San Esteban, el corazón de Viena, majestuosa, destacando obligatoriamente en medio de una ciudad con escasos edificios de gran altura, con su esbelta torre y su espléndido tejado tapizado de tejas esmaltadas. Y cerrando el círculo mayor de ese entramado, una gran avenida, el Ring, escaparate de los principales edificios vieneses, que surgió cuando el emperador Francisco José mandó derruir las murallas del centro de la ciudad y establecer en su lugar un ancho paseo flanqueado por hileras de árboles.

Otro escenario que el emperador abrió al pueblo fue el Prater. Parque de atracciones de Viena en la actualidad, coto de caza en tiempos de Maximiliano II. Allí se encuentra la gigantesca y famosísima noria Ferris, que fue construida en 1896 con ocasión de la Exposición Universal, inmortalizada después en la película de Carol Reed “El tercer hombre”, con unas vistas inmejorables de la ciudad. Un lugar ideal para ir con niños. Aunque lo mejor es pasear por la Hauptallee, una larguísima avenida flanqueada de castaños, que se extiende en el centro del parque a lo largo de 5 km.

En su aspecto cultural, destacar que este año se ha inaugurado el día 30 de junio el MuseumsQuartier (Barrio de los Museos, www.mqw.at) en una zona que bordea el casco antiguo, muy cerca además del Museo de Bellas Artes y del de Historia Natural, y que fusiona un edificio barroco (las antiguas cuadras de la casa imperial) con arquitectura vanguardista, creando uno de los centros culturales más grandes del mundo. Allí se ofrecerá una mezcla única de las artes aplicadas junto con eventos musicales, y se dan cita también el “Museo Leopold”, con la colección más grande del mundo de cuadros de Schiele, el “Museo de Arte Moderno”, la “Kunsthalle Wien”, etc. Todo un barrio nuevo para pasear, cenar o comprar, pues la oferta se completa con restaurantes, cafés y tiendas.

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Viena es en sí misma un magnífico escenario, compuesta casi por completo por hermosos palacios, aunque tan solo Hofburg, Schönbrunn y Belvedere son lo suficientemente grandes como para ser designados con este nombre. El resto de los palacios de Viena son en realidad grandes casas que un día sirvieron de residencia a miembros de la aristocracia. Muchos de ellos han sido restaurados recientemente y sus fachadas han sido pintadas de bellos colores pastel. Sin embargo aun quedan muchas fachadas por restaurar; intente imaginarlas tal y como fueron un día, revestidas de suaves colores. El esfuerzo valdrá la pena.

Pero la mejor manera de coger el pulso a la ciudad es paseando por sus calles, para disfrutar de su arquitectura única, para comprar, merendar, o simplemente para sentarse en una terraza de un café a “observar”. Entre ellas están el Graben, con el conjunto arquitectónico más bello de la ciudad, Kohlmarkt una de las más elegantes, Kartner Strasse de las más animadas y populosas, con un dinamismo del que carecen calles más elegantes y donde se encuentran las principales tiendas de Viena, Mariahilfer, Herrengasse, y la zona del “triángulo de las Bermudas”, en el barrio judío, al lado de la iglesia de San Ruperto, zona muy activa, con gente joven, rebosante de bares, restaurantes y galerías de arte.

Museos, parques, palacios, iglesias (San Carlos, San Pedro, los Jesuitas...) la lista sería interminable, y difícil encontrar el recorrido perfecto. Todo un basto conjunto histórico, cultural, arquitectónico, donde optar según el gusto de cada uno, por visitas imprescindibles o lugares menos conocidos pero igual de interesantes. Vanguardia o tipismo. Visitas guiadas o dejarnos llevar por nuestra propia intuición. Cada cual va descifrando sus encantos a medida que la descubre, según sus propias ilusiones, intereses, o clichés. Y el hechizo acaba siendo más fuerte un tiempo después, con unas irresistibles ganas de volver para comprobar de nuevo una emoción o un recuerdo, comprendiendo así que esta ciudad nos ha atrapado deliciosa e intelectualmente.

Continúa


 

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