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Viena es una ciudad
monumental en el más amplio sentido de la palabra, herencia de
esos siglos en que los Habsburgo la convirtieron en una de las
grandes capitales de Europa. A ellos se debe la construcción de
los más importantes palacios de verano, iglesias, castillos y
palacetes por todo el país, pero sobre todo aquí, en la
capital.
Este es el mejor tesoro
de la ciudad, ya que Viena cuenta con una herencia
arquitectónica sorprendente, igualada por pocas capitales
europeas. Por eso podemos asegurar que Viena no es una capital
frívola donde solo se vive para los bailes y los dulces. A
pesar de su aire melancólico, que puede aparentar a primera
vista, tampoco es una ciudad apagada o lúgubre. Es una ciudad
que atrae por su choque de estilos, por su arquitectura algo
pomposa, por la magia de sus calles, por su alegría
despreocupada. Una ciudad tolerante, que sabe convivir con
espacios verdes, que cuida de sus mayores y especialmente
accesible para los impedidos.
Pese a tener una escasa
población, que no llega al millón y medio de habitantes, Viena
es una ciudad muy compacta, ideal para ser recorrida a pie. Con
la excepción de los palacios de Schöbrunn y Belvedere y del
parque de atracciones del Prater, la mayor parte de los lugares
de interés se hallan concentrados en el centro, el distrito 1,
gran parte del cual es zona exclusiva para peatones. Aquí no
existe el nerviosismo ni los embotellamientos, tan propios de
otras grandes ciudades europeas, la mayor parte del tráfico se
canaliza por el Ring y hay una buena red de metro y tranvías
que recorren la ciudad, brindando la oportunidad estos últimos,
de hacer una visita panorámica por poco dinero.

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La ciudad está creada
sobre una trama medieval, de círculos concéntricos que
comienzan en torno a su principal monumento: la catedral de San
Esteban, el corazón de Viena, majestuosa, destacando
obligatoriamente en medio de una ciudad con escasos edificios de
gran altura, con su esbelta torre y su espléndido tejado
tapizado de tejas esmaltadas. Y cerrando el círculo mayor de
ese entramado, una gran avenida, el Ring, escaparate de los
principales edificios vieneses, que surgió cuando el emperador
Francisco José mandó derruir las murallas del centro de la
ciudad y establecer en su lugar un ancho paseo flanqueado por
hileras de árboles.
Otro escenario que el
emperador abrió al pueblo fue el Prater. Parque de atracciones
de Viena en la actualidad, coto de caza en tiempos de
Maximiliano II. Allí se encuentra la gigantesca y famosísima
noria Ferris, que fue construida en 1896 con ocasión de la
Exposición Universal, inmortalizada después en la película de
Carol Reed “El tercer hombre”, con unas vistas inmejorables
de la ciudad. Un lugar ideal para ir con niños. Aunque lo mejor
es pasear por la Hauptallee, una larguísima avenida flanqueada
de castaños, que se extiende en el centro del parque a lo largo
de 5 km.
En su aspecto cultural,
destacar que este año se ha inaugurado el día 30 de junio el
MuseumsQuartier (Barrio de los Museos, www.mqw.at) en una
zona que bordea el casco antiguo, muy cerca además del Museo de
Bellas Artes y del de Historia Natural, y que fusiona un
edificio barroco (las antiguas cuadras de la casa imperial) con
arquitectura vanguardista, creando uno de los centros culturales
más grandes del mundo. Allí se ofrecerá una mezcla única de
las artes aplicadas junto con eventos musicales, y se dan cita
también el “Museo Leopold”, con la colección más grande
del mundo de cuadros de Schiele, el “Museo de Arte Moderno”,
la “Kunsthalle Wien”, etc. Todo un barrio nuevo para pasear,
cenar o comprar, pues la oferta se completa con restaurantes,
cafés y tiendas.

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Viena es en sí misma
un magnífico escenario, compuesta casi por completo por
hermosos palacios, aunque tan solo Hofburg, Schönbrunn y
Belvedere son lo suficientemente grandes como para ser
designados con este nombre. El resto de los palacios de Viena
son en realidad grandes casas que un día sirvieron de
residencia a miembros de la aristocracia. Muchos de ellos han
sido restaurados recientemente y sus fachadas han sido pintadas
de bellos colores pastel. Sin embargo aun quedan muchas fachadas
por restaurar; intente imaginarlas tal y como fueron un día,
revestidas de suaves colores. El esfuerzo valdrá la pena.
Pero la mejor manera de
coger el pulso a la ciudad es paseando por sus calles, para
disfrutar de su arquitectura única, para comprar, merendar, o
simplemente para sentarse en una terraza de un café a “observar”.
Entre ellas están el Graben, con el conjunto arquitectónico
más bello de la ciudad, Kohlmarkt una de las más elegantes,
Kartner Strasse de las más animadas y populosas, con un
dinamismo del que carecen calles más elegantes y donde se
encuentran las principales tiendas de Viena, Mariahilfer,
Herrengasse, y la zona del “triángulo de las Bermudas”, en
el barrio judío, al lado de la iglesia de San Ruperto, zona muy
activa, con gente joven, rebosante de bares, restaurantes y
galerías de arte.
Museos, parques,
palacios, iglesias (San Carlos, San Pedro, los Jesuitas...) la
lista sería interminable, y difícil encontrar el recorrido
perfecto. Todo un basto conjunto histórico, cultural,
arquitectónico, donde optar según el gusto de cada uno, por
visitas imprescindibles o lugares menos conocidos pero igual de
interesantes. Vanguardia o tipismo. Visitas guiadas o dejarnos
llevar por nuestra propia intuición. Cada cual va descifrando
sus encantos a medida que la descubre, según sus propias
ilusiones, intereses, o clichés. Y el hechizo acaba siendo más
fuerte un tiempo después, con unas irresistibles ganas de
volver para comprobar de nuevo una emoción o un recuerdo,
comprendiendo así que esta ciudad nos ha atrapado deliciosa e
intelectualmente.
Continúa
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