Cualquier nuevo destino suele deparar
el descubrimiento de nuevos platos y sabores autóctonos, en
Austria además es una obligación conocer los locales donde se
sirven algunas de estas delicias. Tan importante es visitar un
palacio como hacer una alto en el camino en un café
tradicional, igual de interesante puede ser visitar un museo
como recrearse en el ambiente de un heurigen.
El típico café vienés, con sus
adornos en bronce, mesas de mármol, sillas de madera combada y
terraza exterior en verano, es toda una institución en la
ciudad. Todos ellos tienen los pasteles y tartas que les han
dado fama mundial, además de aperitivos ligeros, pero los
austriacos, y en especial los vieneses, lo consideran un sitio
para estar más que para comer o beber.
En cuanto a los heurigen, tabernas
situadas en las zonas vinícolas a las afueras de las ciudades,
y que se reconocen por tener una rama de arbusto colgada a la
entrada, forman una categoría especial dentro de los lugares
donde se puede comer en Austria, por su ambiente único. Allí
se degusta su famosísimo vino joven, que da nombre al lugar, en
medio de un ambiente desenfadado y alegre, donde músicos
locales animan las veladas mientras turistas y austriacos
comparten mesa, canciones y risas.

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Allá donde vaya encontrará
restaurantes al más puro estilo tradicional, con una atmósfera
típica y comida de calidad. Pero no tema, la oferta
gastronómica en los restaurantes austriacos abarca desde la
más alta calidad, con precios elevados, hasta las sencillas y
económicas comidas. La cocina austriaca se podría definir como
una cocina sólida más que delicada, abundante más que
elegante, y muy influida por la de sus países vecinos, lo que
explica la mezcla de sabores presentes en ella. Debe conocer
algunos de los platos más destacables: el tafelspitz,
una comida tan sencilla como carne de ternera hervida, con
patatas y salsa de rábano picante- famosa tal vez porque era
uno de los platos preferidos del emperador Francisco José-; el schweinsbraten,
asado de cerdo; el Schinkenfleckerin, gratinado de pasta
con jamón cocido; el wienerschnitzel o famosísimo
escalope vienés; o el Goulash, estofado de buey o vaca
con paprika, de influencia húngara.
Los panes también son una
especialidad única y aparte en este país, de todas las
variedades y formas, servidos casi siempre calientes en la mesa
con la comida y en el desayuno. Los Kornspitz o
panecillos integrales son de los más típicos, o el Krusti
Brot, recién hecho, sobre el que podrá untar Liptauer,
una deliciosa crema de queso picante.
Mención especial para los postres.
Una vez que lleguemos a este país hay que olvidarse de
conservar la línea, porque los puddings y tartas austriacos son
verdaderas obras de arte. Recuerde al menos estos tres: el Apfelstrudel
(pastel de manzanas y pasas), que podrá degustar en la
panadería del Palacio Schobrunn después de presenciar cómo se
elabora; la Sachertorte (tarta de chocolate con una capa
de mermelada de albaricoque), que recomendamos tomar en el hotel
vienés que lleva su nombre, donde se dice que se sirve la
auténtica y original receta; o, el Salzburger Nockerin (souffle
de huevo con azúcar y vainilla), el favorito de Mozart.
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