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Sumario

Un país, muchas posibilidades
Del tópico a la sorpresa
Regalos para el paladar
Mucho más que valses
Viena: arte, cultura y algo de romanticismo
Recorriendo el Danubio: un crucero por el Wachau
La ciudad de la sal
El Distrito de los Lagos, un paraíso al alcance
10 ideas para no perderse
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Austria
Sinfonía de Contrastes
Por Elena Cano
 
 Del tópico a la sorpresa
 
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© Elena Cano

La mayoría de los que llegan por primera vez a Austria esperan encontrar un lugar romántico, de cuento, inundado por la historia de los Habsburgo, unas ciudades llenas de música por todos los rincones, de viejos cafés elegantes o de impresionantes paisajes tiroleses, tantas veces contemplados en las famosas películas americanas.

En cierto modo la estampa es así. Las huellas de la pareja imperial formada por Francisco José y Sisi se encuentran por todo el país y se usan hasta la saciedad como reclamo turístico. El país entero parece vivir por momentos en otra época: muchos austriacos caminan por sus ciudades como si fueran disfrazados, con sus trajes típicos, que usan a diario en la ciudad, o en la montaña, e incluso para ir a la ópera o al teatro. Caballeros con chaquetas “austriacas” y sombreros de fieltro, jóvenes con pantalones cortos de peto, mujeres con vestidos folclóricos. ..

Ni sus ciudades ni sus gentes nos decepcionan pero descubrimos que hay otras realidades que no se apuntan en los libros. Sorprende, por ejemplo, al llegar por primera vez a Viena, capital moderna, europea, ese ambiente que evoca sin remedio las ciudades de posguerra, ciudad de los años 50, como anclada en el tiempo, con los tranvías, con su maraña de cables atravesando toda la ciudad, y sus aceras aún sin embaldosar. Toda la maravilla del casco antiguo de la capital nos deja también algo desilusionados cuando apreciamos muchos de sus edificios sin restaurar, incluidos algunos tan importantes como la propia Catedral de San Esteban o el mismísimo edificio de la Opera. El Danubio es otra gran decepción: prácticamente escondido en su recorrido por la capital, ni es azul ni tan maravilloso como la pieza de Strauss.

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© Elena Cano

Por su contra, nos alegramos al descubrir que las ciudades no resultan tan caras si se saben buscar los sitios adecuados, ni están tan masificadas de turistas como se espera. Además, Viena en concreto, nos ha sorprendido por su vitalidad, por la seguridad de sus calles, por su gente amable y abierta. Descubrimos también con alegría la naturalidad con que se combina la arquitectura imperial por ejemplo, con la vida moderna. Y sobre todo cómo las figuras de Freud, de Gustav Klimt, de Schiele o de Mozart son hoy en día atracciones más importantes que los viejos espectáculos de los caballos Lipizzainer de la Escuela Española de Equitación o el Coro de los Niños Cantores de Viena.  

Déjese sorprender. La Austria de cuento existe, en su arte plagado de historia, en sus gentes y tradiciones, en el ambiente de sus ciudades. Pero una vez que hayan atraído su atención descubrirá otra imagen mucho más interesante del carácter de este país, más allá de los reclamos turísticos, en su paisaje, en sus aportaciones culturales, en su arte, y en su actual modo de vida.

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