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VOLCANÓLOGOS
DOCTORES DE LA TIERRA
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez.
Nuestro Entrevistado: El Volcanologo Alejandro Rivera   © Victoria Sánchez

ALEJANDRO RIVERA DOMÍNGUEZ, VOLCANÓLOGO DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA

Los cerca de 600 volcanes en activo que tapizan la corteza terrestre, nos recuerdan que el planeta tierra es materia viva, que respira y se congestiona. Su actividad es el resultado de complejos procesos convulsivos que le provocan "estornudos", en forma de erupciones, que alivian su interior. Por ello, cerca de 400 "doctores" o volcanólogos, en el mundo, se encargan de auscultar y vigilar el proceso respiratorio del globo terráqueo. Alejandro Rivera es uno de esos "doctores" que le toman el pulso a la tierra para nuestra tranquilidad. Este investigador curtido por años de experiencia es un apasionado de su trabajo y confiesa que para ejercer esta profesión hay que poseer un punto extra de locura. Como él dice : "Volcanólogo, al igual que el aventurero explorador es el que lo vive". Estos buscadores de respuestas trabajan con técnicas y aparatos de alta precisión, pero sobre todo, tienen que patear las faldas del volcán, a sabiendas que no hay salvación posible si se está cerca en el momento de una explosión. Puebla es la ciudad que le vio nacer, por lo que su infancia esta ligada nítidamente a ellos, blancos conos volcánicos de hasta 5.600 m. son visibles desde su ventana. Por eso sonríe, cuando alardea de tener un laboratorio tan completo en el jardín de su casa. Ha sido testigo en los últimos 20 años de muchos de los 26.000 movimientos sísmicos que han sacudido a México, y de algunas de las erupciones que cada 6 años se dan como media en este país. De los 3000 volcanes que despuntan del suelo Mexicano tan solo 12 están en actividad, siendo la de el Colima la de mayor virulencia. Sin embargo su preferido es el Popocatepetl, "es mi volcán", y reconoce que esta montaña ha conseguido cambiarle la vida. Como parte de su trabajo, también es crítico y se queja de la falta de interés de los medios de comunicación y poderes públicos; "Los volcanes tienen su semáforo particular y hay que estar prevenidos para cuando se encienda la luz roja". Asegura que todavía hay mucho que hacer, especialmente en aspectos didácticos y sociológicos con las poblaciones cercanas a volcanes de riesgo. Pero sobre todo, insiste en que los volcanes son belleza, por eso anima a conocerlos con la debida seguridad.

Los volcanes han cautivado la atención de sus vecinos humanos desde que ambos coexisten. Infinidad de leyendas los califican como lugares mágicos y les atribuyen poderes sobre el ciclo vital de su contorno. Quizá por ello, un magnetismo especial ha empujado al hombre a convivir junto a estos inquietos colosos de la naturaleza. Desde que se conoce hay crónicas de erupciones y de tragedias sufridas por sus pobladores. Irremediablemente, en esta relación de amor y odio, el hombre y los volcanes están condenados a comprenderse. Al hilo de sus respuestas, el volcanólogo Alejandro Rivera, es nuestro ameno mediador.

Cráter del Volcán Popocate Petl de 5.465m   © Victoria Sánchez

¿Qué es un volcán?
Es la última etapa de una manifestación térmica del interior de la tierra. El característico cono volcánico es el conducto por el que sube una burbuja de material llamado magma, muy caliente y con gran cantidad de gases en solución, de manera que al salir se desgasifica y lanza ese material a la atmósfera debido a una perdida de presión. Lo mismo sucede con una botella de champán cuando la agitamos y es destapada súbitamente. Básicamente, hay volcanes en activo que dejan escurrir lava y otros que expulsan material por medio de explosiones. Ese magma expulsado es el que irá configurando su característico aspecto exterior.

Por tanto, ¿qué es un volcanólogo?
Es un individuo que quizá no este muy bien de sus facultades mentales. Es alguien que ha sido formado en lo que aquí llamamos ciencias duras, que tiene que ser un explorador, un buscador de respuestas y que también hace preguntas: ¿Por qué surgen los volcanes donde surgen?; ¿por qué funcionan así?; ¿de dónde sale el calor?; ¿qué lo genera?? Es alguien que esta trabajando en la frontera del conocimiento, pues la volcanología es una ciencia joven. En definitiva es un científico explorador cuyo laboratorio son los volcanes.

Frente al Volcán Lican Cabur de 5.868m (Bolivia)   © Victoria Sánchez

¿Cuál es su trabajo cotidiano como investigador?
Comprobar las 24 horas del día las señales microsísmicas de volcanes activos. Revisar si hay deformación del orificio volcánico y analizar la química y la temperatura de los alrededores del volcán, manantiales, pozos, etc. Un trabajo más minucioso es hacer modelos que expliquen un comportamiento regional. Esto implica el uso de ordenadores, métodos matemáticos, físicos, químicos, etc. En esencia, se modela el comportamiento de cada volcán en particular, pues al igual que las personas todos nos parecemos pero cada uno es diferente.

¿Cuál es la relación física del volcanólogo con el volcán?
Los volcanólogos buscamos principalmente los depósitos de erupciones pasadas bajo las laderas del volcán y también sobre el propio cono volcánico. A partir de ellos, tratamos de construir modelos predictivos que ayuden a conocer que podría pasar en una erupción futura. En el caso de México, la Universidad de Puebla además trabaja con sociólogos e historiadores. Por lo tanto, estudiamos la física del volcán sobre el propio terreno e investigamos también las connotaciones sociales.

Sobre el crater del Volcán Citlaltepetl, más conocido como Pico Orizaba de 5.614m (El más alto de México)   © Victoria Sánchez

¿Cuales son los peligros que tiene que asumir un volcanólogo y como se defiende en un medio que puede llegar a ser tremendamente hostil?
Esta es una profesión en la que hay que aceptar diversos peligros. Hay riesgo de envenenamiento por gases y se puede sufrir un accidente al igual que cualquier alpinista. Pero sobre todo, el peligro es mayor cuanto más cerca se este de un erupción convulsiva. Frente a un volcán eruptivo no hay defensa posible. Si se trata de un derrame lávico puedes acercarte con cierta seguridad, pero si se trata de una explosión no hay recurso que te ayude a sobrevivir. Una lluvia de material puede ser nefasta, ¿qué defensa puede haber frente a una roca de dos kilogramos que está cayendo de seis o siete mil metros con una aceleración prodigiosa?... Hay trágicos ejemplos como en el caso del Santa Elena, que mato a dos volcanólogos cuando recogían sismogramas en el momento que el volcán sin avisar estalló. Recientemente, un accidente similar sorprendió a cinco alpinistas que se aventuraron al cráter del Popocatpetl, una explosión les cogió por sorpresa y, antes de que les rozara ninguna roca, la onda expansiva les aplastó.

¿Con qué medios cuenta la ciencia actual para establecer que pasó y qué pasará?; ¿cuáles son sus herramientas de uso cotidiano?
Actualmente poseemos más y mejores equipos que hace unos pocos años: gravímetros, sismógrafos, deformímetros, inclinómetros, fotografía, vídeo, microscopio electrónico? son ya algo imprescindible y cotidiano. Una buena parte de la investigación se centra en el laboratorio y frente al ordenador, la informática nos está ayudando mucho en el aspecto recreativo en base a modelos, pero nada sustituye al trabajo de campo sobre el propio volcán. Con las secuencias de depósitos geológicos recogidas de las cercanías del volcán reconstruimos los diferentes tipos de erupción, su frecuencia, e incluso podemos crear simuladores eruptivos. Para este trabajo sobre el propio terreno, las herramientas cotidianas son simplemente un martillo, una bolsa de lona y mucha imaginación.

Ciudad de Puebla frente a la eterna columna de humo que desprende el «Popo»   © Victoria Sánchez

¿Cómo nace la volcanología y que conocimientos son necesarios hoy en día?
Se considera que Plinio el Joven fue el primer volcanólogo por la descripción que hizo de la erupción del Vesubio, en una carta a su amigo Tacito, en el año 79 d.d.c. Pero mi opinión personal, es que la descripción que hace Hernan Cortes de la erupción del Popocatpetl, en una carta al Rey cuando esta a punto de llegar a la gran Tenochtitlan - hoy ciudad de México -, es mejor que la de Plinio. Gracias a estas antiguas descripciones hemos conocido como fueron aquellas erupciones. En nuestros días, para llegar a la vulcanología son necesarios además de la observación, conocimientos de matemáticas, física, química y, por supuesto, de informática que abre la posibilidad de hacer comparativas de comportamiento.

¿Por qué decide tomar esta especialidad como profesión?
Nací en Puebla y los volcanes son parte de mi infancia. Viviendo en un lugar como este, que esta literalmente rodeado de volcanes, incluso la misma ciudad de Puebla esta construida sobre volcanes, es lógico que llamaran mi atención, de echo el paisaje de los volcanes ya son una parte más de mi mismo. Si bien, inicialmente estuve al lado de la astrofísica, estudiando Planetología? Como ves, finalmente decidí bajar del Cosmos a los territorios de Vulcano.

Metros finales del Volcán Pico de 2.351m en las atlánticas Islas Azores   © Victoria Sánchez

Si hablamos de vivencias personales y profesionales, ¿con qué volcán se identifica usted más?
Evidentemente con el Popocateptl, que significa ?Cerro que Humea?. A pesar de tener experiencia en muchos volcanes de otros países, el ?Popo? o ?Don Gregorio?, como le llamamos cariñosamente es ?El volcán?. Desde que empezó el proceso eruptivo de 1994, pasó a ser el protagonista. Lo he explorado, sobrevolado y en varias ocasiones lo he subido - 5.465 m.-. Sencillamente el volcán me ha cambiado la vida. Para México es todo un símbolo cultural, es uno de los lugares mágicos-religiosos más importante de Mesoamérica. ? El Popo? es parte del paisaje y nosotros somos parte del ?Popo? y del paisaje. Pienso que a nivel internacional debería ser estudiado con más detalle, pues sus erupciones son conocidas desde antes de la colonia, posee glaciares tropicales, y ha tenido un impacto histórico y social fundamental en esta región.

¿Qué conoce del volcanismo español?
Principalmente el de las Isla Canarias, que es un caso muy interesante de volcanismo Atlántico. Además, en estas islas investiga el profesor Araña, uno de los volcanólogos más importante del mundo. Él ha generado toda una escuela no solo en España sino en toda América Latina, pues tiene la virtud de escribir en nuestra lengua común. Es el autor de un libro llamado VOLCANISMO, con ?O?, que ha sido el texto por el que hemos pasado todos los que nos dedicamos a los volcanes a este lado del Atlántico. Para nosotros son una referencia fundamental los estudios que se desarrollan en España.

Explosión en el Crater del «Popo»   © Victoria Sánchez

¿Considera que la opinión pública y especialmente los medios de comunicación, conocen y asesoran suficientemente sobre las consecuencias que puede provocar un volcán activo?
En general los medios de comunicación están más preocupados por los resultados futbolísticos que por los fenómenos naturales. Solo cuando existe alarma o sucede alguna tragedia esa indiferencia se transforma en noticia sensacionalista. La apreciación popular es de que no va a pasar nada. Solo los que viven en las mismas faldas de la montaña, los que oyen sus ruidos, huelen y ven su humareda tienen una percepción diferente. Afortunadamente, poco a poco se esta fomentando una cultura de prevención, en la que los medios se involucran más, y la gente cada vez tiene más información. Desde luego, si vivimos en las proximidades de un volcán activo debemos aprender a convivir con su presencia? Finalmente, las consecuencias de una catástrofe natural son evaluadas, en frías estadísticas, por la magnitud de sus efectos sobre la población. Pero de nada sirve lamentarse después, en México tenemos la experiencia del terremoto de 1985 que pudo haber sido menos doloso si las reglas urbanísticas y de construcción hubiesen sido estrictas. Otros ejemplos recientes en varios lugares del mundo son los desafortunados terremotos, huracanes e inundaciones; la gente no fue advertida y no supo como actuar. Las infraestructuras no respondieron y el resultado todos lo sabemos: muertos, desaparecidos y grandes perdidas. En general, hay poca cultura sobre catástrofes y una baja aptitud pública frente a ellas. Se debería hacer más hincapié en la prevención de daños, especialmente en las zonas de riesgo más desprotegidas. Como los datos demuestran, en los desastres del tercer mundo las perdidas humanas siempre son mayores.

Llegando a la cumbre del Volcán Iztacci Huatl de 5.230m, al fondo el «Popo»   © Victoria Sánchez

¿Qué peligros potenciales existen para un habitante que reside en una población cercana a un volcán activo o incluso para alguien despreocupado por la lejanía de este?
Si hablamos de daños menores, el ejemplo lo tenemos en la gran urbe de México D.F., hace poco más de un año le cayeron encima unas cuantas toneladas de cenizas provenientes del Popocatepetl y lo mismo sucedió en la Ciudad de Puebla y otras más. Esto provocó en la población irritación de ojos y de garganta. Se generaron problemas con los filtros de los autos, y en ocasiones la visibilidad se redujo notoriamente. En el caso de una erupción mayor, estos problemas menores se verían multiplicados progresivamente debido a la suspensión de abastos; corte de comunicaciones; interrupción de transportes; y, sobre todo, por el daño sicológico que crea la incertidumbre de ¿qué va a pasar?.

¿Cómo informan los poderes públicos en caso de alarma a la población y como se decide una eventual evacuación?
Nuestra universidad actúa como un órgano asesor del poder público. En el caso del ?Popo?, disponemos de un sistema monitor completo alrededor del volcán que da información constante . Si la actividad llega a niveles peligrosos, se dá aviso inmediato a las diferentes autoridades y estas, a su vez, establecen una cadena radiofónica de información . Comienza así un operativo preestablecido de protección y, si es necesario, de evacuación por rutas ya marcadas.

Erupción de lava brotando de la boca del Volcán Pacaya de 2.550m (Guatemala)   © Victoria Sánchez

Entonces, ¿cómo se debe actuar en caso de riesgo inminente?
La radio es el medio encargado de dar instrucciones precisas. Las poblaciones de riesgo ya las conocen; ahorro de agua y electricidad; no colapsar las líneas telefónicas; protegerse de la ceniza; mantener las líneas de abasto; permanecer dentro de la casa; y, en caso de evacuación, utilizar las rutas preestablecidas para llegar a las zonas de refugio temporal. Si bien, todo esto es un proceso de aprendizaje teórico, que confiemos no sea necesario activar, pues de su eficacia y agilidad dependerá la seguridad de muchas personas.

¿Son los volcanólogos Quijotes que luchan contra los molinos de la naturaleza?
Digamos que son soñadores con métodos científicos, que luchan por prevenir las catástrofes que puede originar un fenómeno tan apasionante, como es la erupción de un volcán. Quizá esa aterradora fascinación que provoca la visión de una erupción, sea el motor que genere el enfrentamiento a tantas complejas incógnitas.

Lluvia de Fuego expulsada por el Volcán Pacaya (Guatemala)   © Victoria Sánchez

¿En qué volcán del mundo le gustaría desarrollar su trabajo?
Hay un volcán realmente interesante en el Sur de Japón, es el Sakurajima. Estuve unos días por allí y me intereso mucho el sistema que poseen de vigilancia basado en criterios de inteligencia artificial. Me resulto muy interesante la relación de los volcanólogos de la zona con sociólogos, medios de comunicación y publico en general. Considero que la interacción entre el científico y la población es de vital importancia.

¿Qué opina de los alpinistas; de la gente que decide luchar en las alturas para conocer los volcanes desde su misma cumbre?
Siempre animo a la gente a conocer la belleza. Escalar montañas y conocer a las gentes que las pueblan es una de las actividades humanas más apasionantes. Es una forma más de comunicación con la naturaleza de nuestro planeta. Y que mejor lugar para conocer los confines de la naturaleza, que los volcanes, que son la conexión directa con el interior terrestre. Escalar volcanes con la debida seguridad, es una de las experiencias más gratificantes que yo podría recomendar.

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