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11 de julio de 2002
TERRANOVA
Newfoundland es una
isla plena de historia y de leyendas, de paisajes extraños, gente
amable, animales exóticos, lagos helados, incruentos inviernos y
prometedores veranos.
La formación misma
de la isla es un misterio que conjuga restos de tres continentes
diferentes. Llanuras desgarradas de las enormes planicies africanas, y
altos montes que comparten su origen con los apalaches norteamericanos
y las cadenas montañosas del archipiélago de Gran Bretaña.
En un mismo
territorio se conservan las evidencias de sangrientas batallas entre
británicos y franceses en el siglo XIX, y las suposiciones sobre
extrañas historias de piratas y vikingos de tiempos imprecisos o
inexactos. Pero a pesar de todo su pasado Newfoundland es presente y
sobre todo mucho futuro.
A pesar de que el
último invierno no ha sido de los mas crudos, los lagos todavía
helados y los puertos y bahías bloqueados aún por millares de
peuqeños icebergs dan cuenta de las dificultades que impone la
geografía a los humanos que se empeñan en vivir en esta latitud.
Pero la primavera va tornando el blanco omnipresente de la nieve en
distintos tonos de verdes y marrones en las laderas de los montes; los
amarillos, rojos, violetas o azules de las casas resurgen domingo a
domingo, cuando sus moradores dedican el tiempo de descanso a
recuperar los colores perdidos en el invierno y los jardines estallan
en millones de coloridas figuras de madera y flores nuevas.
Pero la primavera es
solo el tiempo que la isla aprovecha para comenzar a vestir las galas
con que recibirá el verano y los miles de turistas que cada temporada
llegan hasta aquí atraídos, sobre todo, por los icebergs y ballenas
que comparten las aguas costeras.
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Alces y caribúes
mantienen todavía un importante dominio sobre estas tierras, con una
población notablemente superior a la humana gozan aquí de las
enormes ventajas que suponen las grandes extensiones de terreno
protegidas por unas normas de conservación ambisiosas y estrictas.
Pero la mayor diversidad faunística se encuentra entre los
acantilados costeros y las frías aguas del Atlántico norte. La
ballena jorobada, convertida en símbolo de la isla, es el ícono
obligado por la espectacularidad de los avistamientos que se extienden
a lo largo de todo el verano,aunque también aquí se encuentran
ballenas azules, grises, orcas, focas, morzas, elefantes marinos e
incontables variedades de aves marinas que con asentamiento permanente
o en períodos de migración convertien las costas en un espectáculo
movedizo que, en ocasiones, hace difícil diferenciar las líneas que
separan las rocas del mar, y el mar de los cielos.
Los viejos fuertes
ingleses o franceses se conservan como símbolo de una etapa de
colonización europea que aún no se ha terminado, pero el misterio de
una historia previa que envuelve leyendas de arriesgados navegantes y
pescadores vikingos o sangrientos y románticos piratas es lo que le
da a este sitio el toque sistintivo de contar con un pasado no siempre
conservado en los libros de historia.
L’Anse aux Meadows,
en el extremo norte, es la reconstrucción de un viejo asentamiento
vikingo, donde se confunden los restos arqueológicos con historias de
amor y de muerte en una familia de navegantes que arribaron a estas
costas quinientos años antes de que el propio Cristobal Colón
abriera las puertas de nuevos continentes donde asentar los vicios de
la vieja Europa.
Saint John’s es la
capital y única ciudad de importancia de la isla, el resto de los
poblados se desparraman a lo largo de las costas, en calas y bahías
que protegen los puertos de las inestables aguas del atlántico, pero
que no alcanzan para resguardar los edificios de los vientos y las
nieves que año tras año dejan un paisaje de maderas en distintos
tonos de gris que los hombres deben repintar en primavera.
Aunque el blanco de
los gigantezcos icebergs sigue siendo el color más atractivo de las
costas. Después de navegar entre tres y cuatro años los enormes
bloques de hielo despedidos desde los glaciares de Groenlandia llegan
hasta aquí en una lenta deriva que les va fundiendo las aguas a
medida que los mares se vuelven más y más cálidos.
Si queréis contactar
con Pablo Zabaleta y Hélène Szabo
y mandarle algún mensaje de animo este será su
correo durante el viaje america@tierratragame.es
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