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11 de julio de 2002

TERRANOVA

© Victoria Sánchez

Newfoundland es una isla plena de historia y de leyendas, de paisajes extraños, gente amable, animales exóticos, lagos helados, incruentos inviernos y prometedores veranos.

La formación misma de la isla es un misterio que conjuga restos de tres continentes diferentes. Llanuras desgarradas de las enormes planicies africanas, y altos montes que comparten su origen con los apalaches norteamericanos y las cadenas montañosas del archipiélago de Gran Bretaña.

En un mismo territorio se conservan las evidencias de sangrientas batallas entre británicos y franceses en el siglo XIX, y las suposiciones sobre extrañas historias de piratas y vikingos de tiempos imprecisos o inexactos. Pero a pesar de todo su pasado Newfoundland es presente y sobre todo mucho futuro.

© Victoria Sánchez

A pesar de que el último invierno no ha sido de los mas crudos, los lagos todavía helados y los puertos y bahías bloqueados aún por millares de peuqeños icebergs dan cuenta de las dificultades que impone la geografía a los humanos que se empeñan en vivir en esta latitud. Pero la primavera va tornando el blanco omnipresente de la nieve en distintos tonos de verdes y marrones en las laderas de los montes; los amarillos, rojos, violetas o azules de las casas resurgen domingo a domingo, cuando sus moradores dedican el tiempo de descanso a recuperar los colores perdidos en el invierno y los jardines estallan en millones de coloridas figuras de madera y flores nuevas.

Pero la primavera es solo el tiempo que la isla aprovecha para comenzar a vestir las galas con que recibirá el verano y los miles de turistas que cada temporada llegan hasta aquí atraídos, sobre todo, por los icebergs y ballenas que comparten las aguas costeras.

© Victoria Sánchez

Alces y caribúes mantienen todavía un importante dominio sobre estas tierras, con una población notablemente superior a la humana gozan aquí de las enormes ventajas que suponen las grandes extensiones de terreno protegidas por unas normas de conservación ambisiosas y estrictas. Pero la mayor diversidad faunística se encuentra entre los acantilados costeros y las frías aguas del Atlántico norte. La ballena jorobada, convertida en símbolo de la isla, es el ícono obligado por la espectacularidad de los avistamientos que se extienden a lo largo de todo el verano,aunque también aquí se encuentran ballenas azules, grises, orcas, focas, morzas, elefantes marinos e incontables variedades de aves marinas que con asentamiento permanente o en períodos de migración convertien las costas en un espectáculo movedizo que, en ocasiones, hace difícil diferenciar las líneas que separan las rocas del mar, y el mar de los cielos.

Los viejos fuertes ingleses o franceses se conservan como símbolo de una etapa de colonización europea que aún no se ha terminado, pero el misterio de una historia previa que envuelve leyendas de arriesgados navegantes y pescadores vikingos o sangrientos y románticos piratas es lo que le da a este sitio el toque sistintivo de contar con un pasado no siempre conservado en los libros de historia.

© Victoria Sánchez

L’Anse aux Meadows, en el extremo norte, es la reconstrucción de un viejo asentamiento vikingo, donde se confunden los restos arqueológicos con historias de amor y de muerte en una familia de navegantes que arribaron a estas costas quinientos años antes de que el propio Cristobal Colón abriera las puertas de nuevos continentes donde asentar los vicios de la vieja Europa.

Saint John’s es la capital y única ciudad de importancia de la isla, el resto de los poblados se desparraman a lo largo de las costas, en calas y bahías que protegen los puertos de las inestables aguas del atlántico, pero que no alcanzan para resguardar los edificios de los vientos y las nieves que año tras año dejan un paisaje de maderas en distintos tonos de gris que los hombres deben repintar en primavera.

Aunque el blanco de los gigantezcos icebergs sigue siendo el color más atractivo de las costas. Después de navegar entre tres y cuatro años los enormes bloques de hielo despedidos desde los glaciares de Groenlandia llegan hasta aquí en una lenta deriva que les va fundiendo las aguas a medida que los mares se vuelven más y más cálidos.

Si queréis contactar con Pablo Zabaleta y Hélène Szabo y mandarle algún mensaje de animo este será su correo durante el viaje america@tierratragame.es

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