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11 de julio de 2002

NEW BRUNSWICK

© Victoria Sánchez

Quizá lo mejor de estar viajando lejos de casa, recorriendo lugares lejanos, sea el contar con la posibilidad de sorprenderse a cada momento con las cosas mas inverosímiles. Como toda una flota de pequeños barcos pesqueros varados sobre un barro oscuro, a casi un kilómetro del agua de la bahía, mientras a bordo los marineros trabajan azarosamente preparando trampas de madera y pescados partidos por la mitad.

Descartada la idea de una eventual cacería de gaviotas, conviene informarse sobre los alcances de las mareas en las costas de la bahía de Fundy, en la provincia de New Brunswick.

Hasta quince metros de diferencia entre la baja y la alta. Una variante difícil de entender para cualquiera que haya conocido el mar en otras latitudes. Pero solo con pasar unas horas junto al puerto del pequeño pueblo de Alma, es posible ver en forma directa y efectiva como la marea se va acercando poco a poco a las embarcaciones para luego izarlas hasta lo alto de los muelles donde esperan ahora los mismos marineros, con otras risas y ruidosas despedidas a cada tripulación que se va haciendo a la mar a toda prisa.

© Victoria Sánchez

Es que la marea también limita el tiempo en que los barcos pueden salir y entrar al puerto y en no más de tres horas deben ser recogidas las trampas de la marea previa y depositadas las nuevas. Si algo ocurre, el baarco deberá permanecer alejado de la costa casi doce horas en espera de otra subida del mar antes de poder amarrar.

La pesca es otra de las maravillas del lugar porque se limita casi exclusivamente a la langosta que desde aquí se exporta a los mercados mas exigentes del mundo. El tamaño y sabor de estas langostas son ciertamente merecedores de muchos halagos, por lo que no es sorprendente que las empresas japonesas ofrezcan sumas muy altas de dinero por estos animalitos en particular.

Pero el misterio de las mareas y la maravilla de las langostas están estrechamente unidas y, como todo en la vida, tiene una explicación bastante simple.

© Victoria Sánchez

La bahía de Fundy tiene unas dimensiones que la asemejan a una tina de baño y la distancia entre la desembocadura al mar y su extremo interior es tal que el tiempo que las olas de la marea alta requieren para recorrerla por completo es exactamente el mismo que el del mar para pasar a su fase mas baja, por lo que en el regreso de las olas la bahía tiende a vaciarse casi por completo.

Esta danza de las aguas, produce en el interior unas mareas mucho mas altas y notablemente mas bajas que las normales de mar abierto, y eso genera un ecosistema que estimula el desarrollo especial que alcanzan las langostas por aquí. Lo del sabor, no se explica, hay que comerse una para saberlo.

Además el sube y baja del mar desgasta las piedras de las costas de manera muy caprichosa, y a veces acelerada, por lo que en algunos sitios pueden encontrarse grandes rocas con formas por demás extrañas a las que se puede acceder caminando sobre unas playas muy amplias en algún momento del día, y sólo navegando unas pocas horas mas tarde.

Si queréis contactar con Pablo Zabaleta y Hélène Szabo y mandarle algún mensaje de animo este será su correo durante el viaje america@tierratragame.es

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