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11 de julio de 2002
NEW BRUNSWICK
Quizá lo mejor de
estar viajando lejos de casa, recorriendo lugares lejanos, sea el
contar con la posibilidad de sorprenderse a cada momento con las cosas
mas inverosímiles. Como toda una flota de pequeños barcos pesqueros
varados sobre un barro oscuro, a casi un kilómetro del agua de la
bahía, mientras a bordo los marineros trabajan azarosamente
preparando trampas de madera y pescados partidos por la mitad.
Descartada la idea de
una eventual cacería de gaviotas, conviene informarse sobre los
alcances de las mareas en las costas de la bahía de Fundy, en la
provincia de New Brunswick.
Hasta quince metros
de diferencia entre la baja y la alta. Una variante difícil de
entender para cualquiera que haya conocido el mar en otras latitudes.
Pero solo con pasar unas horas junto al puerto del pequeño pueblo de
Alma, es posible ver en forma directa y efectiva como la marea se va
acercando poco a poco a las embarcaciones para luego izarlas hasta lo
alto de los muelles donde esperan ahora los mismos marineros, con
otras risas y ruidosas despedidas a cada tripulación que se va
haciendo a la mar a toda prisa.
Es que la marea
también limita el tiempo en que los barcos pueden salir y entrar al
puerto y en no más de tres horas deben ser recogidas las trampas de
la marea previa y depositadas las nuevas. Si algo ocurre, el baarco
deberá permanecer alejado de la costa casi doce horas en espera de
otra subida del mar antes de poder amarrar.
La pesca es otra de
las maravillas del lugar porque se limita casi exclusivamente a la
langosta que desde aquí se exporta a los mercados mas exigentes del
mundo. El tamaño y sabor de estas langostas son ciertamente
merecedores de muchos halagos, por lo que no es sorprendente que las
empresas japonesas ofrezcan sumas muy altas de dinero por estos
animalitos en particular.
Pero el misterio de
las mareas y la maravilla de las langostas están estrechamente unidas
y, como todo en la vida, tiene una explicación bastante simple.
La bahía de Fundy
tiene unas dimensiones que la asemejan a una tina de baño y la
distancia entre la desembocadura al mar y su extremo interior es tal
que el tiempo que las olas de la marea alta requieren para recorrerla
por completo es exactamente el mismo que el del mar para pasar a su
fase mas baja, por lo que en el regreso de las olas la bahía tiende a
vaciarse casi por completo.
Esta danza de las
aguas, produce en el interior unas mareas mucho mas altas y
notablemente mas bajas que las normales de mar abierto, y eso genera
un ecosistema que estimula el desarrollo especial que alcanzan las
langostas por aquí. Lo del sabor, no se explica, hay que comerse una
para saberlo.
Además el sube y
baja del mar desgasta las piedras de las costas de manera muy
caprichosa, y a veces acelerada, por lo que en algunos sitios pueden
encontrarse grandes rocas con formas por demás extrañas a las que se
puede acceder caminando sobre unas playas muy amplias en algún
momento del día, y sólo navegando unas pocas horas mas tarde.
Si queréis contactar
con Pablo Zabaleta y Hélène Szabo
y mandarle algún mensaje de animo este será su
correo durante el viaje america@tierratragame.es
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