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12 de octubre de 2001

RUMBO A SINGAPUR
Por Irlanda y a Casa

A quien madruga dios le ayuda, pienso al empezar a dar pedales hacia Holyhead, el pueblecito de Gales desde donde sale el ferry que me llevará a Dublín, en Irlanda. Como desconozco los horarios y uno es previsor, pedaleo desde muy pronto y con fuerza, llego a las 8:30 de la mañana y me entero que el barco sale a las 9, menuda suerte... Tengo dos transportes a elegir: uno irlandés, lento y barato, y uno británico, un catamarán caro y rápido, de hecho rapidísimo. No puedo evitar algo de pijoterismo y cojo el catamarán, pero una vez dentro, el mareo del balanceo y el peor capuchino de mi vida hacen la ruta bastante desagradable. 

Pasamos cerca de la isla de Man, Meca de los motoristas quemados, pero yo con mi bici, supongo, haría el ridículo, como ya lo hice en el circuito urbano de f-1 en Mónaco, así que lo dejaré para otra ocasión y con otra montura... En Dublín, que me recibe con la típica niebla, me hago un lío, pues desembarco en Town Center, así que me paso horas dando vueltas alucinando de lo cutre de esta ciudad... ¿cómo sea todo así?. Pero afortunadamente no lo es, un cartel me saca de mi asombro: a tres kilómetros atravesando unas urbanizaciones de chalets, está el City Centre, la vieja ciudad. Esto es otra cosa y aunque pequeña es una ciudad activa, con mucha cultura en las calles, músicos, malabaristas, pintores... 

Mi visita es rápida ya que mi intención es ir hasta la costa oeste, hacia Galway, una pequeña ciudad donde una amiga madrileña a puesto un cafe-restaurante español. Visitarla es una buena excusa para pedalear por este país donde me siento cómodo. Lo que veo desde mi bici y muchas de sus costumbres me recuerdan a Gran Bretaña, pero en el fondo la gente es de otra manera; más abierta; mas activa (igual de bebedores); todo esta menos perfectamente cuidado, como en el país vecino. Indagué en un asunto que me interesaba; sobre la lucha de Irlanda del Norte para independizarse, católicos contra protestantes y aunque en sus diarios tocan el tema, noto que el sentimiento popular es de que la cosa no va con ellos, que ya tienen lo que querían. 

Cruzo tierras planas, de vegetación agreste, tierras vacías (al menos la zona por donde pasé) donde el rocío te levanta como si hubiese llovido, de días cortos y fríos, y eso que la gente me comenta que estoy teniendo suerte, que solo hace unos días el clima era invernal... 

Galway está con su festival de verano, con muchas actividades y gente de fuera en las calles dificultándome la búsqueda de mi amiga, pues no traía su dirección y confiaba en encontrarla con e viejo método de preguntar... Difícil misión en una ciudad tan grande y por eso acabo durmiendo en un parque con el ruido de la fiestorra como canción de cuna. Mañana espero tener mas suerte... Lo consigo y paso unos días agradables en compañía de españoles. No doy ni una pedalada más, el clima no acompaña ahora y las juergas nocturnas con las consiguientes resacas me lo impiden. Aprovecho para visitar una muralla antigua llamada Arco Español, donde se dice estuvo Cristóbal Colón antes de embarcarse para descubrir América, una invención histórica que parece dar buenos resultados turísticos...

Finalmente decido hacer la vuelta en tren, ganas tengo de llegar a casa y pasar por la misma carretera no me motiva, además debo coger el jueves un ferry que sale para Santander desde Plymoth, en el sur de Inglaterra, porqué si no me vería obligado a permanecer una semana más y no me apetece mucho. Así que cojo un transporte terrestre por primera vez desde que salí de casa hace ya mucho tiempo. Pasan los kilómetros mirando por la ventanilla mientras mi cabeza repasa este viaje-aventura que poco a poco se agota... 

De nuevo en Dublín para coger el barco encuentro “posada” saltando la valla de una iglesia preciosa. Mañana será un día raro; barco y tres trenes; un palizón, pero quiero llegar dos días antes de la salida del barco para recorrer esa zona. Son mis dos últimos días y me siento raro, pero no dejo que la sensación me impida disfrutar plenamente de esta zona de pequeños pueblos de pescadores... 

Con este texto acabo mis relatos viajeros pero, aun así, no será el último pues que me gustaría recordar a toda esa gente que antes, durante y después me han ayudado en algún momento. 
Hasta entonces, saluditos desde la tierruca. 
Carlos Cordero
ccordero@tierratragame.es

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