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Mensajes cortos de nuestros lectores con noticias, recomendaciones, en busca de compañeros de viaje, proyectos, etc

19 de julio de 2001

RUMBO A SINGAPUR
¡Ahora to pal sur!

Saluditos con retraso pero resulta que en Grecia he estado más de lo previsto. Hoy me encuentro en un albergue juvenil pegado a Santa Sofía en Estambul, pero ahora toca contaros mi paso por Bulgaria y Grecia que me resultan lejanos, así que he tenido que tirar de diario... En Bulgaria volví a disfrutar del pedaleo, de hecho las condiciones hicieron que fuera el país donde mas gocé de la bici. Su idioma es un galimatías imposible para mi y el mapa como está escrito en cirílico no ayuda mucho, así que me tocó preguntar en más de una ocasión. En las paradas me percaté que continuamente echan telenovelas venezolanas sin doblar, solo superponen una voz sobre el castellano. Por eso las mujeres al oírme se reían pues hablaba como los de la televisión. En uno de esos pueblos, donde suelo parar a comprar, por lo barato y porque el contacto es mayor, tuve una grata sorpresa... Tras comprar mi papeo y disponerme a comerlo en el banco de enfrente, el dueño apareció con lomo y queso, y sin decir palabra lo puso encima de mi pan, tras él llegó una señora con un plato de pimientos, ajos, repollo... raro pero rico y así a los cinco minutos me vi rodeado de todo el pueblo, hasta llamaron al panadero porque se me ocurrió alabar el pan que estaba comiendo.

Cuando llegó me trajo una hogaza tan grande que no entraba en la alforja. Por cierto, en Bulgaria estuve seis días con la hora y el día cambiado, se me olvido adelantar el reloj y repetí dos veces el domingo en mi diario, la verdad es que empecé a sospechar cuando el sábado vi que todo estaba cerrado. Por estas tierras sufrí uno de los peores males que aquejan a un ciclista... UN GRANO EN EL CULO. No es broma, pasarse todo el día sobre una cosa así es más que serio, pues tienes que ir sentado de lado con el consecuente trastorno muscular. En Sofía, la capi, estuve dos días pedaleando sin alforjas y la bici se convirtió algo complicado de manejar pues no me apañaba. En esta ciudad y por dos ocasiones calaron incomprensiblemente mi nacionalidad, no sé como pueden saber de donde soy, ni que fuese con peineta. Conocí a un jubilado que me ayudo mucho, farfullaba castellano, lo aprendió en Cuba porque estuvo trabajando hace tiempo de torero; al final averigüé que se refería a tornero. Quisiera resaltar la maravilla que me resulto la catedral de Sofía. Pasé horas mirándola y cada vez me gustaba mas. Por aquí comer en los cientos de puestos callejeros es mas barato que comprar en las tiendas, además estaba harto de mis particulares comilonas. Dejar las ciudades siempre me cuesta y a Bulgaria ya le quedaba poco. En dirección a Grecia me encontré con dos pedalman, un alemán preparadísimo con remolque y un japonés con la cutrebici del Prica, dos formas bien distintas de viajar, aunque a la hora de afrontar las subidas todos teníamos que tirar de riñones. A los dos les aconsejé pasar por Servia, pues en principio no querían hacerlo debido al conflicto, su idea era tirar por Rumania.

Encontrarme con gente así hace que me suba moral ya que a veces me planteo mi estado mental al viajar así, es un alivio saber que no eres el único. Antes de acabar con este país mencionar una de las peculiaridades de este paisaje y que en bici lo notas más cerca... las prostitutas que por docenas decoran las salidas y las entradas de las ciudades. Ciudades de un país el que acababan de nombrar a su rey en el exilio jefe de estado para que les traiga el progreso de Europa.

Cruzar la frontera no solo es pasar una línea en el mapa, el paisaje y sobre todo el clima cambian bastante. Los cuarenta grados no me los quité en todo el tiempo, así que a las 6:30 ya estaba dando pedales y sudando. Los insectos son auténticas vacas volantes, cuando golpeaban mi cuerpo hasta la bici se movía... En Tesalonica mi camino se bifurcaba a Turquía y a Atenas, finalmente decidí Atenas pero cogiendo un tren. Fueron 1.200 kilómetros de ida y vuelta pero necesitaba algo de urbe y girilear un poco. Pero antes me pare en una maravilla llamada Meteora, un buen consejo que desde la tierruca me apuntaron. El dormir en un monasterio subido en esas cimas fue una experiencia casi mística y misteriosa. La anécdota surgió en una de las pocas ermitas católicas que vi, pasé tarde y pensé que sería un buen sitio para dormir, un pequeño oasis, pero en mi agobio particular quise seguir y no recorrí más de cien metros cuando pinché. Parcheo y a los veinte minutos otro pinchazo y así hasta cuatro veces más en distintos sitios. Tuve que volver a la ermita empujando la bici sin luz para tener que arreglarlo al día siguiente. Sin duda el destino quería que esa noche durmiese allí.

En Atenas pase dos días calurosos en compañía de dos cicloturistas polacos, unos cachondos que resultaron ser sacerdotes católicos. En cuanto encontraba algún español por Atenas le cogía por banda y no paraba de hablarle y de preguntarle. Apuntar la curiosa manera de conducir que tienen los griegos... los coches lentos ocupan casi todo el arcén para así facilitar el adelantamiento al más rápido. Convierten así en autovías carreteras comarcales, una buena estrategia que convierte al ciclista viajero en un estorbo y hacen que el rodar sea muy peligroso. Además tienen la manía de utilizar el claxon para avisar de su presencia... no ganaba para sustos.

A partir de Kabala y otra vez en mi ruta en línea sufrí lo que todo ciclista teme... el viento de cara. Era desesperante luchar contra ese enemigo invisible, no hay tiempo en cien kilómetros para recuperarte y a veces gritaba a las ráfagas lleno de rabia para que parasen. Me recordaba a los dibujos animados... yo en una vía con una nube negra encima que descargaba frío y agua y en la otra sol y buen tiempo. Acabé con una buena pájara que estuve arrastrando varios días.

Poco a poco fui encontrando signos musulmanes a lo largo del paisaje, fueron alternándose minaretes y campanarios antes de dar el salto a Turquía, puerta de Asia y mi próximo destino...
Por último, hoy quisiera agradecer a todos los que de una manera u otra me están ayudando a dar una pedalada más y acabo con la que resulta manera mas internacional de despedirse y que todo el mundo entiende...
¡¡¡ CHAO !!!

Carlos Cordero
ccordero@tierratragame.es
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