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5 de julio de 2001

RUMBO A SINGAPUR
"Servia y Rumanía"

Antes de nada, saluditos a mis compañeros de viaje cibernautas. Y para empezar quisiera puntualizar un detalle de mi anterior crónica, el espontaneo que me ofreció su ducha no era desinteresadamente, resulta que quería cobrarse en carne su amabilidad... Por cierto, me encuentro escribiendo esta crónica en Sofía, Bulgaria, donde estoy disfrutando del pedaleo de lo lindo, pero eso será para otra crónica. De momento os contaré mi paso por Servia y Rumania.

Cruzar la frontera entre Croacia y Servia es ir de una a otra cara de la moneda de la guerra. En este país lo que más llama la atención son las diferencias económicas; cochazos último modelo compartiendo asfalto con con los Zastava (el clásico 600 español) y los Yugos.
Mi primer problema fue no encontrar cajeros así que tuve que cambiar dólares en la primera población importante. En Mitrovica, el dueño de la oficina de cambio no hizo más que "alavar" a su pueblo llamándose así mismos ladrones y mafiosos... Me enseño su casa jardín y su coche, un alarde de derroche en comparación con lo que se veía en la calle. En otra ocasión me preguntaron si estaba casado o si venía a por mujer, ante mi cara de asombro, me comentaron que alemanes e italianos vienen a pillar mujer. Ellas encantadas con salir con el adinerado de turno y ellos de regreso con una belleza balcánica. Les respondo que mi corazón es solamente de mi bici... de momento. Sin querer me meto en una autopista de pago, pero mi sorpresa es que el de la cabina me deja pasar sin pagar, claro. Es alucinante ir en bici por autopista de peaje. Después de 150 kilómetros me salgo por lo aburrido y la poli me para solo para decirme que aunque ilegal aquí vale todo.

Me encontré la capital,Beograd, caliente por las manifestaciones de los independentistas que piden la liberación de Milosevic, en el mismo día que se lo llevaron a La Haya para enjuiciarlo por las masacres de Croacia y Bosnia. Pasé la noche con un amigo temporal de Montenegro entre lloros, banderas, carreras e himnos, que me decía estar hartos de estar invadidos. Es emocionante ser testigo directo, estar en el centro de la historia, del cambio de un país. En una tienda pedí la bandera para coserla en mi alforja y no supieron cual darme, si la servia o la yugoslava. Con lo que mas disfruto son con las iglesias ortodoxas pues son bellisimas. Me encanta ver la diferencia y las similitudes con las católicas. En una parada los lugarenos me comentan que la escritura cirilica que está por todos lados es forzada por el gobierno y que todas las repúblicas tienen un mismo idioma.
Decido en contra de lo que me dice todo el mundo visitar Rumania, demasiado cerca para un curiosillo como yo. Me abastezco de papeo ya que me comentan que hay carencias, pero lo que me encuentro supera todas mis ideas. Nada mas cruzar me encontré como la gente se agolpaba en el arcén mendigando. Simplemente no me esperaba tanta pobreza y miseria en Europa. Al menos por las zonas que yo he recorrido la bici obliga muchas veces a pasar por lugares fuera de las rutas habituales, cuando salí de casa quería ver mundo y esto, me guste o no, es lo que hay, aun así no me sentí cómodo en ningún momento, incluso pasé miedo en Severin.

La poli me aconsejó que por nada del mundo me parase si me lo pedían, "solo intentaran robarle", me comentaron. Entre risas me dijeron que para cambiar en el hotel solo hable con el gerente, que los demás intentarán timarme, aun así perdí en el cambio, pero tras dos días sin pelas locales necesitaba comida. Ese es el gran problema, no hay de casi nada, la carencia es bestial, y en bici la alimentación hay que cuidarla mucho. Pedaleando por la ribera del mítico Danubio, adelanté cientos de veces a carros de caballos llenos de gente y cientos de veces me pidieron que me parara, pero yo a lo mío, tras el obligado saludo. Aunque en una ocasión ví que tres tíos saltaban corriendo perseguiendome junto con el del carro al galope. Jamás he rodado diez kilómetros tan deprisa, si llega a ser en una cuesta me pillan. Después del susto los siguientes 80 kilómetros no baje de la bici ni para coger agua.

De todas maneras hubo momentos inolvidables, como la ducha torrencial de dos horas que tuve en los espesisimos bosques del norte, en Oravita, o lo que me divertía preguntando lo que restaba para un pueblo. En una ocasión me dijeron 120, 80 y 30 kilómetros respectivamente. Sin exagerar, el 80 % de los coches son de la misma marca, el Dacia 1310, en sus diferentes actualizaciones, algo así como el Renault 12. Hay docenas de pueblos que con sus iglesias blancas y plata salpicaban la rivera del Danubio, río que hace de frontera con Bulgaria y que tuve que cruzar en barco desde la ciudad de Calafat.

Para despedirme comentar que he decidido hacer un cambio en mi ruta y hacer una visitilla a Grecia antes de entrar en Asia. Comentar también que de momento sigo adelante, pues a pesar de haber tenido momentos difíciles, este sueño me está resultando muy enriquecedor. Como siempre dije, no estoy sujeto a obligaciones, el día que lo sienta lo dejo y a otra cosa.
Saludos a todos los que de vez en cuando se acuerdan de este barbudo en proyecto de melenas y que se está quedando con tipo de bailarín...

Carlos Cordero
ccordero@tierratragame.es
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