Antes de nada, saluditos a mis
compañeros de viaje cibernautas. Y para empezar quisiera puntualizar
un detalle de mi anterior crónica, el espontaneo que me ofreció su
ducha no era desinteresadamente, resulta que quería cobrarse en carne
su amabilidad... Por cierto, me encuentro escribiendo esta crónica en
Sofía, Bulgaria, donde estoy disfrutando del pedaleo de lo lindo,
pero eso será para otra crónica. De momento os contaré mi paso por
Servia y Rumania.
Cruzar la frontera entre
Croacia y Servia es ir de una a otra cara de la moneda de la guerra.
En este país lo que más llama la atención son las diferencias
económicas; cochazos último modelo compartiendo asfalto con con los
Zastava (el clásico 600 español) y los Yugos.
Mi primer problema fue no encontrar cajeros así que tuve que cambiar
dólares en la primera población importante. En Mitrovica, el dueño
de la oficina de cambio no hizo más que "alavar" a su
pueblo llamándose así mismos ladrones y mafiosos... Me enseño su
casa jardín y su coche, un alarde de derroche en comparación con lo
que se veía en la calle. En otra ocasión me preguntaron si estaba
casado o si venía a por mujer, ante mi cara de asombro, me comentaron
que alemanes e italianos vienen a pillar mujer. Ellas encantadas con
salir con el adinerado de turno y ellos de regreso con una belleza
balcánica. Les respondo que mi corazón es solamente de mi bici... de
momento. Sin querer me meto en una autopista de pago, pero mi sorpresa
es que el de la cabina me deja pasar sin pagar, claro. Es alucinante
ir en bici por autopista de peaje. Después de 150 kilómetros me
salgo por lo aburrido y la poli me para solo para decirme que aunque
ilegal aquí vale todo.
Me encontré la
capital,Beograd, caliente por las manifestaciones de los
independentistas que piden la liberación de Milosevic, en el mismo
día que se lo llevaron a La Haya para enjuiciarlo por las masacres de
Croacia y Bosnia. Pasé la noche con un amigo temporal de Montenegro
entre lloros, banderas, carreras e himnos, que me decía estar hartos
de estar invadidos. Es emocionante ser testigo directo, estar en el
centro de la historia, del cambio de un país. En una tienda pedí la
bandera para coserla en mi alforja y no supieron cual darme, si la
servia o la yugoslava. Con lo que mas disfruto son con las iglesias
ortodoxas pues son bellisimas. Me encanta ver la diferencia y las
similitudes con las católicas. En una parada los lugarenos me
comentan que la escritura cirilica que está por todos lados es
forzada por el gobierno y que todas las repúblicas tienen un mismo
idioma.
Decido en contra de lo que me dice todo el mundo visitar Rumania,
demasiado cerca para un curiosillo como yo. Me abastezco de papeo ya
que me comentan que hay carencias, pero lo que me encuentro supera
todas mis ideas. Nada mas cruzar me encontré como la gente se
agolpaba en el arcén mendigando. Simplemente no me esperaba tanta
pobreza y miseria en Europa. Al menos por las zonas que yo he
recorrido la bici obliga muchas veces a pasar por lugares fuera de las
rutas habituales, cuando salí de casa quería ver mundo y esto, me
guste o no, es lo que hay, aun así no me sentí cómodo en ningún
momento, incluso pasé miedo en Severin.
La poli me aconsejó que por
nada del mundo me parase si me lo pedían, "solo intentaran
robarle", me comentaron. Entre risas me dijeron que para cambiar
en el hotel solo hable con el gerente, que los demás intentarán
timarme, aun así perdí en el cambio, pero tras dos días sin pelas
locales necesitaba comida. Ese es el gran problema, no hay de casi
nada, la carencia es bestial, y en bici la alimentación hay que
cuidarla mucho. Pedaleando por la ribera del mítico Danubio,
adelanté cientos de veces a carros de caballos llenos de gente y
cientos de veces me pidieron que me parara, pero yo a lo mío, tras el
obligado saludo. Aunque en una ocasión ví que tres tíos saltaban
corriendo perseguiendome junto con el del carro al galope. Jamás he
rodado diez kilómetros tan deprisa, si llega a ser en una cuesta me
pillan. Después del susto los siguientes 80 kilómetros no baje de la
bici ni para coger agua.
De todas maneras hubo momentos
inolvidables, como la ducha torrencial de dos horas que tuve en los
espesisimos bosques del norte, en Oravita, o lo que me divertía
preguntando lo que restaba para un pueblo. En una ocasión me dijeron
120, 80 y 30 kilómetros respectivamente. Sin exagerar, el 80 % de los
coches son de la misma marca, el Dacia 1310, en sus diferentes
actualizaciones, algo así como el Renault 12. Hay docenas de pueblos
que con sus iglesias blancas y plata salpicaban la rivera del Danubio,
río que hace de frontera con Bulgaria y que tuve que cruzar en barco
desde la ciudad de Calafat.
Para despedirme comentar que
he decidido hacer un cambio en mi ruta y hacer una visitilla a Grecia
antes de entrar en Asia. Comentar también que de momento sigo
adelante, pues a pesar de haber tenido momentos difíciles, este
sueño me está resultando muy enriquecedor. Como siempre dije, no
estoy sujeto a obligaciones, el día que lo sienta lo dejo y a otra
cosa.
Saludos a todos los que de vez en cuando se acuerdan de este barbudo
en proyecto de melenas y que se está quedando con tipo de
bailarín...