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28 de junio de
2001
RUMBO A SINGAPUR
"Desde los Alpes a los
Balcanes"
Desde Eslovenia,
saluditos calurosos. Antes de nada deciros que Internet aquí es más
lento que yo subiendo el Turmalet, así que hoy voy en plan
telegráfico... Eslovenia pone cara su entrada, 25 kilómetros de
cuestón pero, sin duda, merece la pena pues es un país virgen.
Después de la populosa Italia esto es más que relajante, dos
millones de habitantes y más de la mitad en la capital, sin trafico y
todo rodeado de bosques alpinos... que más se puede pedir. Por aquí
Internet es gratis con solo consumir, pero el problema es que llevan
cinco días de fiesta y tengo que recurrir a una tienda en la que te
dejan probar, lo malo es que están a apunto de echarme porque llevo
casi dos horas enganchado.
Después de dejar
atrás Italia en la que buscar sitio para dormir me llevaba dos horas,
para acabar tirado en un parque, en este país resulta mucho más
cómodo y fácil, te separas de la carretera cuatro metros y a dormir
sin más. Por las noches escucho Radio Exterior de España, supongo
que al final acabará gustándome el fútbol...
La última anécdota
fue a pocos kilómetros de la frontera con Croacia, un poli en
solitario me paró diciendo que las bicis no podían ir por allí,
resulta que yo no vi cartel y estoy bien de la vista, pero la razón
la descubrí al ver que el conductor de un coche le paga al poli sin
motivo aparente. Resulta que la infracción a mi me va a costar1000$ y
me dice que si no tengo cambio los puedo cambiar en un motel que esta,
curiosamente, allí al lado. Viendo la jugada, me hago el tonto y digo
que no tengo más que unos pocos sit que me sobraron... parece que no
le hizo gracia y tuve que aguantar como me llamaba estúpido hasta que
finalmente me dejó marchar... Menudo sobresueldo para el muy ladrón.
Pero al llegar a la
frontera me esperaba la última en el país, pues me dicen que tengo
que salir, o... entrar por otra frontera que es para los viajeros
internacionales, es decir, 25 kilómetros más con los que no contaba,
claro. Atrás dejo un país sin explotar, pequeño, alpino y sobre
todo encantador.
Entro en Croacia
donde la guerra que acabo solo hace 10 años se palpa en cada pedalada
que doy. Está todo en construcción, kilómetros de casas permanecen
a medio construir por lo que, para dormir, tan solo tengo que elegir
casa habitación y piso. Casi todos los pueblos por los que voy
pasando, y mas cuanto más me acerco a Servia, están acribillados por
la metralla, me llama la atención que la gente, de aspecto triste, no
responde a mis saludos, me miran como si estuviese loco por pasar por
allí...
En Zagreb una ciudad
moderna y muy juvenil solo vi jóvenes, me encontré con un camarero
que estuvo un año en Liencres, Santander, desenganchándose en un
centro, y me invito a unos magníficos calamares fritos. En Kutina, un
profesor de arte cada vez que me veía desde su coche me paraba y me
invitaba, acabamos comiendo en la frontera con Bosnia-Herzegovina.
Aquí me pegué el lujo de un hotel, 10 días sin jabón son muchos,
hasta Matilde, mi cerda de peluche, luce mejor lustro. Cuando por fin
encuentro un espontáneo, aun sin saber ingles se interesa por mi, me
invita a un tomate y se ofrece a
indicarme la dirección de salida, no sin antes pasar por su casa para
ofrecerme una ducha. También un quiosquero cerró su negocio y me
enseño el camino acompañándome desde su coche gritándome que Suker
que era de su pueblo.
Como ya empieza a ser
habitual, las anécdotas de rigor las tuve en la frontera. 1, no me
ven bien por querer pasar a Servia. 2, no me permiten entrar por no
tener visado, no sabia nada, no estaba en un principio en mi ruta 3,
50 kilómetros de vuelta por la parte mas castigada, pasando por
Vukovar, un pueblo desapareció por las bombas. 4, como es de noche y
el ejercito que lo inunda todo dice que de tienda nada, a un motel, el
tío me dice que una habitación no problema, me mete en una barca de
pesca con techo a 100 kunes, la mitad que el hotel de tres estrellas
del otro día; le mando, en español a la mierda, y me arriesgo, a las
12 de la noche a dormir a un kilómetro de la frontera, en un barrizal
y con los mosquitos que siguen con su particular guerra. 5, en 20
kilómetros no se cuantas veces me paran para pedirme el pasaporte,
toda esta zona esta destrozada y con pintadas en servio, lo que parece
nuevo está con carteles de ayuda europea. 6, aquí lo venden todo, me
pide dinero por el 4º y 10º puesto de la fila que los serbocroatas y
yo debemos hacer para el visado, hasta el poli me pide marcos alemanes
y me cuela. 7, tengo que convencer al de la ventanilla de que en bici
no me es posible pasar a su país en un día, consigo por 40 marcos un
visado de transito de 7 días. 8, de regreso, en un pueblo que pasé
hacía un par de horas explota una mina y nos detienen dos horas, no
me permiten ni fotos, pero me las ingenio para sacar una, supongo que
debió haber heridos.
Atrás quedan 620
kilómetros y 6 días intensos...
SALUDOS y hasta pronto...
Carlos Cordero
ccordero@tierratragame.es
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