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23 de junio de
2001
RUMBO A SINGAPUR
"Por vías Romanas"
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Os mando otra
crónica desde Ljubljana, la capital de Eslovenia. Por aquí el uso de
Internet es gratis, solo debes consumir, así que aprovecho y os
cuento mi periplo por tierras italianas y también os mando un saludo
para todos.
La noche que envié mi anterior e-mail me vi durmiendo en el jardín
de un encantador y solitario restaurante situado en la zona mas
inhóspita de los Alpes genoveses. Claro, tuve que esperar a que
acabasen de cenar los clientes y como era sábado no pude hacerlo
hasta la una de la madrugada, pero me entretuve con unos camareros muy
majos y con un vino tinto espumoso de la tierra que no veáis como
pegaba.
Es increíble la bajada sobre ruedas por esta parte de los Alpes,
aunque haya que subir una dura cuesta de 25 Km. después te espera una
bajada de 60, valles cargados de magia van suavizando las cuestas
hasta la región de Piacenza.
Italia tiene mas vida que Francia, mas ruido más atascos, pero sobre
todo mas billetes a la hora de cambiar divisas, aquí todo tienes que
multiplicarlo o dividirlo por miles, ¡asusta pedir nada! sin antes
haber recurrido a la calculadora.
En cuanto me bajo de la bici la gente pregunta de donde soy, de donde
vengo... pero sobre todo se interesan por Matilde, la cerda de peluche
que siempre me acompaña.
Los domingos, con tantas curvas, esta zona se llena de aficionados al
motociclismo, es alucinante ver como cogen las curvas algunos, y eso
que yo tuve moto. Me paré en un bar lleno de Ducatis para ver la
carrera de 500 cc de Montmelo, en la que ganaron tres italianos por
primera vez en 30 años, aun así fui el que mas gritaba animando a
Sete Gibernaut que terminó quedando cuarto. A propósito, un
motorista me dijo que su corazón lo tenía Lola, una chica de
Barcelona, y que las italianas le patean (literal).
Alucino con esta parte norte de Italia, por aquí la reina es la bici
de
paseo. Todo el mundo se mueve con ella, desde ejecutivos encorbatados,
hasta amas de casa que sacan al perro a hacer pipi, y si llueve no
importa, se coge el paraguas. El paisaje es monótono, solo roto por
los cientos de campanarios altísimos y afilados. Por las noche poner
la tienda se hace más que necesario, los mosquitos, si se lo
proponen, te levantan del suelo. Mantova y Padova, con sus palacios y
sus fortificaciones, me van preparando para las geometrías de
Venecia, una delicia de ciudad que te transporta a otro mundo. Por
primera vez en el viaje tengo que separarme de la bici, pues sería
una locura circular por estas estrecheces sorteando a miles de
turistas y superar los cientos de puentes con escaleras que cruzan
los canales. Además, tendría que pagar billete para el vaporeto,
así que conseguí consignarla entera, cosa prohibida, pero el gerente
se enrolló, no sin antes decirme que los madrileños son tan
estúpidos como los romanos.
Una noche en el jardín de un palacio vació, metido ya en la tienda,
escucho unos ruidos, son dos "marroquinos" (como dijeron
ellos) con palos persiguiendo a no sé quien... "¡no problemo
españolo sigue durmiendo!". Otra noche cerca de donde acampé me
encontré con un viejete que pescando ilegalmente con red me dijo que
yo tenia el espíritu de Marco Polo, pero que él no quería conocer
mas mundo que el del río donde estaba pescando...
El día antes de llegar a la frontera con Eslovenia pudo ser el
último ya que se partió el transportín de la bici por tres sitios,
gracias a unas bridas que me dio mi amiga Carmen pude llegar a una
fabrica para que me soldasen el puzzle...
En Trieste me pegué el último baño en mi querido Mediterráneo y
conocí a un salmantino que llevaba dando clases allí desde hace 20
años, me volvió a comentar lo de las italianas y me puso al
corriente sobre los nuevos países que iba a conocer, Eslovenia y
Croacia...
Atrás quedan 760 kilómetros y 7 días que nunca olvidare.
Como dicen por
aquí... ¡¡¡¡ Arrivederchi !!!!!.
¡Ah! quisiera saludar a mi perra NOA que andará en el pueblo
liándola y echándome de menos, espero...
Carlos Cordero
ccordero@tierratragame.es
¡¡¡Espero vuestros mensajes!!!
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