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16 de junio de
2001
RUMBO A SINGAPUR
Tras su partida de
Santander rumbo a Singapur, nuestro amigo Carlos nos envía su primera
crónica de viaje en un ratito que ha dejado de pedalear, pues, por lo
que nos cuenta, parece que la bici se le ha transformado en moto a
tenor de la distancia que en tan pocos días ha recorrido. A este
ritmo Singapur cada vez va ha estar más cerca de lo que creíamos
estaba en el mapa...
Hola amigos, ¡por
fin! encuentro un cibercafé en Génova y puedo mandaros mi primera
crónica. Prometo intentar enviar noticias mías con más asiduidad.
Una vez atravesada Francia y con Italia por delante me decido al fin a
escribir estas líneas, y os comento que si no lo he hecho antes no ha
sido por falta de internet, que por aquí lo encuentras por todas
partes, sino porqué quería esperar para tener una visión mas
objetiva de lo que me empezaba a deparar este viaje pues al principio
me costo "colocarme" tanto físicamente como emocionalmente.
No es fácil romper los esquemas y mentalizarte de que tienes, por
ejemplo, que buscar un sitio donde dormir o parar de dar pedales
aunque no estés muy cansado, para tener el espíritu lleno de ganas
al día siguiente. Es fácil cebarse y hacerte una panzada de
kilómetros, al fin y al cabo estas solo y que vas ha hacer si dejas
de dar pedales?. Por otro lado, es lo bueno que tiene el desplazarse
en bici, no hace falta parar para impregnarte de los lugares por los
que pasas.
Ya son 13 días desde que salí de la Plaza Porticada de Santander, y
todavía la tengo muy presente por la carga emocional que tuvo para
mí. Fue una despedida tan emocionante (solo para tipos duros) que a
punto estuve de romper a llorar. Vinieron mis hermanos desde Valencia
y Madrid para apoyarme, así como parte de mis amigos de Santander. La
verdad es que ese apoyo de última hora lo necesitaba pues los
últimos días estable muy tenso.
Tres días he tardado en cruzar el País Vasco, tierra de paisajes
increíbles pero con unas cuestas para recordar. Aun tomándomelo con
calma y con el clima a mi favor, las sudadas fueron considerables. Fue
en las paradas cuando empecé a tener las primeras anécdotas, como en
Ermua cuando estuve hablando bastante rato con un tipo en ingles, ya
que los dos pensábamos que éramos giris, y resulta que era de bilbo.
Cuando llega la hora de dormir, si no encuentro algo decente para
montar la tienda pido ayuda en alguna iglesia, como en la de Alzola,
una pequeña villa de Guipuzcoa, en la que el cura no solo me
permitió dormir en la iglesia sino que me invitó en el único bar a
cenar, además de presentarme por todo el pueblo como el peregrino a
iba a Roma, ya que suelo decirlo (es un truco de Miguel Angel, un
amigo cicloturista, por cierto un saludo para él) porque la distancia
es mas creíble y es un buen motivo para muchos. Además, dio la misa
mitad en euskera y mitad en castellano en mi honor. Del País Vasco
tengo que mencionar también la gran afición al ciclismo que tienen
sus gentes. Pase por allí en días y horas laborables y acabé con
dolor de cuello de tanto saludar a otros compañeros que compartían
asfalto sobre ruedas.
Francia me recibió con el primer aguacero, pero me llevé un grato
recuerdo porqué aquí los ciclistas están mimados, existe un carril
bici desde que entras en el país. Es un anexo con dos direcciones muy
bien señalizado, así da gusto. Los gendarmes son respetuosos, en dos
ocasiones me pillaron rodando por autopista y solo me recomendaron que
me saliese. La autopista solo la cojo en las entradas y salidas de las
grandes ciudades o por equivocación. Como en una ocasión que
pregunté a un viejete muy majo por
una dirección y me acompañó 15 kilómetros, me dice por donde
debía seguir y cuando llegamos a su casa, me cuenta que él quiere
retirarse al sol a Nerja en Málaga... un tipo encantador, el problema
fue que esa no era la dirección acertada y me hice unos 40
kilómetros de más... !como le coja !. Otra noche tuve que desmontar
la tienda ya de noche y lloviendo porque la puse sin saber en el
picadero del pueblo cerca de Toulose. Por cierto, en esta ciudad me
tope con una manifestación ciclista pidiendo mas apoyo para este
medio de transporte y, como no, me uní a ellos. Para salir de la
ciudad pregunté por la salida , y como no me entendieron empezaron a
gritar por toda la manifestación si había algún español y,
curiosamente, apareció un viejo emigrante con la camiseta de barça y
acento catalán-francés. Por esta parte de Francia hubo mucha
emigración española después de la guerra civil.
En Berzier vi un cartel... "cologne espagnola", me presenté
y descubrí que son 300 jubilados que los domingos por la tarde se
reúnen para bailar y divertirse. No me dejaron pagar nada y me puse
de San Miguel hasta las orejas, luego fui incapaz de dar pedales...
He encontrado muchos pueblos en fiestas a las que no pude ir, o por
cansancio o por que duermo en algún granero y no quiero levantar
sospechas. En Arles decidí dormir en un campig y la jugada me salió
bien ya que al enterarse la dueña de que era español me invito a
pasar la noche, gritando ¡viva España!.
Me he encontrado con varios cicloturistas con los que he compartido
arcén, recuerdo al suizo Jorg Leuthner con quien hice unos
kilómetros en compañía. Siempre es agradable pedalear con alguien,
pero el suizo al no llevar casi peso tiraba demasiado fuerte para mi y
mi carga.
Un aliciente de esta forma de viajar son las sorpresas, no sabes nada
de la ciudad que tienes delante y me he llevado alguna buena sorpresa,
como en Carcason y su castillo o en Mompelier. Cuando llego a un
pueblo suelo ir a un kiosco y mirar las postales ya que ellas me
indican los monumentos mas destacables que después paso a visitar. El
final del trayecto por Francia lo he hecho por la Costa Azul,
preciosa, bien cuidada y buen clima, pero muy dura, unos 400
kilómetros de subibaja aunque con pueblos tan encantadores como
Mónaco, Niza, St Tropez...
La bicicleta no va mal del todo, he pinchado unas 6 veces, he
reventado una cubierta y una cámara, se ha roto el retrovisor y llevo
300 kilómetros con el tansportín descolocado y roto, pero no pienso
de momento aflojar.
Olvidaba otra anécdota que me dio bastante moral... En mitad de una
autopista larguísima y llana un hombre frena y me hace señales para
que pare, pienso que la he cagado, cuando no es más que un aficionado
al ciclismo y lo que quería es felicitarme por mi coraje, algo que me
alegró bastante.
Antes de finalizar esta primera crónica, quiero agradecer de todo
corazón a todos los que me han mandado mensajes a tierratragame.es
vuestro apoyo, no os podéis imaginar lo que es ver y leer tantos
mensajes cuando me conecto.
Saluditos y hasta pronto...
Carlos Cordero
ccordero@tierratragame.es
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