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Mensajes cortos de nuestros lectores con noticias, recomendaciones, en busca de compañeros de viaje, proyectos, etc

14 de octubre de 2002 

Los Caminos del Señor...

Los caminos del Señor son indescifrables y uno no sabe donde va a acabar... Os comenté que de Lhasa salía sin plan fijo y acompañado de dos ciclistas de Hong Kong. Dos chavales muy "tiernos" y sin experiencia. En Shigatze conocí a otros dos ciclistas americanos junto con los que solicité, en la oficina de la policía, el permiso de viaje para el Campamento Base del Everest. Nos dieron uno para los tres (2.000 ptas cada uno) pero yo pedí uno propio por si seguía mi camino, como sucedió, y nos dijeron que unas fotocopias serían válidas. Parecía de cachondeo, incluso más si os digo que la que rellenó el papel apuntó mi numero de DNI y no el del pasaporte. Cuando se lo comenté dijo que no pasaba nada. Pues bien, ayudado de mis amigos de Hong Kong, decido cambiar el permiso... Falsificamos las fechas y añadimos más localidades a visitar. "Toma fotocopiaaa". En ese momento me planteo pedalear a la montaña sagrada de Kailash. Un área complicada de alcanzar fuera de la legalidad SIN viajar en un "tour organizado" que ronada los 400 dólares (lo más barato) por persona.

Subimos al Campo Base del Everest a 5.200 metros y pedaleamos por las faldas del Shisa Pangma. Llegamos a Saga, localidad donde debo decidir el camino a seguir. Uno de los chavales de Hong Kong empieza a coger camiones y sigue su camino, uno menos. Con el otro hay compenetración. Me recuerdaba a mi en mis inicios, tiene patrocinadores y mucha ilusión (eso yo lo sigo teniendo). Quiere que siga con el hasta Kailash. Yo le protejo de los ataques de los perros (dogos tibetanos) y paro a los tibetanos porculeros. También le ayudo a cruzar los ríos y le enseño a acampar y a cocinar. El tiene un papel oficial del gobierno chino y me puede ayudar en los checkpoint de la policía. Decido seguir camino al Trono de los Dioses, además conocemos a otros dos ciclistas chinos. Decidimos unir fuerzas y resultaron ser una buena compañía. Llevaban dos semanas de pedaleo y estaban frescos.

Ya se sabe que para alcanzar el cielo hay que cruzar el infierno. Los
últimos 500 kilómetros fueron por un desierto a 4.700 metros de altitud. Había hierbajos y algún lago dando un panorama distinto al del típico desierto de dunas, aunque pedaleamos por zonas arenosas y cruzando ríos. En esos momento aun nos lavábamos... Esto paso a un segundo plano después y finalmente me tiré dos meses sin ducharme hasta que llegué a kathmandu. Al cruzar lo ríos algunas veces simplemente nos mojábamos los pies y en otras el agua llegaba hasta la cintura. Si hacía sol nos lo tomábamos con calma pero sino el tema se complicaba porque el agua estaba gélida. La estrategia a seguir era bien simple, cruzar a cuestas las mochilas y alforjas y finalmente la bici. A parte de los ríos el viento no ayudaba, siempre en contra y soplando con fuerza. La cosa no fue fácil y es que, como os digo, estábamos pedaleando en el mismísimo "infierno". Un lugar donde los pajarillos viven bajo tierra; les veía meterse en túneles que al principio pensaba eran exclusivos de las marmotas.

En todos los pueblos había manadas de perros salvajes. Viven libremente comiendo la basura y los excrementos de la gente. Por la noche sus ladridos no te dejaban dormir. A los tibetanos les gustan los perros y los chinos 'han" les dan alguna concesión.

Finalmente llego a Darchen, la localidad en la falda del Trono de los
Dioses. El recibimiento no fue el mejor. Al poco de llegar se me presenta un personajeque que resultó ser un secreta de la policía china. Incluso creí que era un turista japonés. Al principio la fotocopia falsificada del permiso había funcionado pero una cosa eran lo scheckpoint de la carretera y otra este "poli". Me acojoné y las pasé canutas. Mi colega de Hon Kong me hecho un capote y el "amigo el poli" se trago la bola. Ya podría disfrutar del ambiente festivo de kailash. Y es que nos encontramos en el Año del Caballo, el más importante para los tibetanos. Las peregrinaciones alrededor de la montaña este año adquieren mayor trascendencia; una vuelta (kora) equivale a trece en otro año. Kailash es una montaña a la que esta prohibido escalar, su cima está virgen a las pisadas humanas. Solo los dioses han estado allí y uno llamado Bompo cayó desde lo alto dejando una raja en la car sur. Cuantas mas vueltas (koras) se den mejor, más limpias tu alma y preparas tu "karma' en busca de una buena reencarnación. Yo di dos, la segunda del "tirón", en un solo día. Lo cual tiene también más merito de cara al juicio final. Cada vuelta consta de unos 56 kilómetros subiendo un paso de 5.630 metros. Los tibetanos que siempre me han parecido algo vagos demuestran una gran fuerza física y mental para los temas religiosos. Caminan como posesos, con una ropa y zapatillas que no son propias para un recorrido de alta montaña. En eso mis colegas y yo nos parecíamos a ellos y nos diferenciamos del resto de extranjeros. Nuestra ropa y zapatillas estaban destrozadas a parte de muy sucias. Mi madre no estaba conmigo para echarme broncas sobre este aspecto y... para que lavar.

Tanto niños como ancianos realizan el recorrido andando entre las piedras o arrastrándose por la nieve y el hielo. Cuando son tan pequeños que no pueden andar sus padres cargan con ellos. Algunos hacen todo el recorrido postrándose cada tres pasos, como si estuvieran reptando. Realmente uno queda impresionado y más si ves la hilera de gente con linternas andando por la noche. Para llevar a cabo un día "kora" tuve que levantarme a las cinco y pude comprobar esto, simplemente hay que dejarse arrastrar por el río de gente en tu recorrido alrededor de la montaña. Conocí a un lama que llevaba más de sesenta vueltas, otro que en los últimos nueve días había dado nueve. He leído que dando 108 alcanzas el nirvana" instantáneo; no tengo noticias de nadie que lo haya logrado. Como os digo nos encontramos en un año especial y se deja notar en la presencia de peregrinos acampando y en el ambiente en general.

Pasé MUY buenos días allí pero había que salir. De nuevo a cruzar el
infierno. Volver a pedalear por dos semanas por el mismo camino era de "masoca total" (yo soy algo). Además ahora estaba solo y había empezado a vender material, como la tienda de campaña. Finalmente conseguí meterme en un camión que en cuatro días me llevó a la carretera Lhasa-kathmandu. El viaje fue terrible, lo peor en mucho tiempo. Iba en la parte trasera entre el equipaje de una expedición. El conductor pensaba que corría un rally y, a pesar de lo penoso y agujereado de la carretera, alcanzaba alta velocidad. Yo saltaba entre los bultos como un "diablo" a pesar de mi buen "karma". Me agarraba donde podía y salía del camión al atardecer agotado y magullado por todos lados. Muchas veces temía el romperme alguna costilla o cualquier hueso. Sabía que si volcaba, a veces se ladeaba mucho, me despedia. El polvo que tragaba fue lo de menos. Lo único bueno es que los checkpoint de la policía no fueron problema. El conductor me dijo que estaba prohibido llevar extranjeros en la trasera y por tanto los policías no debían verme.

Finalmente llegué a la carretera principal que dejé semanas atras. Con la bici subí los dos últimos puertos de cinco mil y para abajo. Desde el Yarle Shung La (5.100 m) hasta Dolalghat (860 m), ya en Nepal, debía bajar durante 160 kilómetros. La cosa no fue tan fácil porque llovió y treinta kilómetros antes y después de la frontera, donde la carretera alcanza altos porcentajes, tuve que cruzar varios ríos y desprendimientos de rocas. No obstante mejor en bici que en coche. El agua no estaba tan fría, ni me descalzaba, y cuando la carretera estaba bloqueada por piedras simplemente cargaba con la bici y a saltar. En la última localidad tibetana, de despedida, los paisanos me robaron el cuenta kilómetros de la bici. En un descuido porque ya os he contado varias veces que hay que estar "al loro con los tibetanos". Siempre ando con la mosca tras la oreja pero me la acabaron clavando; que le vamos a hacer.

Otro obstáculo de consideración fue el policía chino de inmigración. Primero que si no tenía permiso, solo una fotocopia. Luego que mi visado era "bussines" y no "turístico. Que con él no podía haber vijado en el Tíbet y bla, bla, bla... Posteriormente que en la fotocopia no aparecía mi número de pasaporte, solo el del DNI. Sudé tinta pero finalmente me dejó cruzar la frontera. Miraban y remiraban la fotocopia y temía descubrieran algo. Me registraron meticulosamente el equipaje, aunque no sé como el militar se atrevió a meter mano con lo sucio que estaba todo.

Los últimos cien kilómetros antes de Katmandú, ya por asfalto, fueron un placer. Me sobraba oxígeno. Después de cinco meses por encima de los 4.000 metros y los dos últimos de 4.500, ahora rodaba a tan solo 1.000. Si me hicieran un control antidoping fijo que dirían que estoy dopado hasta las orejas. Los primeros días por la capital de Nepal no podía parar y dormía pocas horas. Andaba por la calle muy estresado. Un nepalí un día mientras tomaba el té me comentó que transmitía energía. Además la ciudad es bulliciosa, con mucha gente, coches y motos, calles pequeñas y yo venía de la tranquilidad de las montañas.

Para colmo fui objeto de un timo... Resumiendo: Escucho a una gente y finalmente me ofrecen un negocio en una joyería. Debo llevar joyas a Australia consiguiendo alto beneficio. Desconfío, pero por curiosidad les hago caso. Me cambio de hotel y me enseñan las joyas. Rellenamos varios papeles. Me comentan que debemos probar que se las he comprado; o usando mi tarjeta visa o por medio de una transferencia. Les digo que "nanas". La cosa se va enmarañado y digo que me voy, que no continuo. Me piden 300 dólares de cancelación por los gastos que les he ocasionado. Es un tira y afloja. Ellos son tres y el jefe que aparece de vez en vez. Al final la cosa se calienta y pago setenta dólares para poder irme.

Por la tarde conozco a unos españoles. Pepe (uno de los "bicicletos" que están dando la vuelta al mundo"), Miguel y Samuel. Me dicen que a la joyería a recuperar el dinero. Allí vamos con un francés y cuatro suizos más. En total nueve. Suficientes para intimidar pero la joyería está cerrada. Voy a la Tourist Police y se encargan de localizar al dueño. Me reúno con el en la comisaría y allí el jefe de la policía le empieza a poner las pilas: "Indio timando en Nepal, big problem", parece decirle. Finalmente me devuelve el dinero y tengo que firmar un papel donde reconozco la meritoria labor policial, que es cierta, son tipos eficientes. Pienso que al timador le tocó pagar por debajo algo a los polis para no meterse en mayores problemas. Además, sus compañeros de timo le dejaron comerse el marrón solo, desconfiaban entre ellos mismos.

"Los caminos del Señor son indescifrables" como decía al principio y uno no sabe donde va a acabar. En el Tíbet la gente que fue apareciendo me guió por el buen camino pero no siempre debes confiar en ello...

Antes de despedirme voy a contaros lo último que he visto estos días, ya más tranquilo, por Kathmandu... Coincide que en Nepal se celebra por estas fechas uno de los festivales mas importantes del año (Dashain). Conmemoran la victoria de una diosa sobre un "mal bicho". La diosa victoriosa es bebedora de sangre y para saciar su sed hay que hacerla ofrendas en forma de sacrificios. La gente acude a los templos con gallinas, patos, cabras... y allí el matarife se encarga de cortarles la cabeza. Ésta y el cuerpo serán devueltos al propietario que lo cocinará y después comerá. Lo único que se salva son las vacas, que son sagradas entre los hindus. Ni sus primos los búfalos salen intactos. He visto como de un machetazo les cortan la cabeza. El que lleva a cabo la tarea es un tío "cachas'. Luego dan vueltas con el cuerpo dejando un reguero de sangre alrededor del lugar sagrado donde hacen la ofrenda. Se puede decir que en Nepal ruedan cabezas habitualmente... Hace unos días el rey se cargo al primer Ministro. No ha acabado con la democracia, ha puesto un sustituto, pero poco le ha faltado.

No os doy la brasa, los últimos meses perdido por el Tibet sin emails o crónicas y ahora os envió un ladrillo de tirón... Reaparecí en la radio, en El Larguero, no sé si habrá continuidad pero seguimos en contacto...

Hasta la Victoria

Juan Antonio Alegre
jaalegre@tierratragame.es

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