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28 de septiembre de
2002
El Cabrón tira al monte...
"La felicidad no
es una meta a cruzar sino un infinito camino a recorrer"...
Sigo por estos mundos
de dios tirando para adelante y pasando metas volantes,
o mejor dicho premios de la montaña que me gustan más. Finalmente
de mayo a septiembre he subido
catorce puertos por encima de 5.000 metros y otros
26 que superaban los 4.000. He
llegado al campamento base del Everest, he pedaleado
por las faldas del Shisa Pagma (8,16 metros) y he alcanzado el centro
del mundo... El Trono de los Dioses, la montaña sagrada de Kailash
(kang Rimpoche).
Esto último ha sido
lo que más me ha impactado, además ha coincidido con el
año del caballo, el más importante para los tibetanos. He hecho dos
peregrinaciones (koras) alrededor de
la montaña, la segunda en un día. Son unos
56 kilómetros con puerto de
5.600 metros incluido, y no en bici sino a píe por un
caminillo subiendo el puerto gateando entre nieve y hielo. Al igual
que los tibetanos, haciendo
meritos para ganarme algún tipo de cielo. También hice
un kora interior hasta la
pared de la montaña y estuve cerca de unas pagodas con el cuerpo de
Buda, pero me encontré con mucha
nieve y un paredón demasiado vertical.
Acabo de llegar a
Kathamndu y estoy destrozado pero feliz. Para llegar a Kailash
tuve que cruzar el infierno y para salir también. El camino de ida
sobre la bici atravesando en las
últimas dos semanas un desierto de hierbajos
por encima de los 4.600 metros y cruzando ríos, que resultó ser lo
más difícil y peligroso. Para la
vuelta tuve que recurrir a la caja trasera de
un camión en la que no pare
de dar botes entre los bultos, el conductor resultó ser un loco
al volante que hizo que el viaje se
convirtiera en una peligrosa tortura corporal..
Y es que acababa el día como si hubiese corrido veinte maratones.
Al final conseguí
salir entero y sin romperme ninguna costilla. Por eso he cambiado
el lema de "la cabra tira al monte" por "el cabrón..."
porque eso es lo que hice esos
cuatro días en el maldito camión.
Los últimos días
fueron muy duros, después del camión retomé la bici y subí
los dos últimos puertos de 5.000 metros para salir del Tíbet y
cruzar la frontera China.
Ahora comenzaba después de tanto tiempo a bajar... De los cinco
a mil hasta los mil metros. Lo que antes era nieve, ahora era lluvia y
la carretera se convirtió en un
desastroso camino de cabras. Llegué a ir más rápido
que los coches porque cuando
la cosa se complicaba me echaba la bici al hombro y a saltar
por las piedras.
La fotocopia
falsificada del permiso de viaje que llevaba, como salvoconducto,
funciono, aunque en ocasiones no las tenía todas conmigo.
Normalmente el colega
de Hong Kong que pedaleaba junto a mi se lo trabajaba en
los checkpoint, pero ayer el policía de la frontera me hizo sudar
tinta.
Creía que lo descubrían...
Al final me dejaron pasar pero las pasé putas cuando me registraron
a conciencia. No se como el soldado se atrevió a meter mano entre
las alforjas llenas de mierda.
Imaginaos cual sería mi aspecto tras dos meses sin
ducharme, al final ya ni me lavaba ni lavaba la ropa. El colega de
Hong Kong que llevaba una
chaqueta azul clarito parecía un carbonero... Lo cierto es
que no es fácil darse un enjuagón a esas alturas.
Ya os contaré más
en la próxima crónica... Hoy estoy estresado, después de
cinco meses por encima de cuatro mil metros, el ultimo a más de
4.500, aquí me sobra
oxígeno. Hoy iba como un animal y encima después de meses rodando
por asfalto, ya casi lo había olvidado. Por cierto, hace un par de
días me robaron el cuenta
kilómetros de la bici y eso me puso a cien y es que
siempre tienes que ir al loro, en un descuido estos tibetanos de
bajura te levantan hasta los
empastes... Pero en Kailash que buen royo había...
Aquello era otra
historia.
HASTA LA VICTORIA
camaradas...
Juan Antonio
Alegre
jaalegre@tierratragame.es
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