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12 de julio de 2002  

Hernán Cortes en Potala II

Un día, tras pagar, dormí en una tienda con una pareja de tibetanos. Ese día subí un puerto de 5.340 metros y realmente las pase canutas. Acusé la paliza de ese día y la que llevaba en las piernas del día anterior. Antes había subido otro de 4.800 metros y como hacía sol decidí aprovechar y lanzarme a por el cinco mil... Los últimos seis kilómetros tuve que hacerlos andando; a cada poco apoyaba la cabeza en el manillar, en el soporte de la linterna que me robaron un mes atrás y respiraba un rato. Al atardecer alcancé el alto y como pude me lancé para abajo por la pedrera que hacía de camino.

Como comentaba, acabe pidiendo refugio a unos tibetanos. No se portaron mal y volví a disfrutar con la cotidiana vida que llevan estos nómadas. Hace años disfruté con ella, cuando anduve por los orígenes del Río Amarillo. Al atardecer les ayudé a atar los yaks alrededor de la tienda. Estos animales son auténticas fábricas vivientes. De ellos extraen pelo con el que hacen cuerdas, alfombras o la propia tienda. Es un magnífico aislante impermeable.

Recuerdo que por la noche llovió y tuve la sensación de que algo de agua caía dentro, ilusiones, porque por la mañana el saco estaba seco. De los yaks también obtienen leche con la que elaboran yogurt, mantequilla, natillas y similares. Además aprovechan los excrementos del animal, después de secarlos, como fuente de energía. A falta de madera lo usan como combustible para el fuego. Por la mañana recogen frescas las boñigas de la noche, con las manos, y las ponen a secar. Realmente si eres un tipo escrupuloso es mejor no mirar como la mujer amasa el pan mientras aviva el fuego echando más excrementos secos. Al acabar de comer relamen el tazón y así lo dejan bien limpio; a falta de lavavajillas no esta mal la solución. Unos días con estos paisanos te hace recordar que la mitad de los caros aparatos de vida cotidiana utilizados en occidente realmente valen bien poco en otros lugares.

Para acabar, comentaré el encuentro casual con otros dos españoles. Fue justo en un puerto de montaña. Un día al alcanzar el alto paró un autobús con turistas. Se bajaron varios italianos, el día anterior habían perdido con Corea en el Mundial. Luego éstos nos la pegaron cuando nos los teníamos que haber comido con palillos acompañados de arroz... como es bien sabido se atragantaron. Ni arbitro ni hostias, no hay justificación.

Pues bien, como decía, que también bajaron dos personajes que no podían ser de otro lugar más que de la provincia de Cádiz, de Jerez. Tengo noticias de ellos y después de su paso por el Tíbet la han liado en el resto de China.

Creo que voy a colgar la bici por unos días y me dedicaré a patear... Me voy a hacer un trekking por las montañas... viendo monasterios y lo que surja...

Hasta la victoria

Juan Antonio Alegre
jaalegre@tierratragame.es

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