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10 de julio de 2002

Hernán Cortes en Potala

De nuevo en Lhasa... Tengo cambio de planes y en vez de ir a la montaña sagrada de Kailash, y esquivar a la policía, he preferido recorrer carreteras secundarias en busca de puertos de 5.000 metros. Por supuesto, en el camino también he podido ver otros lugares interesantes, templos, monasterios o lagos sagrados. Ahora viajo solo pues David a tirado para Nepal. De nuevo escapado en solitario o descolgado del pelotón, según se mire.

Bien, me he santiguado con las aguas de dos de los cuatro lagos sagrados del Tíbet. El Yuzho Yumco y el Namco. El primero a 4.500 metros y el segundo a 4.720 metros. Parece que este último lago es el más alto del mundo según un folleto publicitario, con una superficie de 1.920 kilómetros cuadrados. Los tibetanos suelen hacer el recorrido alrededor (Kora) pero prefiero dejárselo a los fervorosos religiosos, yo me conformo con tocar sus aguas.

De entre los templos vistos debo destacar el de Gyangze. Disfruté con su visita y además me ahorre el ticket. El dinero va al gobierno y a los monjes, por supuesto. Los templos que hay en el Tíbet están porque los chinos los controlan y los permiten. Además los turísticos son una fuente de ingresos. Pues bien, en la entrada coincidí con un grupo de unos cuarenta mexicanos. Llevaban un guía lama, también mexicano. Debían ser budistas o estudiosos de esta religión. Me dijeron que me pegara a ellos y me podría ahorrar el ticket, y así hice. Luego el lama fue explicando las distintas salas. Sorprendente la biblioteca, donde se pudren las escrituras porque los chinos no dejan a los monjes tocarlas. Algunas escritas incluso en relieve de oro.

En la visita vimos varias fotos del actual Pachen Lama, un niño, por supuesto el respaldado por el Gobierno de Beijing. Le apodaron "Pokemon" porque consideraran que no es el auténtico. El respaldado por el Dalai Lama está fuera del país.

En resumen, que me lo pasé muy bien con los aztecas o mayas y debo de reconocer que no les confesé que el que puso el billete con la cara de Hernán Cortes en una de las vitrinas del Palacio de Potala fui yo. Eso fue en el 98, porque este año en la visita a la antigua residencia del Dalai Lama lo que dejé en la misma vitrina, donde aun estaba el billete anterior, fue una moneda de 50 céntimos de euro de otro personaje: Cervantes. También dejé en la entrada unas 1.500 ptas, me refiero al ticket; en 1998 fueron 800 ptas. No se andan por las ramas como veis.

Después de Gyangze estuve en Xigaze. Donde se encuentra la residencia oficial del segundo en la jerarquía de los lamas: el Pachen Lama. Además coincidió con un festival y su asistencia. Estaba allí para dar bendiciones aunque pasa más tiempo en Pekin (Beijing) que en Tíbet. Intenté verle en persona pero las 1.100 ptas (en euros lo calculáis vosotros) del ticket me echaron para atrás. Intenté colarme como si fuera tibetano pero no "coló".

Los monjes de la puerta o policías vestidos de lama me pararon y prestaron a pagar. Ahí les deje...

Bueno y entre lagos, monasterios y lamas también han caído cuatro puertos por encima de 5.000 metros. De cuatro mil ya ni hablamos; varios días he llaneado sobre los 4.500 metros y si la carretera se empinaba por kilómetros acababa coronando otro puerto "de altura". El tema parece más fácil que el mes anterior en el este del Tíbet; donde se cruzaban cadenas montañosas y acababas cayendo en el abismo por donde pasaba el río MeKong,

Nu o Yangze o cualquier otro. Visto así parece más fácil, pero si cuento que estamos en la época de lluvia y a esa altitud, en el plateó tibetano, lo que cae es más granizo que agua, no resulta tan fácil. He visto granizadas que dejan a la vivida hace años, en el desierto de los Monegros (Zaragoza), en el trayecto Macao-Lisboa, a la altura de un granizado de limón. Además al ser carreteras secundarias los chinos "han" escaseaban.

Ellos son los que le levantan los restaurantes y hostales, por cutres que sean. Y son más educados que los tibetanos. Hace años éstos prohibían a los extranjeros entrar en su país; ahora es la policía china. Peor esta claro, pero si no fuese por los "han" viajar por aquí no seria fácil.

Los paisanos del lugar son "salvajes" y no ayudan mucho. Son unos toca pelotas (y no de fútbol). Siempre pidiendo dinero o lo que sea. Aunque te vean en penosas condiciones y con tiempo amenazante no te invitarán a su tienda; te pedirán una contraprestación económica primero. Los niños corren al verte; los menos alejándose despavoridos de ti como si hubiesen visto al diablo; y los más hacia ti para pedir. Los perros también corren hacia ti ladrando amenazantes mientras babean. Más que perros parecen leones por los pelos largos y las grandes bocas; estamos hablando del dogo tibetano, claro.

Los dueños sonríen mientras uno suda tinta china. He acabado algo harto de los paisanos, en otros sitios fueron más amables, casi diría que no son "trigo limpio" por mucha cebada de la montaña (tsampa) que coman...

Continuara...

Hasta la victoria

Juan Antonio Alegre
jaalegre@tierratragame.es

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