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17 de marzo de
2002
Camboya: El mejor público
Arranco esta crónica
desde Viantiane, la capital de Laos...
Después de un par de
semanas por la República Democrática de Laos me doy cuenta de que la
gente de Camboya ha sido el mejor público que jamás he tenido.
Aunque ya no me pagan (estuve trabajando en Cádiz como animador de
tiempo libre) me gusta seguir haciendo el ganso y que la gente sonría
a mi alrededor. Antes en el hotel de Cádiz mi categoría laboral era
la de animador y mi trabajo hacer que la gente se lo pasara bien.
En Camboya intenté
divertirme y los Jemer (camboyanos) me seguían el cachondeo... Les
gusta la "marcha"... En todas partes la música a todo
volumen; los refrescos y té con inmensos bloques de hielo; siempre
intentando sacarte el máximo dinero; pisando el acelerador del coche
por infernales carreteras y cruzando a toda velocidad puentes hechos
con cuatro troncos... Puentes donde uno debería tener cuidado pero
quizá porque saben que en cualquier momento se pueden derrumbar
intentan estar sobre él el mínimo tiempo posible... No es mala idea
del todo.
Un día en la selva
salieron cuatro niños a nuestro encuentro, algo sucios y mal
vestidos, y me pidieron "one dólar"; yo empecé a bailar
tipo aeróbic y ellos sonriendo me imitaron. No lo hacían muy bien
porque no eran muy ágiles pero estaban disfrutando de lo lindo.
Después de un rato siguieron camino, se dirigían al bosque de nuevo
intentando repetir mis movimientos y cada diez metros se daban la
vuelta con una sonrisa en la cara despidiéndose con la mano. Se
olvidaron de que este jodido extranjero no les dio dinero y quizá en
su pueblo sigan contorsionándose. Mi amigo Curro sabe de lo que hablo
porque el me reconoció oficialmente como el creador de "aerorobot",
una gimnasia para "troncones".
Otro día llegamos a
Skun, una localidad que ya conocía de mi anterior viaje. En ella se
venden grandes arañas fritas. Hace un año llegué con un australiano
y allí compró una para grabarla de cerca con su cámara, él no se
la quería comer y yo para probarla me la metí para dentro... Este
año le conté a David el tema para ver si grabábamos algo
interesante... Nos salió bordado pues una mujer se acercó con una
bandeja, la hicimos la compra y encima nos enseñó un saco donde las
tenía vivas. Como la seguíamos el juego y el cachondeo saco una
inmensa que se la puso a David en la pierna... Más que araña era una
tarántula gigante.
Finalmente el viaje
por la jungla en busca del capitán Kurtz se suspendió. Se nos
acababa la validez del visado. La ruta nos podría llevar varias
jornadas, además un día nos equivocamos de camino y fue pedaleo en
balde. Cogimos el camino a lo largo del río Mekong, también muy
bonito, pero por un infernal camino de cabras. Llegamos a Laos y de
despedida los aduaneros de Camboya no la dieron con vaselina... La
frontera por donde cruzamos no es oficial, solo para locales, y
necesitábamos un permiso de salida. Un simple papelajo que nos costó
15 dólares a cada uno. Seguramente antes sería gratis pero la
policía provincial se ha dado cuenta del negocio e intenta sablearte
al máximo. El dinero llegó limpio al bolsillo del policía
engominado que nos atendió en su nueva oficina con aire acondicionado
(todo un lujo por aquí). En el lado laosiano fue distinto porque el
oficial nos pidió entre timidez y vergüenza cinco dólares. Ante
nuestra insistencia nos dejó entrar gratis. Posiblemente nos debía
haber pagado él a nosotros porque no sabía ni la fecha a poner en el
sello de entrada, ni por cuantos días podíamos estar en su país...
En Laos todo resultó
más tranquilo; en los restaurantes te sirven con parsimonia y
curiosamente a la hora de cobrar también... Por eso es más rápido
que hagas tu la cuenta ya que a veces no se acuerdan ni de lo que has
tomado.
Hemos disfrutado por
el sur, en una zona llamada "Las cuatro mil islas". Por
supuesto todas en el río Mekong. También hemos pedaleado por la
selva vadeando ríos. Me acordaba de los pobres americanos que en la
guerra contra Vietnam les toco meterse por este terreno. En cuanto te
sales del camino metes los pies en un mundo desconocido. Empezando por
una maraña vegetal y acabando entre insectos, reptiles... Cuando
pisas en los barrizales tampoco andas muy seguro por infinidad de
razones, que nunca terminas de ver. Los ruidos son otro aspecto a no
olvidar, las chicharras a veces producen un sonido tan estridente que
puede volver loco a cualquiera, son miles y miles aunque no las veas.
Teníamos la idea de
entrar en Vietnam pero los cincuenta que cuesta el visado nos ha
echado para a tras, así que cruzaremos todo Laos para llegar a China.
Entre tanto os mando
la próxima crónica, seguiré preguntando por aquí por la curiosa
historia de Roldán, no la de mi colega Aurerio sino la del ex jefe de
la Benemérita...
Un saludo y "Hasta la Victoria"...
Juan Antonio
Alegre
jaalegre@tierratragame.es
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