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25 de febrero de
2002
Camboya. "Tapando agujeros un año
después"
Aquí va la
segunda parte de un reportaje sobre Camboya, la anterior tuve la
oportunidad de escribirla hace ya un año, cuando atravesé el país
conteniendo la respiración cada vez que me cruzaba con alguno de los
muchos carteles que avisan: "Peligro Minas" (ver crónicas
en esta misma sección, "Algo que declarar", del 26-02-01
y 11-03-01).
Prácticamente un
año después vuelvo a dejarme caer por Bangkok y junto a David
Bermejo ponemos rumbo a la frontera con Camboya. Ahora ya sé lo que
nos espera y se lo cuento a mi compañero de viaje para que vaya
preparando carretes de fotos... Creo que no lo paso nada mal en medio
de este caos de niños, carretas de madera, camiones y mercancías
rodantes, mientras nos envolvía una nube de polvo que levanta el
movimiento de todos estos elementos sobre una superficie no
pavimentada. Desde luego, las imágenes para el recuerdo no sobraban.
El 12 de febrero
comenzó el año del caballo, se acabó el de la serpiente. Si alguno
todavía reptaba, ya no más Santo Tomas... Tampoco hay que agobiarse
porque al trote cochinero se llega a todos sitios nos repetimos David
y yo.
Ya en tierra,
según van pasando los kilómetros me doy cuenta que el tiempo no ha
pasado en balde para los camboyanos. La ruta esta en mejor estado; los
kilómetros de asfalto más o menos siguen siendo los mismos, aunque
picados; pero en los de tierra los agujeros han sido tapados y en los
puentes ya no hace falta hacer malabarismos para cruzarlos. Recuerdo
que antes debías enfilar en equilibrio las ruedas de la bici por los
tablones de madera, ahora aquellos puentes están totalmente cubiertos
de planchas de hierro.
Otra sorpresa es
ver circular autobuses, cosa que no sucedía hace un año, y es que ya
es posible ir desde Bangkok a Siem Reao, al lado de los templos de
Angkor, en un solo día y en un cómodo vehículo. No como antes que
en la frontera uno tenía que saltar a la parte trasera de un pick up
y sentarse donde podía. Esta claro que después de una hora de camino
uno terminaba con los huesos molidos de tanto salto y con los pulmones
y la nariz atascados de tanto polvo.
Parece que este
país está levantando el vuelo... Ha empezado por rellenar los baches
de la carretera, para así ir tapando los agujeros históricos
abiertos a lo largo de los últimos años... Esperemos que no sean
agujeros negros sin fondo.
En Siem reap las
cosas también han cambiado algo... Los hoteles de lujo crecen como la
mala hierba a la sombra de los ya turísticos Templos de Angkor. Como
consecuencia, los paisanos comienzan a ver al turista como un
"dólar andante". Las medidas de seguridad para acceder a
los templos han sido ampliamente desarrolladas y es difícil colarse
sin pagar los 20 dólares del ticket.
Está entrando
mucho dinero gracias al incipiente turismo y quizá este no sea el
mejor camino: Algunos nativos se vuelven usureros; muchos turistas
derrochan dólares sin darse cuenta lo mucho que cuesta ganarse la
vida por estas tierras, mientras que otros llegan con actitudes de
supremacía y arrogancia. No obstante es un fenómeno que se está
generalizando en los países pobres del sudeste asiático, y cuyas
consecuencias en ocasiones generan más explotación de la población
local.
En Seam Reap
decidimos cambiar el medio de transporte para conocer el lado
acuático del país. Así nos podremos recuperar algo de tanto pedaleo
por carreteras polvorientas. Y es que David anda fastidiado de la
garganta y mi estomago tampoco está en las mejores condiciones...
Pero tiramos "palante", no hay tregua.
Ayer leí en el
Bangkok Post que un comando de operaciones especiales inglés había
tomado, en unas maniobras, la playa de La Línea (Cádiz) pensando que
estaban en territorio británico (Gibraltar), pues bien, nosotros nos
vamos en busca del coronekl Kurk, el de Apocalipsis Now, que según la
peli estaba en medio de la jungla en Camboya, cerca de Vietnam... Si
lo encontramos nos forramos.
Superadas las multiafecciones llegamos a Pnom Penh, la capital de
Camboya, después de dormir cuatro días en un barco mercante. Bajamos
por el lago y luego por un canal. Un recorrido que los turistas
normales hacen en seis horas y para el que nosotros empleamos cuatro
idas. Todo un viaje para flipar pues conseguimos regresar a los
tiempos de la navegación vikinga.
Colón al menos
llevaba más instrumental. El capitán del barco mercante en el que
nos habíamos embarcado no llevaba ni siquiera brújula... Se guiaba
por lo que veía y cuando dudaba preguntaba a los pescadores.
Conseguir salir por el canal adecuado fue toda una película de
"terror". Además en esta época (seca) el lago es menor y
tiene menos profundidad...
Cuando la cosa se complicaba se servía de una vara para medir la
profundidad, a pesar de lo cual a veces tocamos fondo... Todo un
trago, porque constantemente existía el riesgo de encallar y no
quiero ni pensar cual hubiese sido la solución para salir de allí.
Por hoy no os voy
a dar "la brasa" con más historias, las dejaré para la
próxima crónica....
Un saludo postcarnavalero y "Hasta la Victoria"...
Juan Antonio
Alegre
jaalegre@tierratragame.es
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