Nueva crónica por
entregas de nuestro buen amigo Juan Antonio Alegre, que una vez más
nos la hace llegar mediante el clásico, pero efectivo, buzón de
correos pues, comenta, "no es fácil encontrar la posibilidad de
mandar un correo electrónico en lugares donde ni siquiera existen los
enchufes..."
Fracaso en el
Tíbet... pero nada es casual
Bueno, si
recibisteis mi anterior carta sabréis de mi intención de llegar a
Lhasa desde Kunning. Pues bien, la cosa se complicó y por si los
controles de la policía china no eran suficiente obstáculo, además,
el clima no nos acompañó, y contra éste no hay quien se esconda. Si
bien esperábamos frío, las fuertes nevadas a partir de los 3.200
metros no presagiaban nada alentador... Por delante, puertos que
superan los 4.000 metros cerrados al tráfico y, por detrás, la
policía de fronteras. Hacíamos bromas entre nosotros diciendo que,
al final, en lugar de esquivarlos o cruzar frente a ellos de noche
saldríamos a su encuentro, les pediríamos asilo y pagaríamos la
multa aunque solo fuera por dormir bajo techo.
Finalmente nos
batimos en retirada; no podíamos esperar, los días del visado se
agotaban y el dinero era limitado. Seguíamos bromeando pero dábamos
marcha atrás con un amargo sabor de boca. Más que por mí lo sentía
sobre todo por mi compañero, pues yo había conseguido cruzar a Lhasa
hacía dos años por otra ruta. El brasileño había invertido mucho
más tiempo y dinero que yo en recopilar información sobre la
travesía, los controles de policía y los diferentes condicionantes
del recorrido. Además, éste era su segundo intento. Hace un año lo
intento pero tuvo que renunciar por problemas con una rodilla.
Realmente, él sí que estaba dolido y desilusionado. Es un tipo de 34
años que lleva dos años viajando en bici.
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También lo sentí
por los conocidos de la comunidad de extranjeros de Kunning, ya que
siempre confiaron en que alcanzaríamos Lhasa y conseguiríamos así
desafiar las incompresibles leyes chinas. Curiosamente, en la última
ciudad que alcanzamos, Zhongdian, coincidimos en el hotel con un grupo
de estudiantes americanos, les caímos bien y nos invitaron a unas
cervezas al saber de nuestras intenciones. En fin, aquel intento ya es
historia y si todo tiene su razón de ser, quizá ese no era el
momento de alcanzar Lhasa...
Un mes después
vuelvo a estar en Zhongdian. He estado unas semanas explorando algunos
valles y pedaleando a lo largo de un río fronterizo a Burma
(Birmania). Muy interesante la gente y preciosos paisajes. Escenas de
mujeres cruzando el río en tirolina (suspendidas de un cable) o de
niños cazando pájaros con ballesta, por ejemplo, me convertían
constantemente en curioso espectador. En esta zona es palpable que la
influencia china es escasa y el motivo es que la carretera,
entiéndase camino de tierra y baches, impide una buena comunicación.
Después de estos
días a la deriva, decido volver a subir a las proximidades del
Tíbet. Unos cuantos días de sol y la compañía de un alemán que me
anima a poner rumbo a las montañas tibetanas, que realmente es donde
está "la salsa". Hemos cruzado una garganta del río
Yangze, realmente impresionante. Hasta hace poco tan solo se podía
cruzar caminando por senderos, pero la administración china, en su
empeño por llegar a todos los sitios, en busca de quien sabe qué, ha
rajado una montaña al lado del río de tal manera que ruedas
encajonado entre dos cadenas montañosas que alcanzan los 5.000metros.
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...Retomo esta
carta de nuevo desde el Tíbet. Los últimos días, pedaleando y
caminando en un barrizal, fueron duros pero al final tuvieron su
recompensa. Anteayer encontramos un hotel chino a todo lujo al lado de
unas aguas termales. El lugar está preparado para tomar baños y
saunas pero nuestro presupuesto no lo estaba para tal fin. Así que
fuimos a pasear por los alrededores y descubrimos varios pozos donde
fluía agua caliente a borbotones. En un principio me parecieron
sucios por su olor, debido a las algas y a los sulfatos, pero una vez
me decidí a meterme comprendí que este baño no podría ofrecerlo ni
la mejor sauna de Madrid Las calientes burbujas me recomponían el
cuerpo a 3.000 metros de altitud, mientras, disfrutaba de una extensa
llanura verde con yaks pastando, por debajo del
horizonte que rompían a lo lejos las montañas nevadas.
En estos días
estoy replanteándome que dirección tomar pues, por experiencia, para
llegar a Lhasa tienes que jugártela y asumir las posibles multas y el
dolor de cabeza debido a los interrogatorios de la policía, de los
que ya tuve mi propia experiencia en 1998. Además, el clima es otro
factor a tener en cuenta. No sé que haremos... además tengo que ir
buscando un lugar para conseguir un nuevo pasaporte y creo que Hong
Kong es un buen lugar.
Mi nuevo
compañero, el alemán, es todo un "inspector Gachet", un
manitas. Se ha comprado una bici en China y se ha preparado un
portaequipajes artesano de lo más curioso. A mí me ha fabricado una
tienda de campaña con un mantel de plástico, unos sacos y unas varas
de bambú. Para la sierra de Madrid en verano puede pasar pero para
estas montañas es un poco de risa. Aunque para risa, aquel día que
atravesamos un largo barrizal empujando la bici y a él no le quedó
más remedio que patear el barro en chanclas durante varios
kilómetros. Tiene 32 años y posee un peculiar sentido del humor; a
veces no sabes si va en serio o te está vacilando. Y a mí como me va
la marcha le sigo la corriente. La curiosa pareja que formamos a veces
me recuerda a la de la película "Dos tontos muy tontos".
Supongo que si
viérais mi bici también os echaríais una buena carcajada. Está
comprada en Laos, imagináos; como las de Alcampo o las más baratas
que usa la gente para ir el domingo a por el pan o para dar una vuelta
por el parque.. Pero la tengo mucho cariño porque esta aguantando lo
increíble. Las palizas por caminos empedrados han sido muchas y solo
he tenido que reparar un par de cosillas. Además, ahora sí que tiene
buena pinta; la he colocado unas latas por detrás a modo de
portaequipajes, en plan alforjas. Parece mentira pero China, el país
de las bicicletas, apenas vende accesorios para viajar. Quizá porque
ellos la usan tan solo como medio de transporte en distancias cortas;
para ir al trabajo; al colegio; de visita... y el que la usa como
vehículo de carga se la prepara por sí mismo.
Sigo dándole
vueltas, pero creo que al final llegaré a Hong Kong. Necesito un
nuevo pasaporte y, porque no, quizá este sea un buen lugar para volar
a Australia. Allí me puedo reunir con David Bermejo, un madrileño
que se plantó en Bangkok con su bici, y con Roberto, el brasileño
con el que viaje hace unas semanas... o meses (como pasa el tiempo).
Todos teníamos la misma idea de viaje: trabajar en lo que fuera
saliendo y ganar algo de dinero: "la gasolina para nuestro
vehículo".
Me siento raro
contando mis historietas porque al fin y al cabo en estos momentos es
mi forma de vida, no la aventura de un fin de semana o de unas
vacaciones. Tampoco es el desafío de subir una montaña o cubrir una
distancia en bici, corriendo o en patines... Además, no se si a la
gente le pueden interesar mis vivencias, pero a mi me no me gusta
perder el contacto con la buena gente, aunque luego no nos bebamos ni
una cerveza juntos.
Juan Antonio
Alegre
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