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Mensajes cortos de nuestros lectores con noticias, recomendaciones, en busca de compañeros de viaje, proyectos, etc

6 de junio de 2000

DIARIO DE UN EXPERTO EN FUGAS

Nueva crónica por entregas de nuestro buen amigo Juan Antonio Alegre, que una vez más nos la hace llegar mediante el clásico, pero efectivo, buzón de correos pues, comenta, "no es fácil encontrar la posibilidad de mandar un correo electrónico en lugares donde ni siquiera existen los enchufes..."

Fracaso en el Tíbet... pero nada es casual

© Juan Antonio Alegre

Bueno, si recibisteis mi anterior carta sabréis de mi intención de llegar a Lhasa desde Kunning. Pues bien, la cosa se complicó y por si los controles de la policía china no eran suficiente obstáculo, además, el clima no nos acompañó, y contra éste no hay quien se esconda. Si bien esperábamos frío, las fuertes nevadas a partir de los 3.200 metros no presagiaban nada alentador... Por delante, puertos que superan los 4.000 metros cerrados al tráfico y, por detrás, la policía de fronteras. Hacíamos bromas entre nosotros diciendo que, al final, en lugar de esquivarlos o cruzar frente a ellos de noche saldríamos a su encuentro, les pediríamos asilo y pagaríamos la multa aunque solo fuera por dormir bajo techo.

Finalmente nos batimos en retirada; no podíamos esperar, los días del visado se agotaban y el dinero era limitado. Seguíamos bromeando pero dábamos marcha atrás con un amargo sabor de boca. Más que por mí lo sentía sobre todo por mi compañero, pues yo había conseguido cruzar a Lhasa hacía dos años por otra ruta. El brasileño había invertido mucho más tiempo y dinero que yo en recopilar información sobre la travesía, los controles de policía y los diferentes condicionantes del recorrido. Además, éste era su segundo intento. Hace un año lo intento pero tuvo que renunciar por problemas con una rodilla. Realmente, él sí que estaba dolido y desilusionado. Es un tipo de 34 años que lleva dos años viajando en bici.

© Juan Antonio Alegre

También lo sentí por los conocidos de la comunidad de extranjeros de Kunning, ya que siempre confiaron en que alcanzaríamos Lhasa y conseguiríamos así desafiar las incompresibles leyes chinas. Curiosamente, en la última ciudad que alcanzamos, Zhongdian, coincidimos en el hotel con un grupo de estudiantes americanos, les caímos bien y nos invitaron a unas cervezas al saber de nuestras intenciones. En fin, aquel intento ya es historia y si todo tiene su razón de ser, quizá ese no era el momento de alcanzar Lhasa...

Un mes después vuelvo a estar en Zhongdian. He estado unas semanas explorando algunos valles y pedaleando a lo largo de un río fronterizo a Burma (Birmania). Muy interesante la gente y preciosos paisajes. Escenas de mujeres cruzando el río en tirolina (suspendidas de un cable) o de niños cazando pájaros con ballesta, por ejemplo, me convertían constantemente en curioso espectador. En esta zona es palpable que la influencia china es escasa y el motivo es que la carretera, entiéndase camino de tierra y baches, impide una buena comunicación.

Después de estos días a la deriva, decido volver a subir a las proximidades del Tíbet. Unos cuantos días de sol y la compañía de un alemán que me anima a poner rumbo a las montañas tibetanas, que realmente es donde está "la salsa". Hemos cruzado una garganta del río Yangze, realmente impresionante. Hasta hace poco tan solo se podía cruzar caminando por senderos, pero la administración china, en su empeño por llegar a todos los sitios, en busca de quien sabe qué, ha rajado una montaña al lado del río de tal manera que ruedas encajonado entre dos cadenas montañosas que alcanzan los 5.000metros.

© Juan Antonio Alegre

...Retomo esta carta de nuevo desde el Tíbet. Los últimos días, pedaleando y caminando en un barrizal, fueron duros pero al final tuvieron su recompensa. Anteayer encontramos un hotel chino a todo lujo al lado de unas aguas termales. El lugar está preparado para tomar baños y saunas pero nuestro presupuesto no lo estaba para tal fin. Así que fuimos a pasear por los alrededores y descubrimos varios pozos donde fluía agua caliente a borbotones. En un principio me parecieron sucios por su olor, debido a las algas y a los sulfatos, pero una vez me decidí a meterme comprendí que este baño no podría ofrecerlo ni la mejor sauna de Madrid Las calientes burbujas me recomponían el cuerpo a 3.000 metros de altitud, mientras, disfrutaba de una extensa llanura verde con yaks pastando, por debajo del horizonte que rompían a lo lejos las montañas nevadas.

En estos días estoy replanteándome que dirección tomar pues, por experiencia, para llegar a Lhasa tienes que jugártela y asumir las posibles multas y el dolor de cabeza debido a los interrogatorios de la policía, de los que ya tuve mi propia experiencia en 1998. Además, el clima es otro factor a tener en cuenta. No sé que haremos... además tengo que ir buscando un lugar para conseguir un nuevo pasaporte y creo que Hong Kong es un buen lugar.

Mi nuevo compañero, el alemán, es todo un "inspector Gachet", un manitas. Se ha comprado una bici en China y se ha preparado un portaequipajes artesano de lo más curioso. A mí me ha fabricado una tienda de campaña con un mantel de plástico, unos sacos y unas varas de bambú. Para la sierra de Madrid en verano puede pasar pero para estas montañas es un poco de risa. Aunque para risa, aquel día que atravesamos un largo barrizal empujando la bici y a él no le quedó más remedio que patear el barro en chanclas durante varios kilómetros. Tiene 32 años y posee un peculiar sentido del humor; a veces no sabes si va en serio o te está vacilando. Y a mí como me va la marcha le sigo la corriente. La curiosa pareja que formamos a veces me recuerda a la de la película "Dos tontos muy tontos".

Supongo que si viérais mi bici también os echaríais una buena carcajada. Está comprada en Laos, imagináos; como las de Alcampo o las más baratas que usa la gente para ir el domingo a por el pan o para dar una vuelta por el parque.. Pero la tengo mucho cariño porque esta aguantando lo increíble. Las palizas por caminos empedrados han sido muchas y solo he tenido que reparar un par de cosillas. Además, ahora sí que tiene buena pinta; la he colocado unas latas por detrás a modo de portaequipajes, en plan alforjas. Parece mentira pero China, el país de las bicicletas, apenas vende accesorios para viajar. Quizá porque ellos la usan tan solo como medio de transporte en distancias cortas; para ir al trabajo; al colegio; de visita... y el que la usa como vehículo de carga se la prepara por sí mismo.

Sigo dándole vueltas, pero creo que al final llegaré a Hong Kong. Necesito un nuevo pasaporte y, porque no, quizá este sea un buen lugar para volar a Australia. Allí me puedo reunir con David Bermejo, un madrileño que se plantó en Bangkok con su bici, y con Roberto, el brasileño con el que viaje hace unas semanas... o meses (como pasa el tiempo). Todos teníamos la misma idea de viaje: trabajar en lo que fuera saliendo y ganar algo de dinero: "la gasolina para nuestro vehículo".

Me siento raro contando mis historietas porque al fin y al cabo en estos momentos es mi forma de vida, no la aventura de un fin de semana o de unas vacaciones. Tampoco es el desafío de subir una montaña o cubrir una distancia en bici, corriendo o en patines... Además, no se si a la gente le pueden interesar mis vivencias, pero a mi me no me gusta perder el contacto con la buena gente, aunque luego no nos bebamos ni una cerveza juntos. 

Juan Antonio Alegre

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