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5 de mayo de 2000

DIARIO DE UN EXPERTO EN FUGAS

Al fin... Tras tres meses de espera, Juan Antonio Alegre nos envía su primer correo, eso sí, postal, pues por donde para actualmente "no es fácil mandar un e-mail", comenta. En su carta, fechada el 27 de marzo de 2000 -ha tardado en llegarnos un mes- escribe que tras su paso por Tailandia y Laos ha cambiado sus planes.

© Juan Antonio Alegre

Según nos cuenta: está "en Kunming (provincia de Yunnan), en el lado chino de la frontera con Laos, y he conocido a un brasileño que desde aquí quiere llegar a Lhasa en bici... La cosa no es fácil pues estamos a finales del invierno y la nieve y los desprendimientos de tierra pueden complicar mucho el avance, además, por si fuera poco, es una ruta prohibida a los extranjeros y existen varios puestos de control... Conozco la mitad de la ruta pues en el 98 fue el camino que, en sentido contrario, tomé para llegar también a Lhasa y fue un infierno... Quizá por esa razón el desafío del brasileño me ha convencido y me voy con él. Por cierto, me compré una bici en Vientiane (Laos) por 90 dólares que va como la seda...".

A continuación os reseñamos la crónica de su diario de viaje, que Juan Antonio nos ha enviado en esta primera entrega, a la espera de más noticias suyas... Y como siempre, por si tienes oportunidad de entrar en Internet, desde TierraTrágame.com ¡te deamos la mejor de las suertes!

© Juan Antonio Alegre

Empezar el viaje en Tailandia fue una buena idea, las facilidades turísticas (información en estaciones de trenes y autobuses o innumerables hoteles) ayudaron a irme soltando poco a poco, además me dada la posibilidad de elegir una amplia gama de precios, desde el lujo (lejos de mi presupuesto) a los escasos dos dólares por una cama.

A pesar de estar ya inmerso en una constante ola de turistas, siempre es fácil encontrar lugares interesantes para visitar en Tailandia, empezando por su capital Bangkok, auténtico compendio de contrastes. Desde el caótico trafico, los rascacielos y las modernas zonas comerciales compartiendo espacio con sus mercados flotantes, pagodas y el majestuoso Palacio Real. Incluso las chicas con minifalda son también parte ese contraste frente a los monjes budistas de cabeza rapada y togas naranja.

© Juan Antonio Alegre

Aunque como es abiertamente conocido, la principal atracción de Bangkok para muchos visitantes extranjeros es el sexo. Ahí está el barrio de Patpong con sus innumerables formas de prostitución. En estas calles es donde, además de un mercado nocturno, se concentra la mayor oferta inimaginable de go-go bares, clubs de alterne y de sexo a la carta… Entre los shows más destacables cabe citar como una bailarina fuma tres cigarrillos a la vez con la vagina, para después quitar la chapa de una botella de coca-cola y terminar el espectáculo lanzando dardos con una cerbatana o tocando la trompeta, por supuesto siempre utilizando su aparato genital.

© Juan Antonio Alegre

Pero quizá lo que más me sorprendió fue ver como otra bailarina se sacaba una hilera de cuchillas de ese mismo lugar… Me acorde entonces de las historias de mujeres vietnamitas que, durante la última guerra, se introducían cuchillas en la vagina para herir a los soldados americanos cuando intentaban violarlas. La zona es de sorprendente atracción turística y roza sin pudor lo circense. El negocio debe ser muy rentable pues han abierto un Patpong II y un tercero para homosexuales y travestidos. Desde luego, lo más patético son las redes que explotan a niños y niñas aparentemente sin miedo a las autoridades, y por supuesto la clientela que lo promueve…

Tras una semana en la capital puse rumbo al Norte, hacia las montañas, descartando a las turísticas playas e islas del Sur. Visite la zona fronteriza con Miamar (Birmania) y la confluencia de los ríos Mekong y Sai, que es el territorio conocido como Triángulo de Oro, donde se recolecta y comercia con el opio, si bien parece que este mercado actualmente ha bajado bastante. De todas las lenguas y lugares que visito me gusta sacar un buen término y su significado, y en este he acuñado la palabra "sanuk". Su significado es "gracia" y esto es algo que a la gente le gusta poner en todos los aspectos de su vida, incluso en el trabajo. Realmente lo he visto reflejado en muchos aspectos; en sus festivales; funerales; mercados nocturnos…, ciertamente a los tailandeses nunca les falta una sonrisa y disposición para encarar las 24 horas del día.

© Juan Antonio Alegre

Cruzando el Puente de la Amistad que enlaza la orilla tailandesa del Río Mekong con la de Laos he llegado a Vientiane, su capital. Tras una primera toma de contacto, dando una vuelta por sus calles, te das cuenta del precario estado político y económico de esta república. Los mejores edificios son los de los hoteles de lujo, embajadas u organismos internacionales, eso si rodeados de calles polvorientas y mal asfaltadas. El Palacio Presidencial parece abandonado a su suerte, prácticamente sin guardias, y es que al igual que en todo el país no se nota presencia de soldados o policía. Como si el estado no ejerciera un claro protagonismo, las cosas funcionan por si solas o simplemente no funcionan…

© Juan Antonio Alegre

Tras un par de horas en mi hotel me cercioro de que uno de los principales atractivos de Laos es el "material" para fumar. No hay control policial y aunque la Oficina de Turismo trata de persuadir de su consumo con carteles alusivos, su finalidad es nula. Fumadores locales de opio ven como cada vez más extranjeros llegan al país a comprar su producto o van a sus pueblos a fumarlo en la pipa que ellos mismos les preparan. Y es que este comercio es una importante fuente de ingresos para las tribus de las montañas, a las que resulta interesante hacer una visita independientemente del motivo de este comercio.

Bueno, cada loco con su tema, unos "colgados" del opio y yo que me compro una bici en Vientiane. Ya lo intenté en Tailandia pero eran muy caras o muy baratas por malas; desde luego lo suyo son las motos. En Laos, más pobres y con gran influencia de China no tuve ese problema, y la bici que compré creo que fue una buena elección… Si bien es muy básica, será más fácil encontrar repuestos y posiblemente menos piezas se quedarán por el camino.

© Juan Antonio Alegre

Quizá no fue este el mejor lugar para empezar a pedalear pues la entrada a China por el norte es totalmente montañosa; un constante sube y baja por penosas carreteras, mejor dicho por caminos de piedra y tierra. De todas formas mereció la pena porque durante algunos días conseguí salir de la rutina de los lugares turísticos, ya que por aquí debido a la escasa población laosiana hay veces que los extranjeros parecemos mayoría…

Sin nada que me deslumbre especialmente estoy inmerso en una parsimonia total, los días van pasando entre visitas a templos (destacables los de Luang Prabang), los atardeceres en el escenario kárstico de Vang Vieng o las animadas orillas del Río Mekong. A mi paso la gente con su calma y respeto también contribuyen, únicamente los niños cuando cruzó los pueblecitos rompen esa monotonía con sus efusivos saludos. Los mayores nunca se dirigen a ti, son reservados, pero si necesitas algo ponen todo de su parte para ayudarte. Siempre soy yo el que tiene que romper el hielo, es fácil de entender que miren con recelo al extranjero pues los que han pasado por aquí no dejaron buen recuerdo; los intensivos e indiscriminados bombardeos americanos, durante la guerra de Vietnam, que arrasadon el país son un claro ejemplo.

© Juan Antonio Alegre

Dicen que ahora Laos se ha convertido en el objetivo económico de sus vecinos China, Tailandia y Vietnam. Creo que no lo tienen fácil y es que los únicos productos laosianos que recuerdo son Lao Beer (cerveza), Lao Lao (Whisky de arroz), su café que ya exportan mayoritariamente a Francia y el opio o similares…

Una vez al otro lado de la frontera, en Kunming, capital de la provincia Yunnan (China) he conocido a un ciclista brasileño que quiere llegar al Tíbet. La ruta es difícil y arriesgada… lo suficiente como para hacerme cambiar completamente de planes. Creo que me voy a ir con él…

Seguiremos en contacto…

Juan Antonio Alegre
Kunming, 27 de marzo de 2000

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